De las horas sin sol

Nocturno

Y este insano deseo de escapar
con una daga anclada en las costillas,
y este rumor vacío de calaveras a contraluz
que me invade mientras la noche afila mis heridas,
cuando cerrar los ojos ha de ser un viaje
a las llanuras huérfanas de tiempo
donde un día vivimos, dimos la mano al sol,
respiramos con los pulmones de par en par,
soñamos.

A las doce, la carroza imposible
volverá a transformarse en una calabaza.
Y yo tendré que regresar a mi sarcófago
mientras la vida gira en remolinos multiformes
y chorrea infinitos que no me pertenecen.

La madrugada impone su habitual psicosis aterciopelada.
Mañana volveremos a simular que despertamos.

 

Western, domingo

Descendemos por el domingo
pausadamente,
bajo una vaga melancolía de acordeón,
con la sospecha quieta que rodea a una nube
en el cielo aún celeste de septiembre.
Tormenta presentida,
frontera temblorosa de alfileres;
domingo, en suma.

Vendrá después la lluvia
con sus bailes erráticos,
los rebaños de máscaras en un vagón,
el frenesí que arrasa la nostalgia.
Y tu sonrisa en un recuerdo
me alejará del frío.

Aquí las horas son una transición
que se resuelve
en la mirada de John Wayne
con un desierto bajo el brazo.
Lentas, como un mugido;
encharcadas
igual que un brillo de astros derribados.

Bailo también el tiempo y me pregunto
por la asfixiante inmensidad
de las conjugaciones en pretérito,
por sus pies paquidermos
abatiendo las luces,
llenándonos.

El verano que expira
es como un gran domingo decadente
y viscoso.
Tengo los ojos llorosos de pretéritos.
Tengo todos los sueños conspirados
para perder la fe en la realidad.
La vida se disfraza de domingo
con las alas cerradas.

Y tu sonrisa en un recuerdo
ensilla los caballos de la noche.

 

© De las horas sin sol, 2019

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