Todavía el idealismo

Publicado el 27/9/2018 en Estrella Digital

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León Felipe

El pasado jueves 18 de septiembre se cumplieron cincuenta años de la muerte de Felipe Camino Galicia de la Rosa (1884-1968), más conocido como León Felipe. En el Ateneo de Madrid se celebró un homenaje a su figura en el que tuve el honor de participar junto a mi editor, José María Gutiérrez de la Torre, y a más de una veintena de escritores capitaneados por Daniel Pacheco. El acto consistió en un recital de poemas del autor después de la proyección de un vídeo realizado por el Ateneo de México en el que distintos especialistas mexicanos opinaban sobre León Felipe. Fue reconfortante la celebración de este evento, porque, a mi parecer, se trata de un escritor muy abandonado en la actualidad, a pesar de su estilo único, independiente,

original y brillantísimo.

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Pero, ¿por qué habla tan alto el español?

Este tono levantado del español es un defecto, viejo ya, de raza. Viejo e incurable. Es una enfermedad crónica.

Tenemos los españoles la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre, para siempre porque tres veces, tres veces, tres veces tuvimos que desgañitarnos en la historia hasta desgarrarnos la laringe.

La primera fue cuando descubrimos este continente, y fue necesario que gritásemos sin ninguna medida: ¡Tierra! ¡Tierra! ¡Tierra! Había que gritar esta palabra para que sonase más que el mar y llegase hasta los oídos de los hombres que se habían quedado en la otra orilla. Acabábamos de descubrir un mundo nuevo, un mundo de otras dimensiones al que cinco siglos más tarde, en el gran naufragio de Europa, tenía que agarrarse la esperanza del hombre. ¡Había motivos para hablar alto! ¡Había motivos para gritar!

La segunda fue cuando salió por el mundo, grotescamente vestido con una lanza rota y una visera de papel aquel estrafalario fantasma de la Mancha, lanzando al viento desaforadamente esta palabra de luz olvidada por los hombres: ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!… ¡También había motivos para gritar! ¡También había motivos para hablar alto!

El otro grito es más reciente. Yo estuve en el coro. Aún tengo la voz parda de la ronquera. Fue el que dimos sobre la colina de Madrid, en el año de 1936, para prevenir a la majada, para soliviantar a los cabreros, para despertar al mundo: ¡Eh! ¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!… ¡Que viene el lobo!.

El que dijo Tierra y el que dijo Justicia es el mismo español que gritaba hace 6 años nada más, desde la colina de Madrid, a los pastores: ¡Eh! ¡Que viene el lobo!

Nadie le oyó. Los viejos rabadanes del mundo que escriben la historia a su capricho, cerraron todos los postigos, se hicieron los sordos, se taparon los oídos con cemento, y todavía ahora no hacen más que preguntar como los pedantes: ¿pero por qué habla tan alto el español?

Sin embargo, el español no habla alto. Ya lo he dicho. Lo volveré a repetir: el español habla desde el nivel exacto del hombre, y el que piense que habla demasiado alto es porque escucha desde el fondo de un pozo.

León Felipe, Ganarás la luz

León Felipe
León Felipe