De las horas sin sol


Nocturno

Y este insano deseo de escapar

con una daga anclada en las costillas,

y este rumor vacío de calaveras a contraluz

que me invade mientras la noche afila mis heridas,

cuando cerrar los ojos ha de ser un viaje

a las llanuras huérfanas de tiempo

donde un día vivimos, dimos la mano al sol,

respiramos con los pulmones de par en par,

soñamos.

A las doce, la carroza imposible

volverá a transformarse en una calabaza.

Y yo tendré que regresar a mi sarcófago

mientras la vida gira en remolinos multiformes

y chorrea infinitos que no me pertenecen.

La madrugada impone su habitual psicosis aterciopelada.

Mañana volveremos a simular que despertamos.

 

El olvido

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

(F. García Lorca)

No reconozco los rincones de mi casa.

Cuelgan de ellos flores invisibles

que nunca había mirado:

flores tan negras como el dolor

o como la memoria malherida

que desgarra el presente.

El olvido es la cuerda de un violín,

es una habitación vacía

que no alcanzan los rayos de la luna.

Las paredes confiesan que me han visto llorar

y en silencio una niña se despide.

Todo es silencio ahora.

El olvido cuelga de las paredes

como un astro invisible,

pero tan cierto.