Kurt Cobain, el ángel de la muerte

Kurt Cobain en los noventa
Kurt Cobain en los noventa

De cejas rectas, facciones suaves, casi angelicales; mirada dulce y azul, cabello rubio y desgreñado, barba incipiente; poseía un aura de tristeza rebelde que arrastraba desde la infancia y una voz vibrante y desgarrada que le convertiría en una de las grandes figuras del rock de todos los tiempos. Así era el líder de Nirvana, la banda creadora del género grunge que surgió en 1987 y en sus escasos seis años de actividad revolucionó el panorama musical internacional.

Kurt Cobain nos mintió en aquella canción, “Come as you are”, en la que aseguraba con vehemencia: “And I swear that I don’t have a gun”…

Por mucho que lo jurase, sí que tenía un arma: la escopeta que utilizó para suicidarse, de un tiro en la cabeza, el 5 de abril de 1994, hace ahora veinte años. Al menos, a esa conclusión llegaron las investigaciones oficiales, después de que su cadáver fuera hallado en un charco de sangre por un electricista que debía visitar esa mañana el domicilio de Cobain.

El joven había cumplido los 27 hacía apenas dos meses, por lo que se le suele incluir como parte del funesto “Club de los 27”, a pesar de que entre él y el último gran integrante, Jim Morrison, existe un determinante abismo de más de veinte años –Morrison falleció en 1971- que eliminaría cualquier tipo de conexión. En lo que sí se parece al resto de desdichados miembros del “Club” es que su muerte –como la de toda gran estrella de rock, por otra parte- aparece envuelta en un halo de misterio y condimentada por diversas teorías conspiratorias.

Kurt Cobain en 1994. Fotografía de Youri Lenquette
Kurt Cobain en 1994. Fotografía de Youri Lenquette

Sin embargo, en el caso de Cobain, las sospechas poseen una base más real. Ciertamente, siempre había tenido tendencias suicidas y, en el momento de su muerte, su adicción por la heroína era patente. Pero las circunstancias que rodean el hecho resultan, en cierto modo, inquietantes. La esposa de Kurt desde 1992, la cantautora Courtney Love, líder de la banda Hole, encabeza la lista de sospechosos en caso de que no se tratara de un suicidio, sino de un asesinato. Como se hizo público posteriormente, en 1994, Cobain pretendía divorciarse de ella y conseguir la custodia completa de la hija de ambos, Frances Bean que, con sus escasos dos años de vida, había vivido ya un proceso de desintoxicación a causa de su nacimiento con síndrome de abstinencia, provocado por el consumo de drogas de su madre, que se mantuvo durante el embarazo.

Existen múltiples pruebas en contra de la teoría oficial del suicidio. Las más destacables son la sobredosis de que Cobain era víctima en el momento de su muerte, que le hubieran impedido apretar el gatillo o realizar cualquier tipo de acto consciente, y el hecho de que no fueran halladas huellas dactilares en el arma del crimen.

Kurt Cobain y Courtney Love con su hija Frances Bean
Kurt Cobain y Courtney Love con su hija Frances Bean

Como suele ocurrir, la polémica en torno a su fatídica muerte ha velado otros datos asombrosos de la faceta artística de Cobain, como sus influencias literarias. Entre ellas, destaca la de William S. Burroughs (1914-1997), poeta perteneciente a la Generación Beat con quien mantuvo un encuentro en 1993, pocos meses antes de morir. El escritor, cuyo centenario de nacimiento se cumple precisamente en 2014, contaba entonces 83 años y destacó de aquella reunión “la expresión moribunda de sus mejillas”. Según él, cuando Kurt fue a visitarlo a su domicilio de Kansas en octubre de 1993, “ya estaba muerto”.

Cobain idolatraba a Burroughs, hasta el punto de haberle pedido protagonizar el videoclip de “Heart-Shaped Box“, un tema perteneciente al álbum In Utero -algo a lo que el viejo poeta se negó-. Burroughs era el autor de Yonqui, la novela de 1953 que trataba sobre la drogadicción y que se convirtió en el libro de cabecera de Kurt Cobain.

Kurt Cobain y William S. Burroughs en octubre de 1993
Kurt Cobain y William S. Burroughs en octubre de 1993

Kurt Cobain no sólo revolucionó el panorama musical con su banda Nirvana, sino que además se constituyó como uno de los grandes impulsores del estilo denominado “grunge” que tanta presencia tendría en la década de los noventa: vaqueros rotos, zapatillas Converse desgastadas, rebecas gruesas de lana y camisetas sueltas que, en conjunto, ofrecían una imagen desenfadada y no por ello carente de glamour.

Hoy todo, desde las oscuras letras de Nirvana hasta la propia tristeza reflejada en la mirada de Cobain y tan bien señalada por Burroughs, nos conducen a asociar al joven autor de “Smells Like Teen Spirit” con la muerte, convirtiéndolo en una suerte de mártir del rock, en una estrella caída antes de tiempo, un ángel rubio guillotinado por sus propias sombras.

Kurt Cobain en los 90
Kurt Cobain en los 90