Carlos Gardel: 80 años no es nada

El músico y actor Carlos Gardel

“Pero ¡qué le vas a hacer! La vida es así, como dice un tango que oímos la otra noche en Eritaña”.

(Carta de Luis Cernuda a Higinio Capote, años veinte)

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Qué tendrá el tango argentino que me vuelca de un golpe el corazón. Despierta una furia apasionada y precisa, degolladoramente sentimental, en sus arremetidas de acordeón -¿existe acaso un instrumento más romántico que el acordeón?-. Hoy se cumplen ocho décadas de la trágica muerte del rey indiscutible del tango: Carlos Gardel.

La imagen que ha quedado de él para la posteridad es la de un hombre risueño, de cabello negrísimo y lustroso, pegado al cuero cabelludo, en correspondencia con la moda de los años veinte; ataviado con un traje impecable y, en muchas ocasiones, un sombrero hongo. Carismático y seductor: el clásico dandi argentino con una nota de sentimentalidad en su figura.

Lo curioso es que Gardel, paradigma de la cultura bonaerense, no nació en la Argentina, aunque se nacionalizó en 1923. Sus primeros años de vida constituyen un auténtico enigma a día de hoy, existiendo dos principales hipótesis, ninguna de las cuales lo sitúa como porteño de nacimiento. Según la primera, nació en Toulouse, Francia, en 1890. La segunda teoría sostiene que fue dado a luz siete años antes en la ciudad uruguaya de Tucuarembó. Cada una de ellas posee una serie de fundamentos y puntos de apoyo que les otorgan perfecta coherencia. Lo que ambas parecen aceptar es que vivió desde niño en su “Buenos Aires querido”, en viviendas de condiciones paupérrimas en el popular barrio de San Nicolás, y que tuvo problemas con la justicia.

Carlos Gardel, el Rey indiscutible del tango

Ciertamente, Carlos Gardel se hizo a sí mismo, emergiendo desde su pobreza hasta sembrar un auténtico fenómeno de idolatría y convertirse en un símbolo cultural gracias a su maestría en el tango, un género que se comenzó a popularizar tras la Primera Guerra Mundial. Gardel levantó pasiones, además de en Buenos Aires, en Uruguay, Francia y España. Incluso el poeta español Luis Cernuda se estremeció con sus tangos y lloró con aquel titulado “No te quiero más”, cuya letra reproduce en una de las cartas enviadas a su amigo Higinio Capote.

Siendo su nacimiento un misterio, su muerte representó, sin embargo, un drama a nivel mundial. Ocurrió el 24 de junio de 1935, en un accidente aéreo en Medellín, Colombia. Junto a él fallecieron el letrista de tangos Alfredo Le Pera, su secretario Corpas Moreno y el guitarrista Guillermo Barbieri. Su cuerpo fue repatriado a Buenos Aires.

Una vez escribí que el acordeón es “tristeza aderezada de domingos”. Hay algo profundamente trágico en la acelerada existencia de Carlos Gardel, para quien fue “un soplo la vida”, igual que en la famosa letra de su tango. La misma melancolía elegante que parece traspasar los violines que habitan en esa joya del género que constituye el tema “Por una cabeza”, cuya música fue compuesta por Gardel en 1935.

Pero el tiempo, finalmente, no ha borrado su “caminito”: la “guitarra criolla” de su voz permanecerá para siempre en el imaginario cultural latino, y a ese verso de su célebre tango “Volver”, en el que afirma que “veinte años no es nada”, deberíamos añadirle seis décadas más. Porque decir tango es decir Gardel, y quién no experimenta un escalofrío al escuchar su voz aflautada sobre un fondo crepuscular de acordeones…

El olvidado Guy Williams

Guy Williams interpretando a Don Diego de la Vega
Guy Williams interpretando a Don Diego de la Vega

Bigotito fino, a lo Errol Flynn; cabello negro, bien peinado; una ceja ligeramente arqueada y una sonrisa seductora y cercana. Así recordamos al actor Guy Williams, famoso por su papel de Zorro en la serie clásica de Walt Disney de 1957, en el 25º aniversario de su fallecimiento, acaecido a finales de abril de 1989.

Muchos han sido los actores que han encarnado al justiciero enmascarado español creado por el escritor Johnston McCulley en 1919, comenzando por el polivalente Douglas Fairbanks –en La maldición de Capistrano, de Fred Niblo, en 1920-, pasando, entre otros, por Tyrone Power –en La marca del Zorro, de Rouben Mamoulian, en 1940-, hasta llegar a la versión más moderna, de 1998, protagonizada por el malagueño Antonio Banderas, titulada La máscara del Zorro, cuyo éxito resultó tan sorprendente que su director, Martin Campbell, decidió grabar una secuela en 2005, La leyenda del Zorro, que no alcanzó, ni mucho menos, la fama de su antecesora. De entre todos estos intérpretes, el más recordado por el público en general es el paradójicamente olvidado Guy Williams, que consiguió popularizar el personaje de McCulley.

En 1957, el mítico Walt Disney demostró que podía batir récords de audiencia rescatando una vieja historia de aventuras y otorgándole un toque de comedia, logrando que el Zorro llegara por igual al público infantil y al adulto. La serie que produjo, dirigida en origen por Norman Foster y con un total de 39 capítulos repartidos en dos temporadas, se grabó en blanco y negro entre 1957 y 1959, y fue remasterizada en color en 1992. El mayor acierto de Disney fue, sin duda alguna, la elección de Guy Williams para su papel protagonista. Williams, de 33 años, que ya había desempeñado papeles menores para el cine y la televisión, se vio de repente ante el difícil reto de insuflar nueva vida al personaje que habían interpretado estrellas como Fairbanks o Power. El resultado, sin embargo, resultó deslumbrante: superó con creces las expectativas, saltando a la fama y obteniendo generaciones enteras de fans, y hasta una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood que le fue concedido póstumamente, en 2001. A día de hoy, su figura amenaza con perderse, injustamente, en el olvido.

Guy Williams en su papel del Zorro
Guy Williams en su papel del Zorro, desenmascarado para posar
Guy Williams en su papel del Zorro
Guy Williams en su papel del Zorro

Guy Williams, nacido como Armando Catalano el 14 de enero de 1924 en Nueva York, fue hijo de humildes inmigrantes sicilianos que se instalaron en el popular barrio neoyorquino de Little Italy, donde transcurrió la infancia de Armando. En contra de los deseos de sus padres, que querían verlo convertido en un próspero vendedor de seguros, el joven decidió internarse por el pantanoso terreno de la interpretación, consiguiendo varios trabajos como modelo en campañas comerciales que le otorgaron una cierta fama en el mundillo. Sin duda, poseía virtudes que lo favorecían: tenía ímpetu, carisma, medía 1’90 y se caracterizaba por una belleza con aire latino que, sin embargo, le cerró las puertas ante algún director norteamericano. Por esa razón, su representante le hizo adoptar el nombre artístico de Guy Williams. El favorable resultado no se hizo esperar: en 1946, obtuvo un contrato de la prestigiosa productora Metro Goldwyn Mayer y se mudó a Hollywood durante una temporada. Tenía por entonces 22 años. En 1952, regresó a Hollywood gracias a un contrato de un año de Universal Pictures.

Guy Williams posando durante sus años como modelo
Guy Williams posando durante sus años como modelo
Guy Williams protagonizando un anuncio de colchones
Guy Williams protagonizando un anuncio de colchones

Hasta 1957, sus papeles fueron poco importantes. Ese mismo año, se presentó en un casting organizado por la compañía Disney, que buscaba un actor protagonista para su nueva versión del Zorro, y fue elegido debido, precisamente, a ese aire latino que otros directores habían rechazado, y que encajaba muy bien en el personaje del espadachín enmascarado. Además, Williams poseía unas nociones básicas de esgrima, puesto que en su familia dicho deporte se constituía como una tradición familiar. Al mismísimo Walt Disney le pareció perfecto para el papel, y enseguida le hizo retomar sus lecciones de esgrima y le instó a que se dejará el bigotito tan característico del Hollywood clásico y, por extensión, de la propia figura de Williams.

El ascenso a la fama fue desmesurado: Williams logró que, hasta la actualidad, se le asocie, a él más que a ningún otro actor, con Diego de la Vega, el hombre que se escondía tras la máscara del Zorro. Configuró la personalidad que hoy todos recordamos: un espadachín valiente, ingenioso y carismático, que de día se refugia tras la inofensiva identidad de Diego de la Vega, un hacendado californiano rico, frívolo e intelectual, y de noche salta sobre su fiel caballo Tornado para, disfrazado con sombrero, capa y máscara negros, combatir la corrupción y la maldad instaurada en el pueblo de Los Ángeles, que en la serie, desarrollada en 1820, aún era una colonia española.

Britt Lomond (Capitán Monastario) y Guy Williams (el Zorro)
Britt Lomond (Capitán Monastario) y Guy Williams (el Zorro)
Guy Williams como Diego de la Vega
Guy Williams como Diego de la Vega
Imagen del opening de la serie de Disney
Imagen del opening de la serie de Disney
Guy Williams junto al creador del Zorro, Johnston McCulley
Guy Williams junto al creador del Zorro, Johnston McCulley

La serie de Disney, un auténtico éxito, se mantuvo hasta 1959, año en que los desacuerdos entre Walt Disney y ABC, la cadena donde se emitía, alcanzaron su culmen. Aunque Williams, por entonces millonario, todavía participó en otras series como Bonanza (1965) y Perdidos en el espacio (1965-68) y en dos largometrajes de 1962 –Damon y Pythias y Capitán Simbad-, su carrera fue cayendo progresivamente en el olvido. En la década de los setenta dejaron de llegarle ofertas de contratos, y él mismo fue abandonándose hasta el punto de separarse de su familia y pasar sus últimos años en Buenos Aires, donde se sintió más calurosamente acogido, en contraste con un Hollywood que cada vez le resultaba más hipócrita y alejado de sus propios ideales. Se declaró en contra de la “cruzada anticomunista” de la Guerra Fría que, según él, tenía a Disney como eje. En 1978, el argentino Canal 13 volvió a emitir la serie de El Zorro y Williams participó en la promoción, interviniendo en el famoso programa de Jorge Porcel. Por esta época conoció al joven Fernando Lúpiz, un actor experto en esgrima que le acompañó en su gira interpretando el papel del malvado antagonista, el Capitán Monastario, anteriormente representado por Britt Lomond. Williams y Lúpiz iniciaron una amistad inseparable que se mantendría hasta la muerte del primero.

Guy Williams interpretando a Simbad el Marino
Guy Williams interpretando a Simbad el Marino
Guy Williams y Fernando Lúpiz en los setenta
Guy Williams y Fernando Lúpiz en los setenta
Guy Williams y Fernando Lúpiz en los setenta
Guy Williams y Fernando Lúpiz en los setenta

En sus primeros años en Buenos Aires, Guy Williams mantuvo una activa vida social y profesional, dirigiendo una empresa de pannetonne en California, participando en programas televisivos locales y actuando junto a Lúpiz en el Circo Real Madrid, explotando su antiguo papel de Zorro. Durante tres años, preparó el proyecto de un nuevo largometraje en el que el personaje, ya veterano, se codeaba con su hijo, papel que representaría Lúpiz. El proyecto, que se titularía El Zorro vivo o muerto, fracasó debido a las exigencias de su director, Palito Ortega. La frustración empujó a Williams a retirarse de la vida social, iniciando un tranquilo retiro en el que se dedicó a sus aficiones: el vino, el ajedrez y los viajes. Era una persona extrovertida y sociable que no encontraba problemas a la hora de hacer amigos.

Por lo que se conoce de su vida sentimental, esta fue relativamente tranquila desde 1948, año en que conoció, en una campaña en la que trabajaba, a la modelo publicitaria Janice Cooper, con la que se casó ese mismo año y posteriormente tuvo dos hijos en 1952 y 1956, Guy Steve y Anthony. La estabilidad duraría hasta 1979, cuando se separó de Janice para marcharse definitivamente a Buenos Aires, donde se embarcó en una tormentosa relación con la periodista Araceli Lisazo, a quien conoció por mediación de Fernando Lúpiz. A Araceli le siguieron un buen número de novias que conocía en los eventos organizados por la jetset local. Al final de su vida, había retomado el contacto con ella, pero este se vio trágicamente interrumpido por su muerte, en completa soledad, en su lujoso apartamento del barrio porteño de La Recoleta, oficialmente debido a una aneurisma cerebral. Años antes, Williams había superado una embolia que mermó su salud. Sin embargo, su fallecimiento –pobremente cubierto por algunos medios argentinos- estuvo rodeado de teorías conspiratorias que incluían elevadas deudas mezcladas con complicaciones sentimentales. Su cuerpo fue descubierto en estado de descomposición, cuando ya llevaba una semana muerto y el insoportable hedor había alertado a los vecinos.

Guy Williams en sus últimos años en Buenos Aires
Guy Williams en sus últimos años en Buenos Aires

Así, envuelta en la soledad y el abandono, resultó la muerte de una de las carreras más meteóricas del Hollywood clásico. En la actualidad, sus comunidades de fans se esfuerzan por obtener reconocimientos para un excelente actor que merecía mucho más de lo que el tiempo le ha otorgado. Porque hoy, 25 años después de su fallecimiento, todavía nos parece sentir el viento en la cara –a lo lejos, de fondo, una guitarra española-, la noche de California abrigando el crepitante galopar del Zorro ante la mirada acerada y furiosa del Capitán Monastario. Y es que Guy Williams también dejó grabada una “Z” en nuestros corazones.

El siguiente vídeo corresponde a un fragmento del capítulo 15: “García, acusado”, en el que tienden una trampa al cómico y patoso Sargento García -interpretado por Henry Calvin-, que es comandante en funciones y está obsesionado con atrapar al Zorro. En el fragmento, vemos a Diego de la Vega -Guy Williams- cantando al ritmo de una guitarra española: