Recital en la Asociación Prometeo

Ayer, 6 de noviembre, la poeta Elena González y yo participamos en un recital poético organizado por Ángela Reyes, de la Asociación Prometeo de Poesía, en el Centro Riojano de Madrid. Hice un repaso por todos mis libros. Os dejo aquí un fragmento, cuya grabación debo agradecer a Andrés París (autor también de las fotos).

Se cumplen 20 años de la muerte de Rafael Alberti

El 28 de octubre de 1999, yo acababa de cumplir diez años y escuché por la radio la noticia de su muerte. El último de la Generación del 27. Mucho después, supe que Alberti, a los 96 (casi 97) todavía estaba convencido de que vería el nuevo siglo. Lo cierto es que se quedó a las puertas.

Lo elegí a él para escribir mi tesis doctoral. No solo porque me sienta muy identificada con su poética de la nostalgia y porque su Cádiz sea como mi segunda tierra. También porque estoy convencida de que los investigadores contemporáneos se lo debemos, pues, a pesar de que durante la Transición fue muy valorado, actualmente la crítica se está desentendiendo vergonzosamente de él. Le pesa su activismo político que, en una sociedad como la actual, tan amiga de la “neutralidad” (ese “centrismo” político con el que a menudo se disfraza la derecha), no es bienvenido. Como siempre digo, vendría mejor leerlo más y criticarlo menos, porque algunos se sorprenderían.

Mi tesis doctoral dio lugar a un ensayo que podéis encontrar en librerías: La nostalgia inseparable de Rafael Alberti. Oscuridad y exilio íntimo en su obra (Ediciones de la Torre, 2017).

A propósito, hoy escribo en El País, en forma de homenaje, al Madrid de Alberti. Podéis leerme en “El Madrid insomne de Rafael Alberti”.

Entrevista en “Todo es verso”

Con Vega Alonso y David Foronda en el programa radiofónico “Todo es verso”

Esta semana, acudí a Catodia Podcast para ser entrevistada por Vega Alonso y David Foronda para el programa radiofónico “Todo es verso”. Hablamos sobre poesía y rock, sobre mi último poemario, De las horas sin sol… Incluso me preguntaron acerca del Marinismo y la Heladología. La entrevista no pudo ser más completa ni mis entrevistadores más geniales. Fue un rato estupendo. Aprovecho para recomendaros fervientemente el programa a todos los amantes de la poesía. No os lo podéis perder.

Por último, dejo aquí el enlace a la entrevista, por si os apetece escucharla:

Entrevista a Marina Casado para “Todo es verso”

Al final del verano

Dunas de Erg Chebbi, Marruecos, agosto de 2019

La luz volverá a sobrecogerme. Esa luz dorada del otoño y sus hojas caídas como lágrimas, como caricias de frío. Más tarde, el dorado se apagará y noviembre encenderá sus faros grises de niebla. La ausencia seguirá abrasando en sus mil formas.

Hoy el verano ya es un sueño antiguo, una película en blanco y negro y un desierto en el que el tiempo no existía. Recuerdo aquel paseo en dromedario por las dunas de Erg Chebbi y el atardecer eclipsado por las nubes; la calidez de la arena, el campamento donde los bereberes efectuaron sus misteriosas danzas al ritmo de los tambores, las estrellas palpitando como relojes. Las gentes del desierto son portadoras de una enigmática serenidad, de un silencio que hace frontera con la sabiduría. La calma de aquellos parajes solo resulta comparable a la inmensidad del mar contemplada desde una playa solitaria.

Marrakech, sin embargo, es una amalgama caótica de coches, chilabas, vendedores ambulantes y especias esparcidas por el aire –¡cuarenta y cinco grados a la sombra!–. Encantadores de serpientes y domadores de monos comparten espacio en la plaza de Jaama el Fna, el centro de la vida pública de la ciudad y, al caer la noche, son sustituidos por puestos donde elaboran zumos naturales. Internarse en el laberíntico zoco de Marrakech es bucear en aquellos cuentos de Las mil y una noches y casi esperar encontrarse la lámpara mágica de Aladino.

En Casablanca añoré una canción, quizá porque durante toda mi vida he deseado conocer a Sam y pedirle que vuelva a tocar su conocida melodía, contemplar a Rick naufragando en un vaso de whisky, decir aquello de “El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”, porque las historias de amor fallidas, idealizadas, guardan un encanto incomprensible para aquellos que prefieren apalancarse en el pragmatismo.

Pero aquella película con la que soñé se grabó, en realidad, en Tánger. Casablanca es una ciudad fría, coronada por la moderna Mezquita de Hassan II y centro de la vida económica de Marruecos. No hay espacio allí para mundos derrumbados o amores caídos.

Por el contrario, las medinas de Fez y Rabat nos arrancan con viveza de nuestra civilización para empujarnos a un pasado misterioso, atravesado de gatos. En Rabat, los gatos conviven con la pintura azul de las calles, con una bohemia incipiente y magnética. Y a veces, el mundo se detiene y desde los minaretes de las mezquitas se extienden los cantos que llaman a la oración.

Veo cruzar todas estas imágenes por mi memoria como la huella de un verano que se ha convertido ya en un recuerdo, igual que los veranos anteriores. Me asalta la nostalgia, me destroza la ausencia. Pronto, la luz dorada del otoño volverá a sobrecogerme y, más tarde, noviembre encenderá sus faros de niebla. El frío, el frío que siempre acaba regresando.