Mick Jagger: Comprensión hacia el Diablo

El músico Mick Jagger en la actualidad

Lo conocí en persona el año pasado, la última vez que los Rolling Stone pisaron Madrid, durante su ambiciosa gira “14 On Fire”. Saltó al escenario retorciendo su escuálido cuerpo como una lagartija inquieta y habilidosa con chaqueta roja, conquistando al enfebrecido público desde el primer momento.  Si se hubiera limitado a quedarse parado, el público habría enloquecido de la misma forma, porque quien estaba allí, delante de nosotros, no era un ser humano como tal, sino una leyenda viva del rock. Pero Mick Jagger (Dartford, Reino Unido, 1943) nunca decepciona y sus saltos, bailes y florituras resultaron dignos de un veinteañero, a pesar de que la persona que los ejecutaba había sobrepasado los 70. Hoy, el Diablo más célebre del rock cumple 72 y se me hace necesario escribir sobre él, sobre esa figura que ha levantado, a lo largo de su dilatada carrera musical, los más desaforados amores y odios.

Jagger es algo así como el rey de lo kitsch en el rock, en cuanto a estética. Sus vestimentas estrafalarias se han ido intensificando con la edad y creo que jamás olvidaré las pieles rojas y negras con que se cubrió el año pasado en el escenario del Santiago Bernabeu –adornado este con llamas muy realistas- mientras interpretaba el tema que lo catapultó al estrellato: aquel “Sympathy For The Devil” que compuso a finales de los sesenta, inspirado por un libro que le había regalado su por entonces novia, la actriz y modelo Marianne Faithfull. El libro no era otro que El maestro y Margarita, del escritor soviético Mijaíl Bulgákov. En la canción, Jagger da voz a Satanás y se confiesa autor de todos los crímenes de la historia de la Humanidad, aunque, desde luego, sin perder la elegancia: es el suyo, como el de Bulgákov, un diablo refinado y cortés, de una maldad aguda y elegante.

Keith Richards y Mick Jagger en los sesenta
Keith Richards y Mick Jagger en la actualidad

El eclecticismo de Jagger no se limita a la vestimenta: ha explorado todos los ámbitos, desde el cine, pasando por el teatro hasta llegar a la economía, que comenzó a estudiar en su juventud, abandonando dichos estudios para dedicarse de lleno a los Stone, pero cuyo dominio le ha servido para convertirse en el contable por excelencia de la banda –y, si le añadimos su proverbial egoísmo, concluimos que ha sido, en efecto, un buen contable-. Y ya dentro de la banda, es el miembro que más ha apostado por la inclusión de géneros tan extravagantes como la samba para mezclarlos con el rock más tradicional. Lo cierto es que el alma de Jagger es más popera que rockera y que los Rolling no serían lo que son si no fuera por la firme resistencia del guitarrista, Keith Richards, un rockero de raza de los que ya no quedan. Gracias a él, la banda no se ha llegado a convertir en una versión extendida de Michael Jackson.

Es precisamente la compleja relación de Jagger con Richards la que ha protagonizado las polémicas en muchas ocasiones, a lo largo de la historia de los Stone y especialmente en los ochenta, cuando el grupo estuvo a punto de desintegrarse. Ambos fueron compañeros en el colegio y amigos de infancia y, después de que sus caminos se separasen, a los 17 se reencontraron y se dedicaron juntos a la pasión que compartían: la música. Fue por entonces cuando el rubio y talentoso Brian Jones los reclutó para la banda que acababa de fundar y que pasaría a la Historia: los Rolling Stone. Aquel fue el dichoso comienzo: Jagger y Richards unieron sus fuerzas para componer algunos de los temas más sonados del grupo, aunque sin llegar a la genialidad del erudito musical Brian Jones, quien, sin embargo, tenía un carácter extremadamente complejo y autodestructivo que acabaría con él. Jones era el genio en la sombra porque Jagger, aunque no le alcanzara en conocimientos musicales y maestría, poseía algo mucho más esencial para una banda de rock: un tremendo carisma en los escenarios, la capacidad de levantar pasiones y de dirigir la economía de la empresa en la que poco a poco se convertiría el grupo.

Brian Jones y Mick Jagger en los sesenta

Mick Jagger y Keith Richards acabaron ocupando el lugar de Brian Jones en 1969, cuando el ilustre fundador de los Stone se hallaba casi consumido por las drogas y el alcohol. Poco tiempo después de apartarlo de la banda, Jones falleció en extrañas circunstancias en la piscina de su mansión. Las malas lenguas acusan directamente –y sin pruebas- a Jagger y Richards de su muerte. Los dos eran buenos amigos, por entonces. Con el tiempo, sus visiones contrapuestas de la música y de la vida, en general, los acabaron distanciando hasta la situación actual, en la que se toleran cortésmente como un matrimonio divorciado que tiene en común un hijo, en este caso, una banda de rock. Ambos son conscientes de que se necesitan mutuamente para que ese hijo continúe vivo –y dando beneficios-.

Dichos beneficios alcanzan en Mick Jagger –Sir Mick Jagger, desde 2003- la apabullante cifra de 240 millones de euros, los que se calcula que componen su fortuna personal. Jagger es hoy casi una empresa en sí mismo, una imagen marketiniana. Su inconmensurable fortuna solo es comparable a su legendario ego y a la pasión que sigue mostrando en los escenarios. Y sí: ya sabemos que su lustrosa melena castaña, idéntica a la de su juventud, lleva incorporados varios implantes; que sus morritos característicos son fruto ya del bótox; que mantener el tipo le cuesta una dieta extremadamente estricta y un programa de ejercicios diarios que se podría considerar criminal para una persona de su edad. No es fácil la vida de un viejo rockero que se resiste a envejecer. Pero reconozcamos que Jagger, más allá de su dudosa moralidad, ha sido la cara visible de los Stone y el responsable, en gran medida, de que estos se hayan convertido en la banda más longeva de la historia del rock. Qué sería hoy de los Rolling sin las carnavalescas actuaciones de Jagger, en las que todavía conserva la chispa de su antigua sensualidad, como un viejo diablo refinado y malévolo que sabe dónde da cada uno de sus pasos.

Hoy Jagger cumple 72. Y los seguidores de los Rolling Stones seguimos “encantados de conocerlo”…

Mick Jagger en la actualidad
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Desmitificando a Brian Jones

Brian Jones, fundador de The Rolling Stones, en los sesenta
Brian Jones, fundador de The Rolling Stones, en los sesenta

La banda de rock más longeva de la Historia, The Rolling Stones, sigue albergando un episodio oscuro a día de hoy. Dicho misterio, aunque haya sido olvidado parcialmente con el paso de los años y desplazado al territorio de la leyenda, tiene nombre y apellido, Brian Jones, y hoy cumpliría 73 si no hubiera fallecido en extrañas condiciones en 1969.

Que Mick Jagger siempre ha sido la cara visible del grupo es un hecho, pero la crítica jamás ha dejado de reconocer el papel esencial de Jones, sin el cual los Stones no existirían: él fue el fundador, quien reclutó a Jagger y a Keith Richards, y la mente pensante detrás de cada actuación, de cada tema; al menos, durante los primeros tiempos. Bautizó el grupo, inspirándose en un viejo tema de su ídolo Muddy Waters, y enseñó a sus compañeros a sacarle partido a la guitarra, a elegir el vestuario, a comportarse en los escenarios. Hijo de un apasionado del jazz y de una pianista, la música formó parte de su persona desde su más tierna infancia. Hacía música de manera espontánea, natural, sin esfuerzos adicionales. Dominaba todo tipo de instrumentos, desde los habituales –guitarra, bajo, teclados y batería- hasta los más complejos, como saxofón o violín, pasando por algunos tan originales como el arpa, la cítara o el acordeón. El único instrumento que se le resistía era la voz. Y en este punto de la ecuación es donde entraba Mick Jagger.

Jagger complementaba a Jones en el sentido de que él poseía aquello que al genio musical le faltaba: no solo la voz, sino también la extroversión necesaria para quedarse con el público y levantar pasiones. Por eso, en las grabaciones de la época contemplamos a un exultante Jagger, cantando a grito pelado y dejando boquiabierto al escenario con sus saltos y cabriolas y, cerca de él, Richards, con su aire de rebelde sin causa, tocando la guitarra con maestría. Un poco más allá, bajo el riesgo de pasar desapercibida para aquellos que no hayan profundizado mucho en la historia de los Rolling, la discreta figura de un joven rubio, con un característico flequillo largo y unas ojeras canallas que hacían las delicias de sus fans: Brian Jones.

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Como gran parte de las estrellas del rock, Jones comenzó muy bien para después ir cayendo en una espiral de drogas, alcohol y desenfreno. Se fue hundiendo lentamente, perdiendo su “toque”. Esta circunstancia fue aprovechada en extremo por Mick Jagger, que siempre había sentido celos por él. Jagger se alió con Richards para ir desplazando poco a poco a Jones, que ya no tenía capacidad para lidiar al frente de un grupo. Jones no se rebeló el día que sus compañeros acudieron a su casa para explicarle que debía apartarse de la banda. Lo cierto es que él llevaba mucho tiempo lejos, sin implicarse, perdido por sus propios infiernos personales. Unos días más tarde, fue encontrado muerto en su piscina. Los médicos lo atribuyeron a un ataque de asma –enfermedad que padecía desde niño- combinado con un abuso de las drogas que se había incrementado en los últimos tiempos. Enseguida, surgieron las teorías que apuntaban a sus compañeros de la banda como posibles asesinos, basándose en los celos furiosos de Mick Jagger. Pero no hemos de olvidar que, en aquel momento, Jones era un personaje decadente, digno de lástima.

En este sentido, hay que valorar la opinión de Keith Richards, que a pesar de haber sido un auténtico “cabra loca” ha demostrado, también, ser muy razonable y honesto en sus observaciones. Richards, que reconoce la existencia de los omnipresentes celos de Jagger –con quien mantiene una relación de amor-odio desde la década de los ochenta-, afirma, también, que soportar a Jones se convertía cada vez más en un reto imposible, porque el músico había emprendido un viaje imparable hacia su propia autodestrucción. Richards siempre fue el apoyo de Jones en el grupo, hasta que comenzó a salir con Anita Pallenberg, la que había sido novia, hasta ese momento, de Brian. Siempre se ha acusado a Richards de “robarle la novia”, pero los que enjuician este hecho deberían considerar a Pallenberg como una persona autónoma y capaz de tomar decisiones por sí misma. Si cambió a Jones por él, sus motivos tendría y, de hecho, Brian Jones no era conocido por tratar bien a las mujeres, precisamente. Las personas más cercanas a él lo definen como mujeriego y posesivo.

Anita Pallenberg y Brian Jones
Anita Pallenberg y Brian Jones
Anita Pallenberg y Keith Richards
Anita Pallenberg y Keith Richards

Trascendiendo lo personal,   algunos puristas opinan que, desde la muerte de Jones, los Stones perdieron su esencia y casi el sentido de su existencia. Tal vez decir esto sea exagerar. Aunque los Rolling le deben su aparición a la genialidad musical de Brian Jones, tras su muerte supieron defenderse muy sobradamente e ir haciéndose un hueco en el Olimpo del rock. Algunos temas esenciales, como “Miss You”, proceden de la época en la que Brian ya no estaba, y en el seno del grupo se fraguaba una feroz batalla de egos entre Jagger y Richards que tuvo su punto álgido en los ochenta, pero que fueron capaces de superar, o de aprender a vivir con ella. Hoy constituyen uno de los pilares básicos del rock de todos los tiempos.

Y Brian Jones se ha quedado a vivir para siempre en la leyenda, envuelto en su enigma, rodeado de teorías conspiratorias. Brian Jones, ¿víctima o tirano? ¿Genio introvertido -e incomprendido- o machista y despótico? ¿Quizá todo a la vez? Brian Jones, ídolo sombrío de tantas figuras del rock, desde Jim Morrison hasta los miembros de Burning. Fundador del terrible Club de los 27. Paradójico y enigmático, nos sonríe displicente en la distancia, rubio y eternamente joven, con su flequillo liso cayéndole sobre los ojos, de un azul pálido remarcado por aquellas características y sempiternas ojeras. Y hay en su sonrisa un sello de eternidad.

The Rolling Stones en los sesenta
The Rolling Stones en los sesenta

¿The Beatles o The Rolling Stones? La eterna lucha del rock

¿Eres de los Beatles o de los Rolling? He ahí la sempiterna pregunta en el universo del rock: una pregunta que tuvo sentido en las décadas de los sesenta y los setenta, pero que hoy en día resulta más bien vacía. Hace un año, no hubiera tenido ninguna duda acerca de mi respuesta; sin embargo, en los últimos meses he podido profundizar más en el trabajo de los Stones y familiarizarme con él, replanteándome en numerosas ocasiones la cuestión y llegando al punto de escribir este artículo al respecto.

John Lennon y Mick Jagger en los sesenta
John Lennon y Mick Jagger en los sesenta

Atendiendo al legado de cada grupo, The Beatles se consideran mucho más representativos, puesto que todo el pop internacional posterior bebe de ellos. Es, sin posibilidad de discusión, la banda más influyente en la historia de la música popular. La influencia de The Rolling Stones es más reducida y se limita a artistas y grupos concretos, como Jefferson Airplane, Rod Stewart, David Bowie, Oasis o Guns’N Roses. Los propios Rolling se inspiraron en sus compatriotas, los Beatles, cuando comenzaron su carrera, aunque supieron trazar su particular camino.

Lo cierto es que los Beatles comenzaron con ventaja y existen variadas razones –algunas de ellas, pertenecientes al terreno del mito- por las que su fama se halla por encima. Nos centraremos en cinco:

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1) Iniciaron antes su carrera:

Corría el año 1962 cuando The Beatles grabaron su primer sencillo, “Love Me Do” –firmada por Lennon-McCartney-, en los EMI Estudios de Londres, para el sello discográfico Parlophone. Tuvo un éxito moderado, pero el siguiente, “Please Please Me”, gozó de una estupenda acogida. Comenzaba la meteórica carrera de los Cuatro de Liverpool.

En 1963, la formación original de The Rolling Stones tocaba, cada domingo, en el Crawdaddy Club de Richmond. Allí los conocieron los Beatles, que rápidamente supieron reconocer su talento. Uno de ellos, George Harrison, los ayudó recomendándolos a la discográfica Decca Records, y poco después los Rolling estaban grabando su primer sencillo, “Come On”, éxito original del legendario Chuck Berry.

Cuando Sus Satánicas Majestades comenzaron, los Beatles ya les llevaban ventaja: en solo un año, se habían convertido en el grupo más popular del momento en Reino Unido. Su primer álbum, Please Please Me, lanzado en 1963, encabezó las listas de éxitos británicas. Desde su ventajosa posición, los Beatles ayudaron a los Rolling a despegar, sin ocultar la admiración que por ellos sentían, pero desde la comodidad de considerarse “los maestros”, consideración que los condujo a una suerte de “efecto Pigmalión”. Así, cuando los Rolling alcanzaron el éxito, nació una fuerte rivalidad entre el beatle John Lennon y Mick Jagger, el cabecilla de los Stones, que fue acusado por el primero de burdo imitador. Esto no es cierto, comparando la trayectoria musical de ambos grupos; pero al final, de todas las acusaciones, siempre queda algo que se va transmitiendo a lo largo de los años y que nos hace regresar a la pregunta: “¿Qué fue antes, los Beatles o los Rolling?”, saliendo vencedores los primeros.

The Beatles en sus inicios. De izquierda a derecha: Ringo Starr, John Lennon, Paul McCartney y George Harrison
The Beatles en sus inicios. De izquierda a derecha: Ringo Starr, John Lennon, Paul McCartney y George Harrison

2) Poseían los ingredientes estéticos para gustar al gran público:

Antes de conocer a Brian Epstein, su representante, los Beatles actuaban en el Cavern Club de Liverpool con pantalones vaqueros, chaquetas de cuero y tupés. Fumaban, comían pollo en el escenario y lucían con orgullo su condición de chicos humildes de barrio. Epstein fue quien les indujo a adoptar una actitud más profesional, que incluía la pulcritud de sus peinados y trajes correctísimos de la etapa inicial.

El papel de galanes, de “niños buenos”, ya estaba, pues, cubierto, cuando los Rolling aparecieron en escena. Andrew Loog Oldham, su publicista, era también el de los Beatles, y tuvo que buscar un modo de diferenciarlos, optando por potenciar su imagen de rebeldes irreverentes, de “vándalos juveniles”, que era la opuesta a la que tenían Lennon y los suyos. La leyenda que sitúa a los Beatles como pacíficos idealistas defensores del orden y a los Rolling como seductores caóticos es respuesta, por tanto, a esta estrategia inicial de marketing, que no hizo sino incrementarse con el paso de los años. También incluye la idea de asociar a los Beatles con el género pop y a los Rolling con el rock duro. Esto es consecuencia de que los rockeros que se consideraban rebeldes tenían muy en mente la imagen que los Rolling se habían formado, y esa actitud, más que el contenido musical, era la que marcó muchas influencias.

Los Beatles, entrenados para aparentar ser políticamente correctos, fueron los favoritos del gran público porque supieron llegar a todo el mundo. Los irreverentes Rolling quedaron relegados a aquellos que hacían de la rebeldía su marca personal. Ni siquiera en su etapa hippie lograron los Beatles imponerse a esta imagen. Mientras en Estados Unidos se producían los sucesos de Mayo del 68, Lennon entonaba su pacifista tema “Revolution”, que criticaba a aquellos que utilizaban la violencia como forma de rebelarse: “Dices que quieres una revolución; / bueno, todos queremos cambiar el mundo, ¿sabes? / […] Pero cuando hablas de destrucción, / ¿no sabes que no puedes contar conmigo? / […] Todo lo que te diré es: hermano, debes esperar, / ¿no ves que todo va a ir bien?”. Como es lógico, la sociedad asoció el tema con connotaciones conservadoras, muy distintas a las que destilaba “Street Fighting Man”, el tema que los Rolling compusieron por la misma época para manifestarse contra la Guerra de Vietnam. En él, lanzaban un alegato a favor de la acción directa: “¡Oye! Creo que es el momento perfecto para una revolución en Palacio / pero, donde vivo, lo que se lleva es la sumisión. / […] ¡Oye! Me llaman ‘alteración del orden’. / Hablaré fuerte y gritaré, mataré al Rey, / humillaré a todos sus sirvientes”. Tras este episodio, los sectores más progresistas se distanciaron de los Beatles y se fueron acercando a los Stones.

Curiosamente, detrás de estas máscaras impuestas, los Rolling provenían de familias acomodadas y Jagger estaba más ansioso de fama que de solventar cualquier conflicto social. Los Beatles, por su parte, tenían muy poco de angelitos.


3) Sus integrantes fueron casi los mismos desde el inicio:

Sus nombres forman parte de la cultura popular, recordados por personas que no tienen por qué considerarse melómanas ni amantes del rock. Los Cuatro de Liverpool –John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr-, presentes desde los primeros tiempos. Solo hubo un baterista previo a Starr, Pete Best, que fue sustituido a partir de la grabación del primer álbum, y un bajista que no duró ni siquiera hasta ese momento: Stuart Sutcliffe. El hecho es que desde que los Beatles comenzaron a abrirse paso en Gran Bretaña, eran solo los cuatro nombres míticos los que sonaban entre el público. En años posteriores, se mantuvo la formación original, adquiriendo cada uno de los integrantes una fama y consideración propia entre los fans: Lennon, el genio creativo y rebelde; McCartney, el más “empresario” y autor de las baladas más románticas; Harrison, místico y trascendental y, por último, el original y simpático Ringo Starr. Si realizáramos una encuesta a pie de calle, nos encontraríamos con que más gente de la que pensamos es capaz de mencionar, al menos, a dos de los cuatro Beatles.

Pero si en esa misma encuesta se preguntara por el nombre de los integrantes de los Rolling Stones, solo una pequeña parte de los encuestados sabrían responder correctamente y muchos se limitarían a mencionar a Mick Jagger, cabecilla de la banda. La razón no se debe únicamente a la mayor fama de los Beatles, sino también a que la formación original de los Stones no se ha mantenido a lo largo de las décadas, por lo que resulta más difícil de recordar. Cuando comenzaron, eran también cuatro: el malogrado y apocalíptico Brian Jones, el carismático y egocéntrico Mick Jagger, Keith Richards, rebelde víctima de los demonios de la drogadicción y dos nombres más que no continúan: Ian Stewart y Dick Taylor. A lo largo de su extensa carrera, los nombres han ido variando, manteniéndose solo dos de los miembros fundadores: Mick Jagger –el alma del grupo- y Keith Richards –la cara oscura de la moneda-. En la actualidad, la banda la completan el impávido baterista Charlie Watts, integrante desde 1963, y el entrañable Ronnie Wood, que fue adoptado por los Stones en 1975.

Podríamos afirmar que, mientras el eje de los Rolling lo constituye la música, los Beatles se centraron mucho más en explotar sus personajes, o lo lograron sin pretenderlo y sin que esto afectara a la calidad de su trabajo -¿alguien puede imaginarse la mítica banda sin Ringo Starr, por mencionar al miembro menos “esencial”?-.

Además, los Rolling cuentan con su propio pasaje oscuro en la historia del rock: el misterioso fallecimiento, en 1969, del fundador, Brian Jones, con tan solo 27 años –Jones se convertiría en el primer desdichado miembro del “Club de los 27”-. El joven apareció muerto en la piscina de su mansión, después de haber discutido con el resto de Stones en los últimos tiempos, hasta el punto de apartarse de la banda que él mismo había fundado. Algunas teorías conspiratorias acusan directamente a sus compañeros como responsables de la muerte, porque Jones, el cerebro de la banda, constituía un enojoso obstáculo para el ego de Jagger. La verdad, nunca la conoceremos.

Muchos críticos consideran que, desde la pérdida de Jones, los Rolling Stones no podían ser lo mismo, igual que si les hubiesen arrancado un brazo o una pierna.

The Rolling Stones en los sesenta. De izquierda a derecha: Brian Jones, Mick Jagger, Keith Richards y Charlie Watts
The Rolling Stones en los sesenta. De izquierda a derecha: Brian Jones, Mick Jagger, Keith Richards y Charlie Watts

4) Exploraron todos los estilos musicales y fueron grandes innovadores:

Esta es, probablemente, la única razón verdadera, más allá del mito, por la que los Beatles pueden considerarse musicalmente superiores. Con unos comienzos marcados por la influencia del rock tradicional –Chuck Berry o Elvis Presley- y el R&B, en la década de los sesenta se adentraron por el novedoso territorio de la psicodelia, abriendo nuevas fronteras al género pop. Exploraron el country, realizaron mezclas con música clásica: no se dejaron ningún estilo en el tintero. De aquel entrañable “All My Loving”, pasamos al original barroquismo de “Eleanor Rigby” y de ahí a la divertida psicodelia de “I Am The Walrus”. Un estudio pormenorizado de la evolución de la música de los Beatles ocuparía varios manuales.

Los Rolling Stones, en cambio, no han resultado tan revolucionarios. Afirmar que no han evolucionado en todos los años de carrera tal vez sería una exageración, pero, si los comparamos con sus vecinos de Liverpool, el cambio resulta notablemente menor. El estilo inicial, mezcla de rock con géneros como el reggae, el country o el R&B, también se puede apreciar en las últimas composiciones.

The Beatles en su etapa psicodélica. Extracto de la portada de Magical Misterty Tour
The Beatles en su etapa psicodélica. Extracto de la portada de Magical Mistery Tour

5) Permanecen en el territorio de la leyenda:

1970  fue el año, fatídico para muchos, en el que los Beatles se separaron. El principal motivo, aunque encubierto: el creciente distanciamiento entre Lennon y McCartney, que iniciaron su carrera musical por separado.  Diez años más tarde, Lennon era asesinado en su misma calle por un psicópata llamado Mark David Chapman. Para entonces, había firmado temas en solitario tan míticos como “Imagine” o “Give Peace a Chance”. Así, en 1980, Lennon –para gran parte de la crítica y de los beatlemaníacos, el auténtico cerebro creativo de la banda- internaba en el Olimpo de la música. La leyenda comenzaba. El siguiente en morir sería George Harrison, en 2001. Actualmente, Ringo y Paul permanecen en activo, como huellas testimoniales de aquel fenómeno que sacudió, durante una década, el mundo occidental.

Los Rolling, por su parte, nunca llegaron a disolverse. En su piel de rockeros septuagenarios, Mick Jagger y su banda continúan haciendo de las suyas en los escenarios, sin escatimar en saltos, carreras y piruetas, como si jamás hubieran pasado de la veintena, constituyéndose como el grupo más longevo de la historia del rock. Ellos también son leyenda, pero leyenda viva. Y eso –seamos sinceros- siempre le resta parte de su encanto legendario. Los Stones conservan su satánica esencia, pero continúan entre nosotros, haciendo giras y publicando álbumes. La clave será esperar al día en que, por fin, abandonen. Que, por otra parte, esperemos que no llegue demasiado pronto…

The Rolling Stones, rockeros septuagenarios
The Rolling Stones, rockeros septuagenarios. De izquierda a derecha: Charlie Watts, Keith Richards, Mick Jagger y Ronnie Wood

Pólvora y leyenda: The Rolling Stones regresan a Madrid

Hay momentos legendarios en la historia del rock and roll y puedo afirmar, con mucho orgullo, que ayer viví uno de ellos. The Rolling Stones, la banda de rock más longeva de todos los tiempos, visitaba de nuevo Madrid. Se trata de la gira europea por su quincuagésimo aniversario: Rolling Stones 14 On Fire.

La primera vez que vinieron fue en plena movida madrileña, allá por julio de 1982. El evento tuvo lugar en el Vicente Calderón, el estadio del Atlético de Madrid, y el grupo invitado era la J. Geils Band. Por entonces, España acababa, prácticamente, de salir de una dictadura, y el rock comenzaba a despertar a la juventud. De aquel mítico concierto, los rockeros más veteranos recuerdan la poderosa tormenta –con rayos y relámpagos incluidos- que no impidió, sin embargo, que Sus Satánicas Majestades dieran lo mejor de sí mismos, quedándose para siempre en la memoria de los españoles.

Mick Jagger y Ronnie Wood durante el concierto en Madrid de 1982
Mick Jagger y Ronnie Wood durante el concierto en Madrid de 1982

En esta ocasión, paradójicamente, el lugar elegido para el evento fue el estadio Santiago Bernabeu, el del Real Madrid, los eternos rivales de los rojiblancos. En la línea 10 de metro, los seguidores de los Stones nos reconocíamos por las camisetas con el célebre logo de la lengua. Miradas cómplices y una emoción a flor de piel que parecía presentir el acontecimiento musical más inmenso en muchos años acaecido en España. Al llegar junto al estadio, me encontré con zonas cortadas al tráfico, vendedores ambulantes de refrescos, cafeterías que comercializaban bocadillos a precio de caviar y gente, mucha gente con camisetas de los Rolling, con pañuelos y cintas en la cabeza, haciendo colas estratosféricas para coger un buen sitio en cuanto abrieran las puertas. Distintas cadenas de radio y televisión deambulaban por nuestros alrededores, haciendo entrevistas por doquier. Había personas que llevaban acampando desde el día anterior. Durante la espera, el tema de conversación que recuerdo más frecuente es en torno al pésimo criterio de la organización del concierto para elegir a Leiva, antiguo integrante del dúo madrileño Pereza, como telonero.

En cuanto abrieron las puertas, con algo de retraso,  una marabunta abordó el estadio. Mi entrada, por supuesto, era para pista –como tanta gente, prefiero la emoción de la cercanía al escenario y una mayor libertad de movimientos a la comodidad proporcionada por las gradas-. El Santiago Bernabeu, inmenso, nos recibió ataviado con sus mejores galas.

El escenario del Bernabeu, momentos antes de producirse la llegada de los Rolling Stones
El escenario del Bernabeu, momentos antes de producirse la llegada de los Rolling Stones
Frente al escenario del concierto
Frente al escenario del concierto

Logré entrar en la zona VIP, que es la más próxima al escenario. La gente comenzaba a agolparse ante la inminente llegada de Leiva, que tuvo que recurrir a más de un tema de Pereza para satisfacer mínimamente al personal. Nos dedicó una actuación gris y deslucida, de la que puede destacarse una versión del célebre tema de Los Rodríguez “Hace calor”, acompañado por el mismísimo Ariel Rot. Respecto a Leiva, el público veterano protestaba porque “ese niñato” no pintaba nada en un concierto de los Rolling y, entre los más jóvenes, se escuchaban propuestas de todo tipo, algunas de las más alocadas consistían en apedrear al cantante hasta que este se fuera a casa. Finalmente, su actuación transcurrió sin mayores contratiempos y la frustración de muchos asistentes quedó anestesiada por su interpretación del popular tema de Pereza “Lady Madrid”.

La elección de Leiva como telonero fue, desde luego, muy desacertada, y desató la polémica debido a unas declaraciones en 2012 del propio cantante que los fans de los Stone no podemos olvidar, en las que opinaba que Sus Satánicas Majestades deberían haber abandonado los escenarios hace mucho tiempo.

El cantante español Leiva
El cantante español Leiva

Recuerdo el leve olor a sudor en el ambiente, los vasos de plástico con cerveza fría que se agitaban en el aire, los empujones y las voces chillonas de unos argentinos que, a mi lado, agitaban la bandera de su país, mostrando su improcedente orgullo patrio. Entonces, el escenario quedó inflamado por uno de esos prodigios de la pirotecnia propios de los conciertos legendarios, y los Rolling Stones hicieron acto de presencia, interpretando el tema “Jumpin’ Jack Flash”. Fui testigo de cómo el mito se hizo de carne y hueso: aquella banda que comenzara su andadura en 1962 y que fue contemplada como el primer rival serio de The Beatles, aquella que sentó las bases del rock contemporáneo, se encontraba ahora a unas decenas de metros de donde yo estaba. El líder y vocalista, un hiperactivo Mick Jagger, corría de un lado al otro del escenario agitando su melena y moviendo las caderas, exaltando al público con su voz flexible y seductora. El próximo 26 de julio, Jagger cumplirá 71. Sobre él hay poco que añadir: se trata de una auténtica leyenda viva que parece haber hecho un pacto con el Diablo, con la misma cortesía de la que alardea en la letra del famoso tema “Sympathy For The Devil”, que se escuchó envuelto en llamaradas en el concierto del Bernabeu. Jagger, cubierto con unas pieles rojas y negras durante los minutos que duró esa canción, parecía desafiar al paso del tiempo y hasta a la muerte.

Mick Jagger durante el concierto
Mick Jagger durante el concierto

El público clamó también ante la carismática presencia del guitarrista Keith Richards, que interpretó dos temas como vocalista: “You Got The Silver” y “Can’t Be Seen”. Mientras que la apariencia de Jagger se veía aderezada por los milagros de la cirugía estética, en el ajado rostro de Richards se apreciaban todos los estragos propios de su edad, que ya asciende a 70 años. Su cabello, oscuro hace unos pocos años, se hallaba completamente blanco, lo cual no le impedía lucir en él su habitual cinta elástica. El contraste entre su aspecto de entrañable abuelito y la energía que rezumaba de su figura, combinada con la atrevida vestimenta, resultaba, por tanto, aún más sorprendente que en el resto.

A la batería, el flemático Charlie Watts, impoluto en su tarea. Watts es el mayor de la banda: recientemente, ha cumplido los 73. Él, al contrario que Jagger y Richards, no fue uno de los miembros fundadores de The Rolling Stones, pero se incorporó sólo un año después de la formación del grupo, en 1963, sustituyendo a los bateristas Tony Chapman y Carlo Little.  El segundo guitarrista, Ronnie Wood, con un sorprendente aire juvenil a sus 67 años, tampoco estuvo presente en los comienzos de la banda: formó parte de otras, como la famosa The Birds. Su llegada a los Rolling Stones no se produjo hasta 1975, sustituyendo a Mick Taylor, quien hizo acto de presencia en el concierto de anoche, luciendo su depurado estilo en el tema “Midnight Rambler” y convirtiéndose en la aclamada sorpresa de esta nuevavisita a Madrid de los Stones.

Entre aquellas leyendas de carne y hueso, no pude evitar pensar en el ausente Brian Jones, primer líder de la banda, fallecido en extrañas circunstancias en 1969, trágico “miembro fundador” del funesto “Club de los 27”. Su muerte se produjo poco después de abandonar voluntariamente a los Rolling, debido a diferencias insalvables que fueron surgiendo entre ellos.

Keith Richards durante el concierto. De fondo, Charlie Watts a la batería
Keith Richards durante el concierto. De fondo, Charlie Watts a la batería
Ronnie Wood y Keith Richards durante el concierto
Ronnie Wood y Keith Richards durante el concierto
Brian Jones, primer líder de The Rolling Stones, fallecido en 1969
Brian Jones, primer líder de The Rolling Stones, fallecido en 1969

Entre los temas más afamados, sonaron “Brown Sugar” y “Start Me Up”. La réplica comenzó con el Coro de la JOMCAM interpretando “You Can’t Always Get What You Want”, al que seguiría un enérgico Mick Jagger, y finalizó con el popular –y sobrevalorado, en mi modesta opinión- “Satisfaction”. Faltaron grandes canciones, como “Wild Horses” –el tema que Jagger y Richards compusieron, inicialmente, para los Flying Burrito Brothers- y se echó de menos, muy especialmente, “Paint It Black”. A cambio, disfrutamos de “Like A Rolling Stone”, la popularísima versión del tema original de Bob Dylan que triunfó en la encuesta que se realizó en Madrid a propósito de qué tema prefería el público que tocaran –ofrecían otras jugosas opciones como “Get Off My Cloud”-. Y, en mi opinión, la interpretación más emotiva: “Angie”, que Sus Satánicas Majestades se reservan para sus visitas a España, país donde la canción tiene mejor acogida. Mientras pedía a Angie que no llorara, Jagger, ataviado con una chaqueta azul brillante, extendía los brazos como un gurú del rock en una suerte de abrazo al extasiado público, componiendo una imagen que nunca podré olvidar. Los Stones se marcharon envueltos en llamaradas de pirotecnia, tal como habían llegado, dejando en el aire emocionado un aroma a pólvora y leyenda.

En el viaje de vuelta, en el metro, la casualidad quiso que conociera a Julia, miembro del Coro de la JOMCA que había acompañado a los Rolling en la interpretación de “You Can’t Always Get That You Want”. Emocionada, me contó que sus compañeros y ella llevaban muchas horas en el Bernabeu, preparando la actuación junto a la banda. No les permitían llevar móviles ni cámaras, ni siquiera pedir autógrafos. Julia, que ya era fan de los Rolling antes de subir con ellos al escenario, contemplaba la experiencia como un momento único en su vida y relataba la asombrosa vitalidad de los viejos rockeros. Sin duda, algo que podrá contar a sus futuros nietos…

En síntesis, el de anoche en Madrid fue un concierto apoteósico, que satisfizo, sin duda alguna, a los 50.000 espectadores que tuvimos la suerte de experimentarlo en vivo. Los Rolling, lejos de resultar decadentes, nos dieron la mejor muestra de su música, demostrando por qué se han convertido en una leyenda, haciendo otra vez historia en esta nueva visita a la capital de España. Fue rock and roll en estado puro, que hablaba de épocas en las que uno todavía podía estar orgulloso de pertenecer a su generación musical, un auténtico contraste con el desierto cultural que ahora nos asola. Y a los que puedan acusarme de “nostálgica”, les responderé con la célebre consigna de los Stone: “It’s only rock’n roll, but I like it!!”.

The Rolling Stones en los sesenta
The Rolling Stones en los sesenta

Gram Parsons y The Flying Burrito Brothers

Se cumplen 40 años del fallecimiento en 1973 de Gram Parsons, famoso por haber liderado la banda de country rock The Flying Burrito Brothers.

El cantante estadounidense Gram Parsons
El cantante estadounidense Gram Parsons

Hoy el nombre de The Flying Burrito Brothers puede resultar cómico para cualquiera que no sea un aficionado al rock clásico, pero en 1969 era la sensación explosiva del momento. Los Flying participaban en conciertos junto a grupos míticos como The Doors u otros de surgimiento reciente y que aún no habían formado su propia leyenda, como Led Zeppelin. Con su llegada desterraron a exitosos grupos de country rock de los sesenta: Buffalo Springfield o The Byrds. De este último, precisamente, surgía Gram Parsons, que fue miembro fugazmente durante el año 1968. The Byrds habían alcanzado el éxito versionando temas de Bob Dylan, como “Mr. Tambourine Man” o la famosa “Turn! Turn! Turn!” de Pete Seeger -ambos del año 1965-.

En 1968, coincidiendo con la llegada de un jovencísimo Gram Parsons a la banda -que sustituía a David Crosby-, The Byrds abandonaron sus postulados folk y psicodélicos para abrazar un country rock más puro, más tradicional. Gram Parsons grabó un disco junto a ellos:  Sweetheart Of The Rodeo.

The Byrds en 1968. Gram Parsons es el segundo por la izquierda
The Byrds en 1968. De izquierda a derecha: Kevin Kelley, Gram Parsons, Roger McGuinn y Chris Hillman

Tras la grabación de Sweetheart Of The Rodeo, un conflicto interno en el grupo hizo que Gram Parsons se apartara de él, seguido por otro miembro: Chris Hillman. Junto al guitarrista Pete Kleinow -“Sneaky”- y al bajista Chris Ethridge, fundaron The Flying Burrito Brothers, debutando en 1969 con su primer disco: The Gilded Palace Of Sin.

Mientras tanto Roger McGuinn, líder de The Byrds, pagó su resentimiento con Parsons -por haberse marchado del grupo- regrabando Sweetheart Of The Rodeo, eliminando en la regrabación la mayoría de aportaciones vocales del joven, que interpretaba la voz principal en varios temas de la versión original. McGuinn era de la opinión de que la marcha de Parsons se debía, en realidad, a su necesidad de acercarse a Mick Jagger y Keith Richards, miembros de The Rolling Stones con los que había trabado amistad, sobre todo por su común afición a las drogas y al alcohol, adquirida por Parsons en la segunda mitad de los sesenta.

Sea o no verídico, lo cierto es que ambos Rolling escribieron para Parsons el tema “Wild Horses“, que los Flying Burrito Brothers incluyeron en su segundo disco, lanzado en 1970: Burrito Deluxe.

Gram Parsons junto a Keith Richards, de los Rolling Stones
Gram Parsons junto a su amigo Keith Richards, de los Rolling Stones

The Flying Burrito Brothers supuso una revolucionaria vuelta al country rock más tradicional en un momento histórico en el que triunfaban la psicodelia y los primeros ritmos electrizados. En la casa del Valle de San Fernando que utilizaban como estudio, apodada “Burrito Manor”, Gram Parsons componía letras que hablaban sobre drogas, mujeres y cuestiones sociales, que calaron rápidamente entre la juventud norteamericana. El primer disco, The Gilded Palece Of Sin (El Palacio Dorado del Pecado), fue todo un éxito, y dejó atrás a los reconstituidos Byrds. Los Flying, con sus llamativos trajes de country western, se habían abierto paso en el territorio vedado de las leyendas del rock. Inolvidables resultan algunas composiciones originales de Parsons y Hillman, como “Sin City“, “Juanita“, “Wheels” o “Hot Burrito #2“.

The Flying Burrito Brothers en 1969. Atrás: chris Ethridge y Gram Parsons. Al frente: Chris Hillman y Sneaky Pete Kleinow
The Flying Burrito Brothers en 1969. Atrás: Chris Ethridge y Gram Parsons. Al frente: Chris Hillman y Sneaky Pete Kleinow

Gram Parsons vivió muy deprisa e intensamente, como corresponde a toda legendaria estrella del rock. Perteneciente a una familia adinerada de Florida, los Connor -su verdadero nombre era Cecil Ingram Connor III-, tocaba varios instrumentos desde niño y era un gran aficionado a Elvis Presley. Cuando tenía 12 años, su padre se suicidó con un tiro en la cabeza. Siete años más tarde, su madre moriría alcohólica.

Gram, como la mayoría de rockeros de los sesenta, se fue internando cada vez más en las drogas; en su caso, se inclinó más hacia la heroína y la cocaína que hacia los alucinógenos, que comenzaban a pegar fuerte entre los hippies. Carismático, alegre y con madera de líder, se codeó con los Rolling Stones y actuó en Seattle Pop Festival celebrado en Washington en 1969, junto a Led Zeppelin, The Doors, Chuck Berry, The Byrds y otros grupos legendarios. En dicho festival, incluso llegó a compartir el asiento trasero de un Cadillac con Jim Morrison y, aunque en teoría los dos estaban demasiado ebrios para mantener una conversación coherente, lo cierto es que fue el manager de Parsons el que tuvo que sacar a Jim del coche unas horas después, cuando le tocaba actuar junto a su grupo.

En 26 años, Gram Parsons tuvo tiempo de ser miembro de varios grupos, iniciar los estudios universitarios de Teología, casarse e incluso comenzar una carrera musical en solitario, después de que el segundo disco de The Flying Burrito Brothers, Burrito Deluxe, no fuera bien acogido por el público. Sin embargo, sus tímidos inicios como cantante en solitario pasaron bastante desapercibidos en el momento, sobre todo porque Parsons estaba ya muy afectado por su drogadicción. El único disco que grabó, Grievous Angel, salió a la venta póstumamente en 1974.

A Gram Parson le faltaron unos meses para ingresar en el siniestro Club de los 27, como es llamado el grupo compuesto por Brian Jones, Jimi Hendrix, Janice Joplin y Jim Morrison, entre otros nombres, unidos por fallecer a los 27. Parsons tenía sólo 26 cuando fue encontrado muerto en un motel. La causa de la muerte fue una sobredosis de heroína, morfina y tequila.

Cuarenta años después de su muerte, los nombres de Gram Parsons y de los Flying Burrito Brothers no son tan conocidos como merecerían serlo, teniendo en cuenta el éxito que alcanzaron en su día. Tristemente, solo son recordados con cariño por los nostálgicos del country rock, y por algunos melómanos. Pero todo resurge, en un momento u otro, y yo aprovecho para resucitar el que posiblemente sea el tema más exitoso de la banda, además de mi favorito.

“Christine’s Tune”, perteneciente al primer álbum de los Flying, cambió su nombre más adelante por el de “Devil in disguise” (“Demonio encubierto”), debido a que Christine, la chica en la que se inspiraba la canción, falleció en un accidente de automóvil. Tras aquello, a los Flying no les pareció ético que su nombre figurara en el título, por esa costumbre de no hablar mal de los muertos -porque bien, precisamente, no hablaban de ella-. En el video que os dejo, podemos ver a Chris Hillman y Gram Parsons turnándose para cantar cada estrofa: