Florecer

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Florencia, agosto de 2018

Cuando en el futuro recuerde 2018, lo haré pensando en el año en el que, por fin, brotaron todas las semillas que había plantado a lo largo de mi vida, desde aquellos “PA+” de Primaria, pasando por la carrera, másteres y doctorados, hasta llegar a las temibles oposiciones a las que no fui capaz de vencer en una ocasión. Fue en 2016. Sentí aquel suspenso como el fracaso de toda mi vida académica, pero reuní la fuerza suficiente para levantarme de mis cenizas y continuar, con más empeño si cabe. Dos años más tarde, he comprendido que aquel suspenso solo fue un bache en el camino, un camino cuyo devenir no era capaz de comprender, por entonces.

Cuando en julio de este año llegó el aprobado, con forma de plaza fija, entendí por fin ese tópico tan manido que dice que “todo esfuerzo tiene su fruto”. El mío había florecido. Ahora, puedo dedicarme a la que considero que es mi vocación: la docencia. Por eso, recordaré 2018 como el año que me enseñó que todo es posible, si nos empeñamos.

La alegría llegó después de un torrente de sombras en mi existencia: el pozo más oscuro en el que jamás podría haber caído. Por eso, la alegría se alzó aún más luminosa, con la promesa de una nueva vida que me acercaría a ese tan ansiado equilibrio. Porque 2018 también ha sido el primer año completo de ausencia.

A pesar de ello, me he sentido muy arropada por aquellos que siempre han estado conmigo. Otros, los que hablaban mucho y me querían tanto y cuánto, se han alejado definitivamente, volviendo a demostrar que, como decía Rafael Alberti, “las palabras entonces no sirven: son palabras”. En la amistad, en el amor, cuentan solo los actos.

Cuando nos vamos haciendo mayores, aprendemos poco a poco que existir es convivir en paz con la tristeza. Permitir que brote varias veces al día, como un repentino pinchazo en la sien y un buen puñado de lágrimas, pero no dejar que empañe los momentos de felicidad, porque estos también existen. Somos lo que somos ahora y lo que hemos sido, pero también lo que otros han sido. Llevamos en nuestro cuerpo y en nuestra alma nuestros sueños y afectos, pero también los de nuestros desaparecidos. Tenemos la voluntaria responsabilidad de no dejar que mueran, porque uno solo muere cuando lo dejan de pensar.

Y ahora solo queda afrontar el nuevo año con valor e ilusión. Valor, porque la incertidumbre del futuro a menudo esconde puñales entre la niebla, puñales que son inherentes a la vida misma. Ilusión, porque junto a esos puñales aparecerán momentos y personas inolvidables. En el terreno literario, por ejemplo, se anuncian ya algunas nuevas ilusionantes, que se volverán corpóreas en este 2019. El año que se va ha dejado, en ese ámbito, un par de reconocimientos a mi obra y una bonita antología poética en la que mis versos permanecerán siempre junto a los de los Bardos.

Quedan todavía muchos sueños por cumplir. Feliz fin de año y gracias por acompañarme en este viaje con vuestra lectura.

A mis lectores habituales

2016-03-10 15.05.05
Mi rutina en los últimos meses…

Tal vez debí escribir antes este mensaje, pensando sobre todo en aquellos lectores habituales de mi blog, gracias a los cuales esta página se mantiene viva. Es posible, queridos lectores, que os preguntéis por qué no escribo nada desde enero…

No he abandonado la página, como alguien ha podido llegar a pensar. Tampoco me he ido a Marte o me he convertido definitivamente a la misantropía. No, nada de eso.

La razón de mi ausencia es ésta: estoy preparándome las oposiciones de profesorado de Lengua y Literatura y el examen es a finales de junio. Un temario prácticamente inabarcable y horas dedicadas a la práctica de comentarios de texto, sintaxis y programación didáctica me mantienen prisionera del estudio. Llevo una vida de ascetismo que para él la quisiera el mismísimo Fray Luis de León.

Entre unas cosas y otras, se me acumulan las ideas y la necesidad de escribir, pero me falta el tiempo. Así que, de aquí a julio, mi ausencia será prácticamente constante. Pero después, volveré a la carga, porque escribir es para mí tan vital como respirar.

Mientras tanto, os dejo la grabación de una de mis pocas actuaciones poéticas de estos meses: un recital en El Laboratorio de Alcalá de Henares, organizado por la genial poeta Sofía Winter. Me acompaña Alex Tj a la guitarra. El vídeo, grabado por Eric Sanabria, ha sido editado por Javier Lozano y se encuentra en el canal de Youtube que comparte conmigo: La Canción Vagabunda.

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Si os ha gustado el poema que recito, “Ícaro”, aprovecho este momento para confesaros que forma parte de mi segundo poemario, Mi nombre de agua, que verá la luz este año… ¡Os mantendré informados!

Muchas gracias por leerme y disculpad mi ausencia. ¡No me abandonéis! En julio estaré de vuelta con mucha fuerza. Por ahora, me despido…