“Querida Ariana”

Hace algo más de una semana, me anunciaban que he sido la ganadora del XXII Certamen Literario de Cartas de Amor del Ayuntamiento de Mijas, Málaga. Hoy publico aquí la carta con la que ganó, cuyos derechos pertenecen al Ayuntamiento de Mijas.

Querida Ariana:

juventud ilustrada

Juventud ilustrada, René Magritte

No me marcho porque no me ames ya. Me marcho porque tus ojos, del color de las violetas, comienzan a ser lo único que recuerdo de tu rostro, de la muchacha que un día conocí, aquella que bailaba conmigo al desatarse la tormenta, cuando el aire mojado todavía traía promesas de viajes por los exóticos recovecos de tu piel. Tus cabellos húmedos y el olor a lluvia en el porche y Al Stewart pulsando las teclas del piano desde la radio de la cocina. Siempre se te encendían las pupilas cuando sonaba aquella canción: “El año del gato”. Hablaba sobre una joven que bajaba del sol para perderse por las calles de una ciudad desconocida y a la vez extrañamente familiar. Tú querías ser aquella joven, y llevar un vestido de seda y deshacerte como una acuarela bajo las gotas de lluvia. Me gustabas así, poderosa y vulnerable, inocente, capaz de estallar en carcajadas o en lágrimas, de asustarte de los truenos.

Cuando dejaba de llover, cogíamos la bicicleta y pedaleábamos hasta el pueblo, sin importarnos que el frío se agarrara a las costillas o que la noche amenazara con desplegar su manto de negrura sobre las copas de los árboles. Te escuchaba reír abriendo mucho la boca, mostrando aquellos dientes blancos y perfectos con los que hubiera soñado cualquier actriz de cine. Tu belleza era de esa clase de belleza salvaje y remota que nadie podría encerrar en una fotografía. Corríamos por las calles del pueblo, entrábamos en una y otra tienda sin comprar nada y acabábamos siempre en aquel bar, El Abismo, que se llamaba igual que tu mirada tras una copa de vino. A veces, cuando el vino se deslizaba por tus labios encendidos, por tu garganta, buscaba tus ojos y los sentía enfebrecidos y a la vez sabios, como si de repente te hubieras hecho mayor. Entonces, tenía miedo de perderte. Pero siempre me despertabas del trance con una carcajada, con tu risa musical y cristalina; me cogías de la mano y volvíamos a perdernos por las avenidas de la noche; a veces solos, en otras ocasiones acompañados; pero nada importaba por aquel entonces, Ariana, solo tu risa y tu mirada de domingo, el olor a nubes de tu cabello pálido, la niebla que comenzaba a posarse sobre el monte cuando regresábamos pedaleando, exultantes, pensando en lo lejano que resultaba el futuro. Nada importaba, Ariana, porque más allá de la niebla, todos aquellos campos rastrillados de estrellas llevaban nuestros nombres.

Llegó un día en que dejaron de asustarte los truenos. Cerrabas las ventanas para que tus cabellos no se humedecieran con la lluvia. La radio sonaba pero ya no bailábamos y, a cambio, te escuchaba tararear lánguidamente los acordes de aquella canción de Al Stewart que en otro tiempo te hubiera coloreado las mejillas. Aunque no lo confesabas, intuía que habías dejado de creer en las muchachas que bajaban del sol y que se deshacían como acuarelas bajo la tormenta. No deseabas ya perderte por las calles de una ciudad desconocida, porque creías conocerlas todas, y sabías que yo no podría perseguirte. Hubo un tiempo, Ariana, en que no podíamos concebir la vida sin nuestra mutua compañía, a pesar de que todos te dijeran que llegaría el momento en el que yo me acabaría marchando. Pensaba en ello mientras me atravesabas con tu mirada perdida, consciente de nuestra inminente separación. La distancia se hizo tan inmensa que temí borrarme. Fue entonces cuando decidí escribir esta carta.

Me amarás por siempre, igual que todos los hombres y mujeres a los que un día besé. No podrás olvidarme. Y soñarás cada noche con abrir las ventanas y mojarte los cabellos, con pedalear hasta el pueblo y perderte, de mi mano, bajo la niebla del monte. Dibujarás en tu memoria los inviernos, los domingos que pasamos juntos. Pero ya no regresaré, Ariana. No podré regresar.

Firmado:

Tu juventud

 

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A vueltas con los Bardos

La llegada del verano me ha traído nuevas aventuras compartidas con mis compañeros de grupo poético, Los Bardos. El pasado martes 26 presentamos nuestra Antología en el Hotel Iberostar Las Letras de Gran Vía, gracias a la organización del escritor Carlos Pardo, a quien le envío todo mi agradecimiento.

Y ayer, cuatro de nosotros estuvimos en el programa Poesía o Barbarie de Radio M21, dirigido por Javier Benedicto. Fue todo un lujo y agradezco a los entrevistadores, Javier y Sergio C. Fanjul, su profesionalidad, así como al resto del equipo. Podéis escuchar el programa completo aquí.

 

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AYUDA PARA UNA CAUSA JUSTA, POR MI PADRE

Hoy os voy a contar la historia de mi padre, porque creo que merece la pena conocerla. No me gusta hacerlo por aquí, porque puede haber quien lo entienda como una frivolidad. Pero sus antiguos compañeros han iniciado una campaña que nos ha llegado al corazón y quisiera pediros vuestra ayuda para conseguir nuestro objetivo.

Mi padre, José Ángel Casado, trabajó más de 40 años en la enseñanza pública. Fue maestro de primaria. De esos años, 14 fue director del CP Antonio de Nebrija, del barrio madrileño de Villaverde Bajo. Allí impulsó la creación de un comedor y de una biblioteca abierta al barrio. Años después, volvió a ocupar el cargo de director en el colegio Tirso de Molina del barrio de Arganzuela. En este barrio no había instituto público, así que puso en marcha la creación de un CEIPSO en el mismo colegio. Es decir, el Tirso de Molina acogió también varios cursos de secundaria.

Falleció en marzo del año pasado debido a una enfermedad rara y letal que se desarrolló en unos pocos meses. Estuvo trabajando como director del Tirso hasta tres meses antes de morir.

Ahora, el Tirso de Molina se ha quedado pequeño para todos los cursos que había y se va a construir en el barrio de Arganzuela un instituto público. Hay una votación pública para bautizarlo y sus antiguos compañeros han propuesto su nombre, José Ángel Casado, a modo de homenaje. 

Creo que es una causa muy justa y no porque sea mi padre. Fue una persona muy humilde y trabajadora, volcado absolutamente en sus alumnos y que durante toda su vida se dejó la piel por mejorar la enseñanza. Un idealista de los que ya no quedan, muy querido por alumnos, padres y profesores. Yo también fui su alumna y, si ahora soy poeta, fue gracias a que él me animó a escribir mis primeros versos en clase.

Necesitamos vuestro voto para conseguirlo. Dejo aquí el enlace y, si estáis de acuerdo, solo tenéis que elegir el nombre “IES José Ángel Casado” junto con vuestro correo electrónico (únicamente lo piden para comprobar que los votos no se repiten.

Este es el enlace:
https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdSozSCq2qRDhLLjwxlSEO58Gc48LsUoq-_sc-FRk0Hj3rOCA/viewform?usp=sf_link

Os lo agradezco, de corazón.

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Con mi padre, José Ángel Casado, en 2016

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Feria del Libro 2018

Voy a hacer un alto en el estudio de las oposiciones. Me encantaría que me fuerais a saludar… También estarán allí el resto de bardos para firmar, en conjunto, nuestra Antología.

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Los Bardos, de viva voz en la Casa Encendida

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Mariló Gutiérrez Blesa, Débora Alcaide, Francisco Raposo, J. L. Arnáiz, Alberto Guerra, Rebeca garrido, Alberto Guirao, Andrea Toribio, Marina Casado, Eric Sanabria y Andrés París. La Casa Encendida, Madrid, 12/4/18. Fotografía: Catalina de Vicente

La incesante lluvia madrileña no impidió que, el pasado jueves 12 de abril, la Biblioteca de La Casa Encendida se llenara de poetas, de amigos, de personas dispuestas a escuchar —“escuchar”, esa acción tan denostada hoy en día—. Los Bardos hacíamos la primera aparición oficial para presentar nuestra Antología, de la mano de José María Gutiérrez de la Torre: el hombre que ha transformado nuestras ilusiones en libro. Es José María uno de esos editores idealistas de los que apenas ya se encuentran, de los que creen en las utopías y todavía se emocionan ante el verdadero amor por la literatura, por la cultura. Nosotros tuvimos la suerte de cruzárnoslo en el camino y le debemos su apoyo incondicional a nuestra causa desde el principio. Como él dice siempre —y aquí recomiendo su libro 35 notas del editor y otros escritos—, la figura del editor es mucho más importante de lo que habitualmente se cree en un libro, en un proyecto, en la carrera de un autor. José María —así como Lucía, que ha luchado y trabajado desde la editorial para darnos a conocer— son también parte de este libro. Desde mi papel de antóloga, lo único que exigí a mis compañeros bardos fue un respeto hacia mi trabajo y mi persona. Lo obtuve de los once sobradamente, unido a la ilusión y al agradecimiento, un agradecimiento que es mutuo, porque todos somos padres de este libro.

Como traté de mostrar en la presentación, nuestra antología no es una antología poética más, de las que cada día salen al mercado editorial, sino el resultado de la actividad de un grupo de compañeros, de amigos, que se reunió por vez primera en noviembre de 2015 para homenajear los 50 años de la mítica colección de poesía “El Bardo”. Hemos vivido juntos muchas aventuras desde entonces: literarias y de otra índole. Nos ha unido nuestra pasión lectora y el respeto y conocimiento de una tradición poética que no siempre tiene en la actualidad el lugar que merecería. La idea de un grupo de poetas que se reúne, que apuesta por el contacto humano y por el compañerismo en una época donde las relaciones se reducen muchas veces a la frialdad de las redes sociales parece más un concepto del siglo pasado.

Desde noviembre de 2015, el grupo inicial ha ido variando: algunos se han marchado, por diversos motivos; otros han llegado para convertirse en pilares imprescindibles. Desde hace más de un año, el grupo parece haberse consolidado en las doce personas que ahora formamos parte de él y que estamos juntos en la Antología. Nuestra variedad poética, humana, es la que aporta brillo al conjunto.

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Celebración posterior en la vinoteca Xelavid

Cualquier noche, María Agra-Fagúndez es capaz de aparecer para recordarte, con su alegría envolvente, que la vida es lo mejor que puede pasarte y que la poesía nace de esa magia de la cotidianidad elevada a lo lírico. O Debbie Alcaide, luchadora incansable, caminando desde el abismo oscuro de los monstruos personalizados hasta una ilusión infantil de “sonrisa cupular”, reflexionará contigo sobre la esencia de la amistad. De repente surgirá Rebeca Garrido, hablándote del mundo contemporáneo mientras mezcla con toda naturalidad historias de su huerto y disputas entre Góngora y Quevedo. Todo ello tomando un vino en Xelavid, nuestro “cuartel general”, donde Alberto Guerra va y viene, eleva su “guerrismo” a filosofía; convence, divierte, conmueve. Alberto Guirao, flemático y sonriente, deja posos de su genialidad sin hacer mucho ruido. Se vuelve necesaria la dulzura de Conchy Gutiérrez Blesa, su fe en un mundo de princesas y cisnes sepultado a veces por la mediocridad. O el fervor de J. L. Arnáiz, a caballo siempre entre uno y otro proyecto artístico, ilusionándose y ardiendo con todos, proyectando su lealtad. Andrés París no estará tomando un vino, sino más bien un San Francisco. Se ausentará a veces para convertir la realidad en un nuevo verso y mirarla con líricos, soñadores de utopías. Mientras, la risa contagiosa de Francisco Raposo invadirá las notas de la madrugada. Tras ella, se asoma su personalidad apasionada y perfeccionista. Pero si alguien quiere encontrar una frontera sutil entre barroquismo y modernidad, acudirá sin duda a Eric Sanabria, personalidad tragicómica, idealista empedernido bañado de una aguda ironía. Andrea Toribio, prudente y reflexiva, se convierte sin pretenderlo en la voz de la razón, dejando traslucir en sus intervenciones una erudición lejana a la pose.

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Fotografía: Fernando Alda Campano

Este mosaico de miradas, de mundos, se entrevió el pasado jueves durante la presentación, el recital y el posterior debate sobre la poesía que tuvo lugar con el público, donde se desarrollaron preguntas muy interesantes. El poeta Paco Díez cuestionó sobre la relación entre lírica y narrativa; el filólogo y poeta Sesi García quiso saber cómo manejábamos el ritmo en nuestros versos. Hubo quien prefirió escuchar atentamente. Aquí quiero nombrar a Carmen, mi madre, y Juan, mi hermano, siempre presentes. También a mis dos amigas del alma, Alba y Fátima, que llevan apoyándome —sin ser apasionadas de la poesía— desde mis inicios. A Pedro Unamuno, a Sonia y Eugenio, a Ana Godoy, Pepa, Luis, Francesca. Muy especialmente, a Javier Agra, que leyó un poema de su hija, nuestra María, y a Mariló, que actuó en representación de su hermana Conchy. También a su hermano Juan, a su padre y a Dulce. A Miguel Sáez, el genial ilustrador que ha contribuido a crear la personalidad del libro. A Fernando Alda Campano, autor de la fotografía de contraportada, y a mi querida Catalina, que hizo de fotógrafa, junto a Fernando, durante el acto. Y a tantas y tantas otras personas que nos dedicaron su cariño y su tiempo.

Estoy muy orgullosa de ser barda y de que mis versos permanezcan para la posteridad en este libro, junto a los de mis once compañeros. Porque, como dijo Lorca en unos versos que ya nos representan: “No es el Arte la luz que nos ciega los ojos. / Es primero el amor, la amistad o la esgrima”.

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“De viva voz. Antología del Grupo Poético Los Bardos” (Ediciones de la Torre, 2018)

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Antología de los Bardos

Rompo de nuevo mi silencio opositoril para anunciar con júbilo que ya ha salido a la luz la Antología de mi grupo poético, Los Bardos, con Ediciones de la Torre. Además de figurar entre los poetas antologados (junto a María Agra-Fagúndez, Débora Alcaide, Rebeca Garrido, Alberto Guerra, Alberto Guirao, Conchy Gutiérrez Blesa, J. L. Arnáiz, Andrés París, Francisco Raposo, Eric Sanabria y Andrea Toribio), soy la autora del prólogo y de las semblanzas individuales que acompañan a cada una de las doce muestras poéticas.

El viernes pasado recibimos los primeros ejemplares en nuestro “cuartel general”, la vinoteca Xelavid:

La gran noticia es que el próximo jueves 12 de abril presentaremos la obra oficialmente en Madrid, en La Casa Encendida. Os dejo aquí el cartel del acto:

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Por último, para ir abriendo bocas, termino con los dos vídeos promocionales que tenemos hasta la fecha, donde los autores recitamos “de viva voz” algunos de nuestros textos. ¡Espero veros el jueves en La Casa Encendida!

 

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Solo la luna

luna

“Ya nadie piensa en ti, Miss X niña.”
(Rafael Alberti)

Detrás de un beso hay siempre
una región inabarcable de soledad.
En cada abrazo, juegan los cuerpos a simular
durante unos instantes que se componen de algo más
que nubes hilvanadas con deseos.
Abrir los ojos es cerrarlos,
y entonces ya no existe un tú y yo: solo la luna.
Solo la soledad desenterrada del viento del oeste,
de las niñas sin nombre –¡ah, Miss X!–
perdidas por los mundos ignotos
de nuestros pensamientos.

 

(De Mi nombre de agua, Ediciones de la Torre, 2016)

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