La fascinación daliniana

Hace más de una semana que pretendía escribir algo sobre la exposición Dalí. Todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas, que se ha mostrado en el Museo Reina Sofía de Madrid hasta el 2 de septiembre.

Cartel de la exposición sobre Salvador Dalí en el Reina Sofía
Cartel de la exposición sobre Salvador Dalí en el Reina Sofía

Personalmente, ya me consideraba una gran admiradora de este pintor, pero después de ver la exposición confieso que mi fascinación se ha visto incrementada… No solo por su obra –he tenido ocasión de conocer “en persona” muchos de los cuadros que estaba harta de ver en libros o en Internet-, sino sobre todo por la capacidad daliniana de llegar a todos los estratos sociales.

Gente que jamás había pisado un museo haciendo colas kilométricas en la Plaza del Reina Sofía, dispuestas a pagar ocho euros por conseguir una entrada.

Gente que estuvo a punto de pegarse por defender su puesto en la cola –esto es consecuencia de que el Reina Sofía se encuentre al lado de El Brillante y a la señora Fulanita se le antoje un bocadillo de calamares y deje a la señora Menganita cuidando su puesto, y luego llegue el chavalito de turno quejándose porque eso es tener mucha caradura, y lo que no quiere decir es que, en el fondo, mataría por otro bocadillo de calamares…

Colas en los últimos días de la exposición de Dalí del Reina Sofía
Colas en los últimos días de la exposición de Dalí del Reina Sofía

Y yo pregunto: ¿desde cuándo todo esto por… arte?

Seamos optimistas. No pensemos que se trata de simple postureo, sino de verdadera adoración del personal por Salvador Dalí y su mundo. ¿Dónde se ha visto eso, más allá de mitos como el Guernica o La Gioconda? Dalí ha conseguido que varias decenas de madrileños conozcan, al fin, el museo de arte contemporáneo de su ciudad. Y si no, ojo a algunas conversaciones sorprendidas en la larga espera para la compra de entradas:

Señora 1- Si no conseguimos entradas para Dalí, podemos ver los fondos permanentes del museo, que nunca los he visto…

Señora 2- Uy, no te los recomiendo; son un rollo. Ya sabes: pasillos blancos y largos llenos de cuadros.

Brillante aportación, señora: podríamos encontrar lógico que en un museo de arte pictórico hubiese cuadros… Aunque usted no los frecuente demasiado.

Pero insisto: busquemos el lado positivo. Dalí ya, por lo pronto, ha conseguido que el número de visitas al Reina Sofía se cuadruplique en los meses que ha durado la exposición. Y tal vez algunos de esos visitantes aficionados daliadvenedizos ha descubierto que esos “pasillos blancos con cuadros” tienen un puntito más interesante de lo que podían pensar. Y a lo mejor, solo a lo mejor, se sienten interesados por conocer alguna obra más de la época de Dalí, y así, poco a poco, nace un visitante de museo.

"Dalí Atomicus", Phiippe Halsman, 1948
“Dalí Atomicus”, Philippe Halsman, 1948

La ironía es que yo, que sí soy daliniana convencida, casi me quedo sin ver la exposición por esperar a los últimos días, pensando ingenuamente que las colas kilométricas se reducirían una vez pasada la fiebre de las primeras semanas. Tras dos intentonas fallidas, a la tercera conseguí una entrada, que en ese momento me pareció tan valiosa como uno de los cinco Billetes Dorados que aparecían en las chocolatinas de Willy Wonka

La exposición estaba muy bien montada, para qué negarlo. Aunque es cierto que las obras más impresionantes eran de la colección permanente del Reina Sofía, salvando alguna excepción, como el archiconocido lienzo “La persistencia de la memoria”, traído del MoMA. Tengo que decir que no me lo esperaba tan pequeñito…

"La persistencia de la memoria" o "Los relojes, Salvador Dalí
“La persistencia de la memoria” o “Los relojes”, Salvador Dalí

Y si en la cola de fuera había una variada fauna de personajes… lo de dentro resultaba fascinante. Escenas tan chocantes y dignas de estudio como ver a una pareja de chonis admirando una copia del “Angelus” de Millet firmada por Dalí. Porque “Tía, está mazo de guapo”. Una vigilante que tenía que ir parando a la gente a la entrada de algunas salas para que no nos aplastáramos entre todos y pudiéramos contemplar las obras lo más decentemente posible. Una señora –la famosa del bocadillo de calamares- que me trató de convencer de que las monumentales faltas de ortografía que se veían en las cartas escritas por Dalí eran debido a que el artista estaba acostumbrado a escribir en catalán y claro, al escribir en castellano… se hacía un lío. Sí, señora, espero que no vaya por ahí diciendo muy alto que los catalanes no saben escribir. Para decir eso, mejor no diga nada. Además, si Dalí escribía con faltas era por su torpeza en ese ámbito –catalán o no catalán-, un poco por torpeza y otro poco por aprovechar esa torpeza y darle la vuelta a su conveniencia, para que todos vieran lo provocador que resultaba escribir “Ola”, sin “h”, como saludo.

"Putrefacto" dibujado por Dalí, dirigido a Pepín Bello, con la dedicatoria "¡Ola Pepin"
“Putrefacto” dibujado por Dalí, dirigido a Pepín Bello, con la dedicatoria “¡Ola Pepin”

Es curioso lo que todos sabemos de Dalí, aunque no sepamos nada. De repente, cualquiera podría impartir un máster sobre el pintor. Como aquel otro hombrecillo que iba acercándose a cada grupito de personas y contándoles supuestas anécdotas dalinianas para que comprobáramos lo experto que era, como  decir que Dalí iba afirmando que si pintaba cuadros pequeños era para que no costaran luego tanto dinero. Personaje, este del campechano experto, muy mítico, un clásico de toda exposición que se precie. ¿Cómo identificarlos? Suele tratarse de un padre de familia, generalmente con gafas –para darle ese toquecillo pseudointelectual-, acompañado casi en el 90 % de las ocasiones por el hijo o la hija. Simpático y dicharachero, con pinta de ejecutivo agresivo, aficionado al arte en sus ratos libres –por desgracia, los chascarrillos los suelen extraer de Google.

El campechano experto no dudará en acercarse a ti si te escucha comentar una obra, para corregirte o para ampliar la información, siempre con una gran sonrisa que te hará pensar: “qué simpático, el señor”. Y todo esto, de forma altruista y desinteresada. Qué majo, qué salao. Eso sí: no le des coba porque entonces ya no podrás quitártelo de encima. Es como abrir la caja de Pandora.

Salvador Dalí
Salvador Dalí

Ay, Salvador Dalí de voz aceitunada… Con lo elitista que eras tú, si vieras ahora a toda esta gente paseando por tu colección como si se tratara del Parque de Atracciones… ¿Te escandalizarías? O, tal vez… ¿te harías el escandalizado? Quizá, Dalí, nos engañaste a todos, y dentro de esa supuesta exclusividad tuya encerrabas un deseo enorme de llegar a toda la masa, a toda la sociedad. Pues bien: lo conseguiste. Y yo me inclino… Eras un genio, y no solo de la pintura. Qué útil te fue esa faceta de loco, ¿verdad…?

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Bilingüismo o estupidez nacional

Hace poco hablaba sobre el término postureo y su aplicación en el ámbito cultureta –que no cultural- en el aniversario del nacimiento de Federico García Lorca. Las fechas señaladas, centenarios, muertes y demás acontecimientos cronológicos son un campo de minas para ponernos estupendos y demostrar al mundo que estamos “en la onda”. Y más con la llegada de Twitter, desde la cual cada día es el Día Mundial de algo –de la Felicidad, de las Sonrisas, de la Música, y de los Unicornios-Rosas-Que-Sobrevuelan-El-Arco-Iris.

"My Little Poney"
“My Little Poney”

Hoy, tal como he escuchado en el telediario –por llamar de alguna forma al espacio televisivo de TVE de las 15:00-, es el “Día E”. Al contrario de lo que puede parecernos, no se trata de una fecha bélica señalada –como pudiera ser el “Día D” o del Desembarco de Normandía. Lo de “E” es por “Español” -¡viva la creatividad!-, y se trata de una jornada creada por el Instituto Cervantes que homenajea nuestro maravilloso idioma:

El Instituto Cervantes celebra en todo el mundo El Día E, la fiesta de todos los que hablamos español

El Instituto Cervantes celebra hoy en su sede central y en todos los centros repartidos por el mundo el Día E, una jornada en la que festeja la fuerza de un idioma que hablan 500 millones de personas. El español es la segunda lengua del mundo en número de hablantes nativos, el segundo idioma de comunicación internacional y el tercero más utilizado en Internet. 

Así se anuncia el día de hoy en la página web del Instituto Cervantes, adjuntando programación de conferencias, encuentros, concursos y demás actividades culturales lúdico-festivas. Bien lo merece, siendo un idioma que “hablan 500 millones de personas”.

Cartel del "Día E" del Instituto Cervantes
Cartel del “Día E” del Instituto Cervantes
Actividades en el Instituto Cervantes por la celebración del "Día E"
Actividades en el Instituto Cervantes por la celebración del “Día E”

Me parece estupenda la iniciativa del Cervantes; ojalá se hicieran más cosas así, pero trasladado al contexto social que nos envuelve, resulta un poco chocante… y casi diría “hipócrita”. O por expresarlo de otro modo: un ejemplo más de postureo.

Porque mientras el Cervantes exhibe su pasión por el español, los colegios y los institutos se matan por instaurar el bilingüismo en las aulas. Y nos encontramos con artículos tan indignantes como éste, del Huffington Post:

Las asignaturas pendientes de la enseñanza bilingüe en España

La enseñanza bilingüe se extiende cada vez más en España. Algunos datos lo confirman: este curso ha llegado a 377 centros educativos en la Comunidad de Madrid, en Andalucía son ya más de 800 y en 2015 se espera que la mitad de los colegios públicos madrileños y al menos un tercio de los institutos sean bilingües. Se pretende, así, potenciar la enseñanza de idiomas -especialmente de inglés-, pero el sistema se está encontrando con un problema duro: escasean los profesores con nivel suficiente para dar sus clases en otro idioma.

Así comienza el artículo del Huffington. En párrafos sucesivos, se extiende sobre la polémica de qué es mejor: profesores especializados en una materia que no dominen el inglés o personas bilingües que no dominen una materia, pero puedan explicarla de modo superficial. ¿Cuáles creéis que son los más aceptados?

Bilingües, por supuesto. ¿A quién le importa que los chavales aprendan ciencia, si pueden convertirse en unos perfectos angloparlantes –incultos, eso sí-? Así que la solución para la crisis no es estudiar una carrera universitaria, sino irnos todos a Inglaterra o a Norteamérica y hacernos bilingües. Y luego volver a España en busca de trabajo.

Viñeta extraída de cehsarajevosfp.blogspot.com
Viñeta extraída de cehsarajevosfp.blogspot.com

Y qué decir de la Literatura Española, impartida en inglés. “Mr. Quijote of The Mancha” sonaría mucho más glamuroso. Y Lorca se moriría de la risa con sus Gypsy Ballads –que viene siendo algo así como “Baladas Gitanas”; muy grande.

Estúpidos. Eso es lo que somos, por infravalorar un idioma tan rico como el español, cuando en Estados Unidos un 16 % de la población es hispanohablante y, sin embargo, no se reconoce la cooficialidad de la lengua. Los yanquis no tienen ningún problema en marginar el español, y en España somos tan masoquistas que contribuimos a ello.

Por no hablar de la confusión que supone para los niños equiparar la lengua materna con una segunda lengua, logrando que, en muchos casos, no aprendan bien ninguna de las dos.

Y que conste que no estoy en contra de la multiculturalidad, ni de la apertura idiomática, y soy consciente de la importancia que tiene el dominio del idioma inglés en el mundo, y por ello considero que hay que fomentarlo. Pero de fomentarlo a cargarnos nuestra propia lengua existe un trecho. Sí estoy en contra de toda esta moda del bilingüismo en la “aldea global”. No perdamos nuestra personalidad, por favor, ni la variedad de matices del idioma español, o la riqueza presente en nuestra literatura –presente no solo en España, sino también en Hispanoamérica.

Cada vez que leo una de esas desternillantes noticias sobre exigencias de bilingüismo en la Educación española, me acuerdo de aquel poemilla cómico de Rafael Alberti:

SONSONETE DE LA COCACOLA

Me basta ver la coca-cola,

ese vómito invasor,

para morirme de dolor

lejos de mi tierra española.

 

Cuando bebida tan extraña

veo orinar de una botella,

grito alto: ¡Me cago en ella!

¿Qué hago yo aquí lejos de España?

 

Y si en la farra disoluta

llego a beberla alguna vez,

grito más alto: ¡Hijo de puta!

¿Qué hago tan lejos de Jerez?

 

Me basta ver la coca-cola,

ese pis norteamericano,

para correr fusil en mano

a salvar mi tierra española.

Famoso cartel del Tío Sam, de J. M. Flagg, reclutando soldados para la Primera y Segunda Guerra Mundial
Famoso cartel del Tío Sam, de J. M. Flagg, reclutando soldados para la Primera y Segunda Guerra Mundial