Océanique

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Conil de la Frontera, Cádiz (2017)

El mar es un olvido,
una canción, un labio;
el mar es un amante,
fiel respuesta al deseo.

Luis Cernuda

Hay personas que, como los ríos, cruzan por nuestra vida con el mero propósito, inconsciente, de conducirnos hacia el mar. Una vez creí perderme en la corriente, hallar un asomo de permanencia en su fluir constante. Pero todos los ríos acaban encontrando su desembocadura.

Es su carácter transitorio el que les concede un sentido en nuestras existencias. Su naturaleza de puente, de camino, de viaje. Hay personas que, como los ríos, dependen de la frecuencia de las lluvias, y su caudal pierde consistencia cuando el viento no sopla a su favor. Hay caudales engañosos como astros caídos, ríos que se disfrazan de piedras, personas inconstantes.

Pero el mar, el mar siempre permanece. Sumergido unas veces en su propia serenidad, otras en sus revoltosas tempestades, no hace sino crecer. Visita la orilla y vuelve a alejarse, fugitivo y misántropo, con su promesa dócil de regreso. Recibe el caudal de los ríos y lo acoge entre sus brazos líquidos, con amor y holgura, con sabia benevolencia. Hay personas como mares y hay otras tan inmensas que se parecen más a los océanos.

Qué importan los golpes contra las rocas que la corriente del río selló sobre tu cuerpo durante aquel viaje. Qué importan las sequías, la decepción, la incertidumbre, cuando ya te envuelve el océano y constatas que has alcanzado al fin tu lugar, porque tu propia esencia está hecha de agua salada y tus profundidades son abisales. Hay océanos remotos y viajes interminables. Hay personas de agua dulce, incapaces de desembocar. Criaturas que vomitan sus futuros potenciales, golpeados de rocas, sobre la costa, y continúan fluyendo, iniciando de nuevo el ciclo, sumidas en una feroz ausencia de ambiciones existenciales, en un viaje condenado a repetirse hasta la eternidad.

Pero el océano… El océano siempre permanece.

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Aire

-Nadie conoció a Aire como yo –dijo con un tono de pesar viejo escondido en la voz.
-¿Aire? ¿Quién era Aire? –le pregunté.

Luis Cernuda, “El indolente”

playa

A veces, algunas veces, vuelves, Aire, trotando entre los riscos apagados de mi playa. Todos se han ido, y sólo el sol contempla con benevolencia enmudecida tus idas y venidas, tus lengüetazos de espuma sobre la orilla. Después te sientas a pasear tu mirada por el crepúsculo.  Las hebras finas, como de oro, de tu cabello, dibujan paraísos suaves que se recortan sobre el horizonte.

No tienes frío, Aire. No tienes nada de lo que arrepentirte. No eres de verdad, y constituyes la verdad más límpida que he conocido. Me miras como siempre, con esa picardía inocente que parece invitarme a coger tu mano, a pasear contigo por entre las estrellas de la tarde que el firmamento se deja olvidadas en cada amanecer.

Quizá algún día, cuando la realidad se vuelva demasiado sucia y yo tenga miedo de apagarme, tome al fin tu mano, Aire, y me vuelva yo también un torbellino de carne y de cabellos rubios, invadida de luz, siendo más luz que el propio sol, trotando sobre los riscos amables de nuestra playa. Porque quiero caminar sobre la arena sintiendo el frío de la sombra sobre mis pies desnudos. Porque quiero saber que sigues vivo, en alguna parte, y quiero ser tú; trotar, soñar, hacerme sol. Olvidarme de las mezquindades del mundo.

El mar no te asesinó, Aire. Me lo dicen tus ojos rubios que sonríen a la tarde, muy tarde, cuando acariciados por el mar nos sentamos a devorar crepúsculos mientras hablamos en voz muy queda, casi en un susurro que la marea engulle sin piedad, volviéndolo invisible.

Voy a necesitarte, Aire. Voy a necesitarte otra vez, mucho.

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(Aire, aquel adolescente soñado por la imaginación de un poeta, no regresó, porque nunca se había ido. Siguieron necesitándose mutuamente, entrelazando sus respectivas existencias. Resulta imposible especificar cuál de ellas era más real.

Ahora, ella vuelve algunas veces a la playa. Baila con el viento y con los cabellos pálidos de Aire, coloreándose, vistiéndose de sol. Únicamente lo hace cuando la realidad se torna demasiado sucia y su mirada demasiado opaca, cuando llueven recuerdos.)

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  • Esta prosa poética ha sido una de las tres seleccionadas para publicarse en el número especial de verano de la revista Voladas, titulado “La playa”.

Canciones de noviembre de 2014

Lo más destacado de este mes es que he dejado a un lado mis prejuicios hacia la banda de rock española Marea. Tengo que confesar que mi curiosidad comenzó cuando vi a su líder, Kutxi Romero, cantando con Rosendo en Las Ventas. Marea está en la línea de Extremoduro, pero la calidad de sus letras es, en mi opinión, inferior. No obstante, no se les puede negar el mérito, y menos si nos versionan el “Romance de la Guardia Civil” de Federico García Lorca…

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  1. Ciudad de los gitanos – Marea
  2. Que se joda el viento – Marea
  3. La luna me sabe a poco – Marea
  4. Corazón de mimbre – Marea
  5. By The Way – Red Hot Chilly Peppers
  6. Lost Stars – Adam Levine
  7. Coming Up Roses – Keira Knightley
  8. Hurt – Johnny Cash
  9. Space Oddity – David Bowie
  10. Una décima de segundo – Nacha Pop
  11. La Flaca – Jarabe de Palo
  12. She’s Not There – The Zombies
  13. Pánico en el Edén – Tino Casal
  14. Unidos – Parálisis Permanente
  15. Eye In The Sky – The Alan Parsons Project
  16. More Than a Woman – Bee Gees
  17. Tragedy – Bee Gees
  18. Flor D’Luna – Santana
  19. Cosita – Rosendo
  20. Dead Flowers – The Rolling Stones