“Querida Ariana”

Hace algo más de una semana, me anunciaban que he sido la ganadora del XXII Certamen Literario de Cartas de Amor del Ayuntamiento de Mijas, Málaga. Hoy publico aquí la carta con la que ganó, cuyos derechos pertenecen al Ayuntamiento de Mijas.

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La Generación de las Galletas Desechas

He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura.

Allen Ginsberg, “Aullido”

Esta noche, en mi sueño, una Marbú Dorada me ha revelado que no tengo futuro (profesional). El carácter profético y solemne de tal augurio queda invadido por el patetismo de que sea una galleta quien me haya puesto sobre aviso. Pero, en cierto modo, la galleta es el símbolo de las ilusiones que se mojan demasiado en un vaso de leche y acaban deshaciéndose.

Nos ha tocado vivir en la generación de las galletas/ilusiones desechas. Al salir del instituto, tu galleta está intacta y crujiente. Pero, a lo largo de los años de universidad y, sobre todo, en esos que los suceden, acabas teniendo no una galleta, sino una masa informe, dulce, que convierte tus sentidos y tus aspiraciones profesionales en una papilla mezclada con leche.

Ginsberg vio a las mejores mentes de su generación destruidas por la locura. Yo las he visto fulminarse por la desmotivación, la más demoledora de las enfermedades y que se ha convertido, actualmente, en una epidemia. Por su parte, los políticos no hacen más que complicar aún más, con leyes absurdas e injustas, una situación ya de por sí desquiciante.

Qué postmodernista, pensaréis. Una Marbú Dorada ocupa el lugar que en otro siglo tendría un arcángel y me hace llegar su mensaje revelador: no tengo futuro. Y mi bonita colección de títulos, sazonados por la energía inútil de mis 25 años, se ríe a carcajadas desde el cajón de mi escritorio.

La banalidad, la desilusión, la mediocridad canonizada por la ley del enchufismo nos está torturando, deshaciendo, convirtiendo en papilla dulce –o amarga, dependiendo del caso-. Pero hay que seguir. Hay que decirle a esa galleta que no tiene razón, que la tormenta no dura para siempre y el sol debe encontrarnos despiertos, cuando regrese. Decir esto es fácil: lo complicado es no venirse abajo. Pero las grandes crisis son el caldo de cultivo de las generaciones más brillantes.