Recitando en la Biblioteca Nacional

Este año han ocurrido muchas cosas. La mayoría de ellas, buenas. No quería dejar pasar 2018 sin recordar el día 14 de diciembre, cuando participé en la gala celebrada en la Biblioteca Nacional con motivo de la Entrega del Premio Adonáis, de cuya 72ª edición he sido finalista con un poemario, Noche o pájaro azul, que constaba de una segunda parte bastante experimental que podía crear pasiones o rechazos, por lo que me ha sorprendido gratamente haber llegado hasta ahí. Aunque no pasé de finalista, fue un día memorable, en el que pude leer uno de los poemas del libro en el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional, frente a los prestigiosos miembros del jurado -Carmelo Guillén Acosta, Joaquín Benito de Lucas, Julio Martínez Mesanza, Eloy Sánchez Rosillo, Enrique García-Máiquez y Aurora Luque-, los editores de Rialp, la directora de la Biblioteca Nacional y un numeroso público. Junto a mi intervención, tuvieron lugar también las de la representante de la ganadora (Marcela Duque), los dos accésit (José Alcaraz y Guillermo Marco) y los demás finalistas (Estefanía Cabello, Israel Álvarez y Aitor Francos).

Comparto aquí algunas fotografías para recordar el evento (doy las gracias a Miguel Mirón, editor adjunto de Rialp, por habérmelas enviado), y un enlace al vídeo del evento (yo recito en el minuto 26).

 

  Pulsa aquí para ver el vídeo del acto (yo recito en el minuto 26)

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Una noticia

Hoy quisiera anunciar con mucha ilusión una noticia que he recibido esta semana: soy una de las siete finalistas del prestigioso Premio Adonáis de poesía con mi obra Noche o pájaro azul. El 14 de diciembre conoceremos la identidad del ganador. Pero, pase lo que pase, me siento orgullosa de haber llegado hasta aquí. Aunque lo importante es escribir, es maravilloso también que te valoren. Y por eso, quiero dar las gracias a todos los amigos que siempre me leéis. Y mi enhorabuena al resto de finalistas.

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Feria del Libro 2018

Voy a hacer un alto en el estudio de las oposiciones. Me encantaría que me fuerais a saludar… También estarán allí el resto de bardos para firmar, en conjunto, nuestra Antología.

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Los Bardos, de viva voz en la Casa Encendida

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Mariló Gutiérrez Blesa, Débora Alcaide, Francisco Raposo, J. L. Arnáiz, Alberto Guerra, Rebeca garrido, Alberto Guirao, Andrea Toribio, Marina Casado, Eric Sanabria y Andrés París. La Casa Encendida, Madrid, 12/4/18. Fotografía: Catalina de Vicente

La incesante lluvia madrileña no impidió que, el pasado jueves 12 de abril, la Biblioteca de La Casa Encendida se llenara de poetas, de amigos, de personas dispuestas a escuchar —“escuchar”, esa acción tan denostada hoy en día—. Los Bardos hacíamos la primera aparición oficial para presentar nuestra Antología, de la mano de José María Gutiérrez de la Torre: el hombre que ha transformado nuestras ilusiones en libro. Es José María uno de esos editores idealistas de los que apenas ya se encuentran, de los que creen en las utopías y todavía se emocionan ante el verdadero amor por la literatura, por la cultura. Nosotros tuvimos la suerte de cruzárnoslo en el camino y le debemos su apoyo incondicional a nuestra causa desde el principio. Como él dice siempre —y aquí recomiendo su libro 35 notas del editor y otros escritos—, la figura del editor es mucho más importante de lo que habitualmente se cree en un libro, en un proyecto, en la carrera de un autor. José María —así como Lucía, que ha luchado y trabajado desde la editorial para darnos a conocer— son también parte de este libro. Desde mi papel de antóloga, lo único que exigí a mis compañeros bardos fue un respeto hacia mi trabajo y mi persona. Lo obtuve de los once sobradamente, unido a la ilusión y al agradecimiento, un agradecimiento que es mutuo, porque todos somos padres de este libro.

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Solo la luna

luna

“Ya nadie piensa en ti, Miss X niña.”
(Rafael Alberti)

Detrás de un beso hay siempre
una región inabarcable de soledad.
En cada abrazo, juegan los cuerpos a simular
durante unos instantes que se componen de algo más
que nubes hilvanadas con deseos.
Abrir los ojos es cerrarlos,
y entonces ya no existe un tú y yo: solo la luna.
Solo la soledad desenterrada del viento del oeste,
de las niñas sin nombre –¡ah, Miss X!–
perdidas por los mundos ignotos
de nuestros pensamientos.

 

(De Mi nombre de agua, Ediciones de la Torre, 2016)