Otoños, otras sombras…

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Miro por la ventana del tren. Recuerdo aquella sevillana de los Amigos de Gines que decía: “La tarde se va despacio, salpicándose de estrellas”. Unas palabras tan sencillas son capaces de arrancarme constelaciones de escalofríos. Y que haya personas que desprecien las sevillanas… Regálame unos acordes de guitarra, una voz rasgada, un cante jondo, y prometo que me romperé en mil pedazos.

Pero no estamos en el sur. El paisaje fuera del tren refleja la soledad de los campos de Castilla, aquellos que cantaba Machado, apagándose dulcemente bajo las nubes deshilachadas de luz. No; no estamos en el sur, y el verano hace tiempo que se marchó, llevándose consigo su playa, su olor a dama de noche, la cal blanca de sus casas. Se marchó el verano y ahora es necesario buscar pedazos suyos desperdigados por la lluvia gris de los días: un olor a viernes, una danza de Enrique Granados, el Atlántico volcado en unos ojos…

Hemos pasado ya por Burgos, cuyo nombre suena a invierno. Suena más que aquellas tierras que dejo atrás: los Pirineos franceses. La ciudad universitaria de Pau, con aquella pequeña plaza en la que han instalado un tiovivo renacentista, arrancado de algún siglo anterior al nuestro. Un amplio paseado flanqueado de acacias conduce a un mirador desde donde se distingue, a lo lejos, la estación de trenes. Pau conserva el charme francés que descubrí en los cuentos de hadas, e incluso un castillo –sin bruja malvada-. He pasado allí unos días como ponente de un congreso sobre humor e ironía en la literatura.

Pau, 2012
Pau (Francia), 2012

Vuelvo a mirar por la ventana del tren. La tarde ha quedado relegada a una estrecha franja amarilla, allá en el horizonte, que me recuerda que hubo un tiempo en que el sol existía. Pronto será tiempo de cantar a la noche, aunque no sea de blanco satén, porque para eso hace falta algo más que sentirse enamorada. Hacen falta rascacielos y tal vez unos ojos que te miren y te produzcan vértigo porque logren verter el Atlántico en los tuyos. He pasado de las sevillanas a los Moody Blues en solo unos párrafos, pero me temo que así soy yo: demasiado dispersa como para despertar confianza en alguien que tenga excesivo apego a la Realidad. Más aún si confieso que en estos instantes voy escuchando en mi reproductor de música el Danubio Azul

Si las bicicletas son para el verano, los valses de Strauss pertenecen a una estación inconcreta del invierno. Sin rascacielos, pero sí con abrigos grises y nieve, guantes, tazas de chocolate, besos de humo, como diminutas chimeneas vivas. No es tan terrible el invierno: no lo es. El invierno es un gorro blanco de lana perdiéndose por callejuelas de Madrid que a su vez se han perdido en nuestra época.

Lo cierto es que el Danubio no es azul. En Budapest, la leyenda cuenta que solo aquellas personas que están enamoradas podrán verlo de ese color. Lo miré hace algunos veranos. Ignoro si lo que sentía por entonces podría alcanzar ese sentimiento, pero me puedo contar entre esos pocos elegidos.

Budapest, agosto de 2007
Budapest, agosto de 2007

Fuera es ya noche cerrada. Una voz impersonal, de esas que suenan en los trenes, acaba de anunciar que pasaremos por Valladolid. Quedan una hora para llegar a mi madrileño destino. En el reproductor de música, el Don Giovanni de Mozart me acaba de arrancar con elegancia de mi mundo de valses, nieves e inviernos. Seguimos en octubre, el mes en el que Ángel González afirmó que no pasa nada. Se equivocaba Ángel: pasan tantas cosas… Octubre es el mes de las Gymnopédies de Satie. Es el mes de dibujar melancolías en un verso, de cumplir años, de sentirse muy niña. De divagar mucho, como ahora, para evitar dormirse, para escapar de la noche, para recordar aquellos montones de hojas crujientes que se arremolinaban en la calle del colegio, mi trotecillo alegre, las primeras lluvias… Tengo sueño. Se me cierran los ojos y los recuerdos aparecen iluminados por un aura dorada y otoñal, dulce, mullida, que se ha debido perder por esta época, o tal vez solo por mi imaginación… ¿Es Satie, verdad? Satie tiene la culpa. Satie es capaz de proyectar otoños y lágrimas y acogerme en su pequeño mundo de sueños y delicados acordes de piano en el que me encuentro tan cómoda que no me importaría quedarme dormida…

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Frikismos y sentimentalidades

Hoy me voy a dormir con la incertidumbre de si será o no cierto el rumor que circula por Twitter, según el cual J. K. Rowling ha afirmado que escribirá dos nuevos libros de Harry Potter. He tratado de investigar al respecto y la noticia -dejando aparte las cuentas de Twitter de fans de la saga- más aproximada que he encontrado ha sido una en la que se habla de una reescritura de dos libros ya publicados. Es decir, que la Rowling pretende sacar una versión 2.0 de alguno de los siete títulos que componen la saga.

J. K. Rowling, autora de la exitosa saga juvenil Harry Potter
J. K. Rowling, autora de la exitosa saga juvenil Harry Potter

Espero que no se trate de esto, porque resultaría una decepción. Yo me declaro pottermaníaca de corazón: he crecido con Harry y me he enamorado de personajes como Sirius Black, Remus Lupin y Severus Snape. (Y la Rowling me los ha matado a todos, por cierto).

Lo siento. El spoiler resultaba inevitable.

En cualquier caso, os mantendré informados en los próximos días ante cualquier novedad pottérica.

David Thewlis y Gary Oldman en sus papeles de Remus Lupin y Sirius Black, en las películas de la Warner
David Thewlis y Gary Oldman en sus papeles de Remus Lupin y Sirius Black, en las películas de la Warner

(Nunca me habría imaginado así a los personajes, cuando leí la novela. Qué forma de destruir ilusiones…)

Dejando aparte a Potter & friends, descubrí ayer una interesante noticia que anuncia la elaboración de un documental sobre la infancia y juventud de Jim Morrison, con declaraciones exclusivas de amigos y –¡uuuuuuuuuuuuuuuh!– novias del cantante de The Doors. Parece ser que lo podremos ver en 2014…

Por último, os debo remitir a mi blog Como naipe cuya baraja se ha perdido…, donde hoy he publicado una nueva entrada, “Antes del final”, en la que recupero a mi viejo amigo Aire.

Sí, hoy estoy sentimental. La prueba la constituye el hecho de que llevo horas escuchando a Roy Orbison, Nat King Cole y Charles Aznavour -no todos los días son adecuados para Rosendo…-, y una sevillana que me pone los pelos de punta, de los Amigos de Gines -algún día os hablaré de ellos. No quiero escepticismos antes de escucharla… Y con ella os dejo.

Bonne nuit.