Premio del Certamen de Relato Corto Eugenio Carbajal

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Los fusilamientos de la Moncloa, de Francisco de Goya

Hace unas semanas, la concejala Itziar Vicente me llamaba para anunciarme que mi relato, Goya y la muerte, había resultado ganador del XV Certamen de Relato Corto Eugenio Carbajal del Ayuntamiento de Mieres, Asturias.  Fue una buena noticia en mitad de un torbellino de tinieblas que se agitaba por mi vida en aquellos días. Mi premio aparece ya en la prensa:

Marina Casado gana el XV Certamen “Eugenio Carbajal” de Mieres

Goya y la muerte es un drama ambientado en los años treinta, en una visita de las Misiones Pedagógicas de la II República al pueblo gaditano de Chiclana de la Frontera. Me documenté acerca de este viaje, en el que participaron el poeta Luis Cernuda y el pintor Ramón Gaya. Las Misiones Pedagógicas fueron una iniciativa de la II República consistente en llevar la cultura a zonas rurales desfavorecidas, donde no tenían acceso a ella.

El relato está escrito desde la perspectiva de Cristóbal, un niño de doce años hijo de pescadores, que comprende el sentido del arte en uno de los momentos más trágicos de su corta existencia. El inicio de la Guerra Civil pone un broche de sombra a su infancia.

En el siguiente enlace, dejo el relato completo, cuyos derechos de publicación son propiedad del Ayuntamiento de Mieres:

Leer “Goya y la muerte”

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Veranos gaditanos

Hace unos cuantos años, mi familia aún no había cambiado Chiclana por Conil como destino de vacaciones de verano. La playa de la Barrosa era más grande y también -por desgracia- más civilizada.

Este verano regresamos un día al pueblo de Chiclana. No queda lejos desde Conil. Chiclana no tiene demasiado atractivo turístico  mas allá de su fama de tierra natal del famoso “fino de Shiclana” -léase con acento gaditano-, un vino blanco muy aclamado por los amantes del néctar -no opino por no ser experta ni habitual consumidora de vinos.

En Chiclana de la Frontera, Cádiz. Agosto de 2013
En Chiclana de la Frontera, Cádiz. Agosto de 2013
En Chiclana de la Frontera, Cádiz. Agosto de 2013
En Chiclana de la Frontera, Cádiz. Agosto de 2013

El momento más divertido de este reencuentro chiclanero fue cuando conocimos al que se autodefinió como “loco del pueblo”. Me recordó a esos personajes pintorescos que describe Alberti en sus memorias. Tradicionalmente, en cada pueblo ha habido un loco oficial. Este no sé si sería de fábrica o aderezado con grandes cantidades de alcohol, pero el caso es que se puso a cantar una tonadilla flamenca que decía algo así como “mató a Franco y mató a Carrero Blanco, y yo me alegro…”, y demás mensajes chorpatélicos que traían las risas garantizadas. Ademas, cantaba como los ángeles  Ya lo dijo el, que “tenia el malaje de Camarón . Daba mucha pena ver como lo echaban con cajas destempladas de todos los bares si lo veían acercarse… Después de que intentara regalarnos su chaqueta -“pisha, que yo no la necesito”- y un móvil roto por el que fingía hablar, nosotros también tuvimos que evitarle.

Malecón de Cádiz, agosto de 2013
Malecón de Cádiz, agosto de 2013

Dicen que el Malecón de Cádiz se parece al de La Habana, solo que los edificios de la bahía de Cuba están en un estado mucho más ruinoso.

La ciudad de Cádiz tiene un embrujo especial; como diría Lorca: tiene duende. Si tuviera que elegir un sitio para vivir que no fuera mi Madrid, no dudaría en elegir Cádiz. Por su playa de la Caleta, sus callejitas con ventanas enrejadas que desembocan en plazuelas secretas y cuajadas de geranios. Por las palmeras recortadas sobre el azul de los cielos, por sus guitarras imprevistas en el crepúsculo y por esa gitana que vimos bailar aquella noche, junto a la Catedral.

Catedral de Cádiz
Catedral de Cádiz

Siempre que vuelvo a la ciudad, recuerdo aquel tanguillo de Carlos Cano -gaditano de pro- que decía eso de “La Habana es Cádiz con más negritos; Cádiz, La Habana con más salero”: