Siempre nos quedará la Música

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Silvio Rodríguez junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. Madrid, 18/5/2019

Mientras media España veía ayer Eurovisión –ese caldillo rancio y veleidoso con tropezones de músicos que hoy triunfan y mañana nadie recordará–, unos cuantos acudíamos al antiguo Palacio de los Deportes de Madrid para deleitarnos con auténticos artistas en un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba con la colaboración de… Silvio Rodríguez.

En mi casa siempre se ha escuchado a Silvio, desde que tengo uso de razón y aun antes. Tal vez por eso lo siento más de mi época que a todos los cantantes “actuales” que me transmiten tan poco y cuyo ascenso meteórico deja una estela pronta a borrarse.

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Recuerdo de uva y queso

Los Bardos

Cuando desaparece el yugo de la hora en que desalojar la sala, pueden brotar las sensaciones más felices de nuestro cuerpo; también, como es el caso, recordándolas. La casa madrileña de la editorial Huerga y Fierro tiene esta propiedad emergente: ofrecer uvas, queso y una masa tierna de dulce a quien disfrutamos alargando la conversación, a fuego lento hasta la noche, en la fragua de la literatura, con tantos libros y herraduras, armas, en los anaqueles de alrededor.

Andrés París y Marina Casado en la sede madrileña de Huerga y Fierro.

Semanas antes, habíamos asistido a la presentación del libro De las horas sin sol de la autora Marina Casado, que ahora en mi memoria firma a los interesados sucedidos en una cola expectante. La convención de los minutos poéticos no se alargó en exceso y a las ocho, con el despeje del brumoso cielo, una treintena de personas colocaban…

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La feria de San Isidro

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La Pradera de San Isidro, Francisco de Goya

Cada año, me gusta dar una vuelta por la Pradera en el día de San Isidro, patrón de los madrileños. Ojeo el panorama, me compro un bocata en una caseta, unas rosquillas del Santo, y paseo entre las atracciones de la feria. Ya no me monto en ellas, pero las contemplo con nostalgia; tampoco voy vestida de chulapa. En mi generación no se lleva mucho.

El sábado pasado, Andrés y yo dejamos de lado el pop para decantarnos por lo clásico y el folclore: una actuación de la banda municipal sinfónica en la Plaza Mayor, donde nos deleitaron con un repertorio de pasodobles y chotis, todo muy vintage. Bajábamos la media de edad, ciertamente, pero a mucha honra. Te puede gustar el rock y el pasodoble: una cosa no quita la otra.

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Tiempo

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Agitamos los párpados como si fueran largos edificios soñolientos. Volvemos a aquel último viaje, a aquel último verano. El tiempo es relativo entonces. La realidad se parece más a las breves imágenes que se vislumbran en los sueños hasta desaparecer en un fundido en negro, a pesar de nuestra lucha inútil por retenerlas cuando, por fin, descubrimos que el despertar es inminente.

Mayo despliega sus alas de viento. Escribo poemas sobre Madrid, porque alguien me dijo últimamente que esta ciudad es desoladora y yo no lo comprendo. Mi Madrid es una vieja dama de sonrisa melancólica, acogedora y gris. Nunca he conocido una ciudad tan humana. Quizá es porque tengo todos los recuerdos desperdigados por sus calles y son ellos los que configuran nuestro mapa sentimental.

Hoy se cumplen nueve años de la segunda vez que conocí el vacío de la muerte, aunque aquellas dos primeras veces solo fueran roces en comparación con el verdadero hachazo. Regreso nueve años atrás. Mi abuelo a veces vuelve a atravesar la puerta de casa por las mañanas saludándonos, se vuelve a enfadar cuando no quiero comerme las judías, me da cinco euros para comprar cromos de Pokémon. El tiempo es tan relativo. La realidad no es esta, ni aquella; la única realidad somos nosotros mismos y los recuerdos que nos configuran. Y la incomodidad constante en el presente.

Apenas hay tiempo para escribir. Apenas lo hay para detenerse.