“La asamblea de las mujeres” de Juan Echanove: a ritmo de chirigota en el Teatro romano de Mérida

Este año, al fin he tenido ocasión de asistir al famoso Festival de Teatro Clásico que se celebra cada verano en Mérida. Mi primera intención era ver Edipo Rey pero, por incompatibilidades del calendario, hube de conformarme con La asamblea de las mujeres, una comedia atribuida a Aristófanes que se estrenó el 29 de julio en el teatro romano de Mérida bajo la dirección de Juan Echanove. Fuimos a verla el mismo día del estreno.

Teatro romano de Mérida

Confieso que el marco resulta incomparable y me maravilló desde el primer instante. Me recuerdo avanzando por aquel camino pedregoso, iluminado por antorchas, bajo el firmamento de verano, cuajado de estrellas que amenazaban con precipitarse sobre mis pupilas. De fondo, el teatro romano, encendido y esplendoroso, como si el tiempo no hubiera dejado sobre él su huella de siglos y nosotros fuéramos habitantes de la orgullosa ciudad de Emérita Augusta, perteneciente al vasto y malogrado Imperio Romano, y nos encamináramos a asistir a una de las funciones habituales. Ah, Emérita Augusta, ciudad natal del ficticio y valiente Máximo Décimo Meridio, protagonista de una de las películas más emotivas de las últimas décadas… En todo aquello pensaba yo mientras nos uníamos a los centenares de personas que ya ocupaban sus asientos en el flamante teatro romano, donde habían habilitado unas sillas de plástico, especiales para la ocasión, que –siendo sincera- variaban poco, en cuanto a comodidad, respecto de los originales asientos de fría y dura piedra…

Tras una excelente puesta en escena con efectos lumínicos azules, comenzó la obra de Aristófanes, con una enérgica Lolita en el papel protagonista de Praxágora, la brava mujer que convence al resto de mujeres atenienses para disfrazarse de hombres, con el objetivo de poder votar en la Asamblea –no olvidemos que, en la Grecia clásica, las mujeres, como los criados y los extranjeros, no ostentaban el título de ciudadanas y no disponían, por tanto, del derecho al voto-. El plan de Praxágora resulta un éxito y las mujeres atenienses logran arrebatarles a los hombres el gobierno de la ciudad, estableciendo nuevas normas que persiguen la igualdad de todos los habitantes de Atenas y la desaparición de la pobreza, mediante la implantación de un régimen en el que no tiene cabida la propiedad privada.

No he leído la obra original de Aristófanes, pero puedo afirmar que la adaptación de Echanove se inspira lejanamente en ella. En un alarde de otorgarle vigencia, la obra estuvo plagada de chascarrillos, palabras malsonantes y referencias inoportunas que resultaban chocantes en un marco tan elegante como el teatro romano. Ya sabemos que se trata de una comedia, pero, ¿de verdad es necesario recurrir a técnicas que parecen salidas de una actuación de los Morancos para provocar la risa fácil? Hubo dos momentos culminantes, como los cinco minutos durante los cuales el personaje de la prostituta Lavinia –interpretada por Concha Delgado-, ataviada con ropa interior negra y una peluca fucsia, iluminada por una sórdida luz roja, efectuó un atrevido baile de muy subido tono, absolutamente improcedente, metido con calzador dentro de la obra.

El otro momento fue al final, cuando todos los actores se marcaron una chirigota, pitos de caña incluidos, bajo la consigna “Gobierno femenino y, antes que se ponga el sol, ¡que nos devuelvan las ruinas!”. A la chirigota también se unió el propio Echanove, y todos nos levantamos de los asientos tarareando la pegadiza cancioncilla. Confieso que, desde luego, no me imaginaba que saldría del teatro romano de Mérida con una chirigota en la cabeza. Extravagante, cuanto menos.

Momentos finales de "La asamblea de las mujeres"
Momentos finales de “La asamblea de las mujeres”

Entiendo que se traten de hacer adaptaciones para el gran público, pero la frontera entre eso y subestimar el intelecto de los espectadores resulta, a menudo, difusa. No pretendo pecar de elitista, pero quiero pensar que la gente que acude a un evento tan célebre y con tanta tradición como el Festival de teatro de Mérida ya tiene, de por sí, unos mínimos conocimientos culturales. Y si no los tiene, lo lógico es que trate de adaptarse y contextualizarse al marco, y no que el marco deba condicionarse a ellos. Además, es posible hacer un teatro que llegue a todo el mundo sin tener que repetir, a cada cinco minutos, términos como “coño”, “puta”, “zorra” y demás bálsamos para oídos exquisitos. En general, la adaptación me resultó un poco hortera y tendente a la chabacanería, a pesar de contar con algún que otro punto de ironía que me arrancó una sonrisa, como las referencias a polémicas citas de nuestros actuales políticos. Y las actuaciones salvaron la obra.

Un momento de la obra

Destacaba Lolita en el papel protagonista, heredera de toda la fuerza y la determinación de su famosa madre, Lola Flores. También fue admirable la depurada actuación de la octogenaria María Galiana interpretando a la prostituta Althea, más popular por su papel de abuela Herminia en la célebre serie de TVE Cuéntame cómo pasó, donde también trabaja el propio Echanove. Este no sólo echó mano de Herminia, sino que también aprovechó para fichar al gallego Sergio Pazos, que interpreta en la serie al entrañable Pepe, y a Santiago Crespo, a quien todos conocemos por su papel de Josete, el amigo íntimo de Carlitos Alcántara. Faltaron Ana Duato e Imanol Arias para que la obra de Aristófanes se convirtiera en un especial de Cuéntame… Más allá de la broma, Pazos y Crespo nos sorprendieron positivamente, interpretando, respectivamente, al humorístico procurador Cremes –acento gallego incluido- y a un cliente de las prostitutas que resulta ser el mismísimo Sófocles.

La obra no fue lo que me esperaba, es cierto. Pero el evento mereció la pena por el mero hecho de abstraerse, de cuando en cuando, y pasear la mirada por el inmenso monumento que llevaba prendida una huella de siglos. Y sobre nosotros, la luna llena, proyectando su magnético embrujo. Ella fue el broche mágico de aquella noche sin tiempo.

Teatro romano de Mérida

FICHA DE LA ASAMBLEA DE LAS MUJERES

En el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida del 29 de julio al 2 de agosto y del 5 al 9 de agosto de 2015.

Autor: Aristófanes.

Versión: Bernardo Sánchez.

Dirección: Juan Echanove.

Música original: Javier Ruibal.

Reparto:

  • Lolita: Praxágoras.
  • María Galiana: Althea.
  • Pastora Vega: Clytia.
  • Pedro Mari Sánchez: Blípero.
  • Luis Fernando Alvés: Ciudadano 2.
  • Concha Delgado: Lavinia.
  • Sergio Pazos: Cremes.
  • Bart Santana: Ciudadano 1.
  • Santiago Crespo: Cliente.
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En el Sur

El pasado lunes me despedí de Madrid temporalmente y partí hacia el suroeste, hacia tierras extremeñas, perfumadas de encinas y de guitarras emocionadas. Villafranca de los Barros… Lo llamo “mi pueblo”, pero en realidad es el de mi madre, porque yo nací en Madrid. Sin embargo, después de toda la vida yendo en verano o en Semana Santa y de conocer todas las tradiciones, dichos populares, leyendas urbanas y demás asuntos regionales -además de ser capaz de reproducir el acento local con un 10 % de margen de error-, puedo considerarme una especie de “hija adoptiva” de Villafranca.

En el cartel de entrada, pone “Villafranca de los Barros, ciudad de la música”, porque, según parece, tiene una amplia tradiciòn musical. Mas tradicionales me parecen, sin embargo, las bollas con huevo, las perrunillas y las flores, todos ellos dulces típicos -lo confieso, soy una golosa. Y para los amantes del vino, el pueblo es famoso por Viña Canchal, vino de tierra de barros, muy célebre y, según dicen, la quintaesencia de su género.

Al pueblo no le falta de nada, excepto amigos… (villafranqueses que leáis esto, ¡manifestaos!). Se producen, además, unas situaciones muy divertidas, como la que reproduzco a continuación:

SEÑORA 1– ¿Vive aquí el Vueltina?

SEÑORA 2– Si, aquí, a dar una vueltina…

SEÑORA 1– ¡No! Que si vive aquí el Alehandro, el Vueltina…

En la Carrera Grande de Villafranca de los Barros, Badajoz
En la Carrera Grande de Villafranca de los Barros, Badajoz

Escribo estas palabras desde el porche de la casa de Conil donde me alojaré hasta el 15 de agosto con mi familia. El viento de levante me azota los cabellos y me incita a cometer un asesinato o a comenzar una religión, como diria Jim Morrison. El levante, en Cádiz, es la locura andaluza hecha viento. Rafael Alberti, en La arboleda perdida, tiene un estudio muy clarividente al respecto…

Conil de la Frontera, situado en plena Costa de la Luz, a unos 50 km. de Cádiz, es un pueblo costero de azules y blancos gaditanos. Tiene una playa inmensa, que no ha perdido del todo su toque salvaje, y calles estrechas y empinadas que por la noche desprenden un aroma mágico a esa planta que en Andalucía llaman “dama de noche”. Conil puede ser una guitarra doliente o unas palmas alegres, una bandada de flamencos o un firmamento que se deshace para en el mes de agosto desprenderse en decenas de estrellas fugaces, popularmente conocidas como las Lágrimas de San Lorenzo.

Conil es uno de los principales motivos por los que fui capaz de ahondar en el alma de Rafael Alberti, de identificarme con su mar, con sus azules y sus blancos de cal y océano, con esa pequeña e inocente vena cáustica que genera el viento de levante. Alberti era de El Puerto de Santa María, cierto, pero conocer cualquier pueblo de Cadiz es deslumbrarte primero y enamorarte después, y creer que te has enamorado de una persona que allí conociste, pero más tarde, cuando las personas se marchan, te descubres en los inviernos soñando con regresar, aunque sepas que solo queda la tierra. Entonces es cuando te das cuenta de que tienes la mitad de tu corazón inundado por las olas del mar de Cádiz…

Frente a la playa de Conil, agosto de 2012
Frente a la playa de Conil, agosto de 2012

Llevo viniendo a Conil desde hace unos seis veranos, quizá más. En alojamientos más o menos pintorescos, aunque el de este año, en cuanto a diseño, se lleva la palma. ¿Un dormitorio con acceso a un salón secreto? ¿Otro dormitorio al cual se accede desde una de las dos cocinas? O un armario imposible de abrir, porque los que colocaron los muebles no debían ser ingenieros, precisamente…

"Epic fail" en diseño arquitectonico...
“Epic fail” en diseño arquitectonico…