“Can you hear me, Major David Bowie?”

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David Bowie, el rey del glam rock

David Bowie, el Camaleón del rock, ha muerto tantas veces, y tantas otras ha renacido con distinta piel, que todavía algunos esperamos que hoy, en las redes sociales, irrumpa la súbita noticia de que el Duque Blanco ha regresado, reinventado y transformado en una nueva personalidad mística y prometedora, marginal y brillante, para seguir creando universos de música con su voz extraña y genial que permanece por debajo de todas las máscaras.

Como aquel Ziggy Stardust de comienzos de los setenta, que ya había perdido la pista galáctica del Mayor Tom y ahora informaba a la Tierra de la existencia de un Hombre de las Estrellas que, desde allí, tocaba un jazz cósmico para anunciar su llegada. ¿No sería también otro de los muchos Bowies? A Ziggy el mundo se le quedaba pequeño y, por eso, no tenía ningún escrúpulo a la hora de venderlo o de preguntarse desesperadamente si existiría vida en Marte, e imaginaba la cara de susto que pondrían los hipotéticos marcianos si descubrieran una civilización tan moralmente decadente como la nuestra, en la que Mickey Mouse se convierte en vaca y los marineros se pelean acaloradamente en las pistas de baile.

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Las pupilas asimétricas de Bowie

Desde la inquietante pupila extraterrestre de Bowie, el mundo adquiría estos y otros tintes surrealistas. Por ahí nos intentan arrebatar el romanticismo de la historia revelándonos que su pupila, eternamente dilatada, era en realidad consecuencia de un mal golpe que recibió en su infancia por parte de un compañero de clase con el que competía por las atenciones de una chica. Yo no me creo esa versión y prefiero pensar que Bowie estaba en la Tierra de paso y que, debido a eso, siempre cantó situándose desde desde fuera, desde el punto de vista de un ser, en parte, marginado, sabio y con una mirada distinta que reflejó en sus canciones.

Prueba de que el rock es algo más que mucho ruido con ritmo, era el talante profundamente intelectual de Bowie, que declaraba ser capaz de leer hasta ocho libros al día, y que plasmó todo un universo literario en sus canciones. Hay que destacar, en este sentido, su álbum Diamond Dogs (1984), bautizado así en honor a la conocida novela de George Orwell Rebelión en la granja. Las letras, sin embargo, hacen referencia a la otra gran obra de Orwell: 1984, en la que el autor británico presenta una distopía en la que un terrorífico “Gran Hermano” controla el mundo. El destino de la civilización, como vemos, era una preocupación constante en Bowie.

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Bowie fue un intelectual, amante de los libros

Y es que bajo las máscaras de trajes espaciales, tintes chillones y todas aquellas decenas de personalidades vistosas con las que se fue vistiendo, el rey del glam rock escondía todavía a un niño de nueve años que sorprendía a sus profesores con sus habilidades para el baile y para la música, en general. David Jones, el adolescente que, a los quince años, fundó su primera banda con unos compañeros de clase, que tenía ya claro que quería convertirse en una estrella pop. Lo que consiguió fue mucho más, porque hoy es considerado un auténtico icono de la cultura del siglo XX –y del XXI- que incluso completó su carrera con célebres interpretaciones cinematográficas –Twin Peaks, The Hunger, Labyrinth, The Prestige…-. Jones, convertido ya en Bowie, nos dijo en 1977 que todos podemos ser héroes por un día, aunque en realidad se refería a “para siempre”, y así lo interpretamos.

Hace apenas tres días, el mundo celebraba el 69º cumpleaños del atemporal, andrógino Bowie, que daba a luz un álbum, el vigésimo quinto en su carrera, titulado Blackstar. La prensa, maravillada por su calidad artística, ahora lo califica como “su testamento musical”. Y es que, envuelto en la enigmática intuición de la que siempre hizo gala este dandi interestelar, las canciones del disco se encuentran plagadas de referencias a la muerte. “Lazarus” -¡curioso nombre!-, el oscuro e inquietante sencillo, está narrado desde el más allá, y en el videoclip contemplamos a un envejecido Bowie agonizando sobre una camilla, con los ojos vendados. Tal vez, preveía ya su destino fatal en el momento de escribir el tema, pues se dice que llevaba año y medio luchando contra el cáncer.

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Los múltiples Bowies

David Bowie, aclamado Hombre de las Estrellas, hoy el mundo trata en vano de establecer contacto contigo. Te imaginamos allá, en una suerte de mundo galáctico que siempre te ha pertenecido, viendo girar de lejos la Tierra como una diminuta naranja de color azul. Extraviada la señal, sobreviene un vacío sin estrellas. Pero la profecía de Don McLean, aquella que amenazó con cumplirse cuando perdimos a Lou Reed, continúa sin hacerse realidad. Hoy tampoco será recordado como “el día en que la música murió”. Tu música permanece más viva que nunca, colonizando corazones y galaxias, y tú, viajando en ella.

Hasta siempre, Duque Blanco. Que nuestro adiós alcance a cada una de tus personalidades dormidas en tu sepulcro estrellado, tejido de infinitos.

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El indomable Paul Newman

Tenía el cabello corto, ensortijado, una sonrisa franca; la mirada, a un tiempo valiente, pícara, grave y cómplice, que invitaba a la confianza… los ojos rasgados azules, de un azul ardiente, en absoluto frío. Los ojos azules más famosos de Hollywood.

Estoy hablando, por supuesto, de Paul Newman, de cuyo fallecimiento se cumplieron 5 años anteayer, 26 de septiembre.

Paul Newman
Paul Newman

Newman había nacido en Ohio otro día 26, pero de enero, en 1925. Estudió Económicas, aunque se acabó decantando por el mundo del espectáculo, ingresando en 1951 en la Escuela de Interpretación de Yale. En 1953, continuó su formación como actor en el Actor’s Studio, donde conoció a Marlon Brando y a la que años más tarde se convertiría en su gran amor: la actriz Joanne Woodward. En 1954, a los 28, debutó en el cine en la película El cáliz de plata, dirigida por Victor Saville y coprotagonizada por Jack Palance.

1958 fue un año que marcaría su carrera y su vida personal para siempre. En ese año protagonizó dos de sus filmes más famosos: La gata sobre el tejado de zinc, dirigida por Richard Brooks –quien se había inspirado en una obra de teatro de Tennessee Williams-, y El largo y cálido verano, de Martin Ritt. En esta película trabajó por primera vez junto a Joanne Woodward, su antigua compañera del Actor’s Studio. Al principio, Woodward se mostraba muy escéptica ante el talento de Newman. Por entonces ella, a pesar de ser seis años más joven que Paul, gozaba de más prestigio que él, quien, en su opinión, había ganado más por su simpatía y su “cara bonita” que por poseer auténticas dotes interpretativas.

Paul Newman
Paul Newman
Paul Newman
Paul Newman

La concepción de Joanne Woodward acerca de Paul Newman cambió a medida que trabajaron juntos y se conocieron: cambió hasta el punto de que ambos se enamoraron y contrajeron matrimonio ese mismo año, después de que Newman se divorciara de su primera esposa, con quien había tenido tres hijos. Paul tenía 33 años y Joanne, 27.

El matrimonio entre los dos actores fue una de las excepciones que tambalean el estereotipo de que, en Hollywood, todo amor es efímero y teñido de infidelidad. En 2008, año en que murió Paul Newman, cumplían 50 años de casados, tenían tres hijos y continuaban tan enamorados como el primer día. Newman se justificaba alegando: “Joanne siempre me ha dado apoyo incondicional en todas mis decisiones y esfuerzos, eso incluye mis carreras de coches, que ella deplora. Para mí eso es amor”. Y también con aquella frase que no tardó en hacerse célebre: “¿Para qué buscar una hamburguesa si tengo en casa un entrecot?”. El “entrecot”, como bien podemos deducir, era una muchacha de cejas oscuras, mirada penetrante y cabello rubio platino que con los años se tornaría de plata.

Joanne Woodward y paul Newman
Joanne Woodward y Paul Newman
Joanne Woodward y Paul Newman
Joanne Woodward y Paul Newman

Joanne Woodward también estuvo junto a él en 1978, cuando Newman tuvo que afrontar el momento más duro de su vida. Se trata del punto en sombra de una biografía por lo demás luminosa. Paul Newman siempre destacó por su compromiso con la sociedad. Perteneció a la Alianza para la Defensa del Medio Ambiente, representó a su país ante la Organización de las Naciones Unidas en la Conferencia para el Desarme y fundó campamentos para niños afectados por enfermedades graves. En 1990, el mismo año en que fue propuesto como candidato a gobernador de Connecticut por un congresista demócrata, también fue nombrado “padre del año” por UNICEF.

Y paradójicamente, el trágico suceso que tuvo lugar en 1978 fue el fallecimiento a causa de una sobredosis de su hijo Alan, fruto de su primer matrimonio. Después de aquello, Newman incrementó su compromiso social centrándolo en la lucha contra la drogadicción, fundando el Centro Scott Newman.

Paul Newman en Venecia
Paul Newman en Venecia

Paul Newman llegó a ganar tres Oscar a lo largo de su carrera, entre los cuales destaca el de Mejor Actor por su interpretación en El color del dinero (1986), y fue nominado nueve veces para esa categoría. Hoy es una leyenda de Hollywood: sus ojos azules se sitúan en el mismo nivel de celebridad que los violáceos de Elizabeth Taylor: esa “gata sobre el tejado de zinc caliente” que en la película de 1958 a quien le pidió que saltase en la película de Brooks de 1958. Aquel Paul Newman iracundo, rabiosamente guapo, envuelto en una bata azul y con una pierna escayolada, que se arrastraba por la mansión y al mismo tiempo arrastraba la sombra de su pasado, personificada en la figura de su padre. Tan distinto y a la vez tan similar a aquel otro Paul Newman descarado, errático y vagabundo de El buscavidas, que finalmente encuentra una razón para darle sentido a su existencia. El Paul Newman joven y apolíneo de El largo y cálido verano (1958) y Desde la terraza (1960), y aquel otro maduro, venerable y magistral que encarnó al jefe de la mafia en Camino a la perdición (2002), que dejó grandes frases para el recuerdo como: “Esta es la vida que elegimos; y una cosa está clara: ninguno veremos el cielo”.

Paul Newman y Liz Taylor en La gata sobre el tejado de zinc, 1958
Paul Newman y Liz Taylor en La gata sobre el tejado de zinc, 1958
Paul Newman en El buscavidas, 1961
Paul Newman en El buscavidas, 1961
Paul Newman en Camino a la perdición, 2002
Paul Newman en Camino a la perdición, 2002

Nunca me atrajeron demasiado las películas sobre presidiarios, hasta que vi La leyenda del indomable (1967), donde el personaje interpretado por Paul Newman nos dio una lección sobre el hambre de justicia y de libertad que debe sacudir al mundo. Inolvidable, por cierto, aquella escena en la que apuesta comerse 50 huevos duros… Jamás entendí por qué el personaje encarnado por Katharine Ross en Dos hombres y un destino (1970) juguetea con Butch Cassidy y Sundance Kid, sin decidirse por ninguno… Ya solo la escena del paseo en bicicleta, y un presumido Newman desafiando a una vaca mientras suena la genial banda sonora, “Raindrops Keep Fallin’ on My Head”, le resta cualquier posibilidad a Robert Redford. Y eso que Redford “tiene su puntazo”, pero al lado de Paul Newman se queda bastante corto. Y esto es igualmente válido para el filme que ambos volvieron a coprotagonizar en 1975 de la mano del mismo director, George Roy Hill: El golpe.

Robert Redford y Paul Newman en Dos hombres y un destino, 1969
Robert Redford y Paul Newman en Dos hombres y un destino, 1969

Antes, fue sorprendente ver a Newman formando pareja con Julie Andrews (famosa por interpretar a Mary Poppins) en la película de 1966 Cortina rasgada, dirigida por el mismísimo Alfred Hitchcook, haciendo de espía americano en territorio soviético. Y es que Newman fue polifacético no solo en el terreno interpretativo, sino también en su vida personal. Aficionado a la cocina, llegó a fundar una línea de productos alimenticios, Newman’s Own, que se popularizó por una mezcla especial de aliño para ensaladas. Además, fue competidor profesional en carreras de automovilismo, compitiendo hasta la avanzada edad de 70 años.

Paul Newman compitiendo
Paul Newman compitiendo

Paul Newman es, sin duda, uno de los hitos de la historia del cine. Y sin embargo, de joven podría no haberse decidido por la interpretación, porque su primera gran aspiración había sido la de convertirse en piloto militar. Se lo impidió una deficiencia visual: el daltonismo, que le incapacitaba para distinguir bien los colores. Sí: los ojos azules más famosos de Hollywood eran daltónicos…

Paul Newman
Paul Newman

El universo de Harry Potter regresa a la gran pantalla

Hoy está comenzando a publicarse en algunos medios la friki-noticia bomba del año: J. K. Rowling, la célebre creadora de Harry Potter, se estrenará como guionista en Warner Bros preparando una serie de películas basadas en su libro Animales fantásticos y dónde encontrarlos.

Cubierta del libro escrito por J. K. Rowling
Cubierta del libro escrito por J. K. Rowling

Como todo pottermaníaco sabrá, se trata de una guía de criaturas mágicas que los protagonistas de la saga -Harry, Ron y Hermione- utilizan como libro de texto. Aunque el libro está realmente escrito por Rowling y se puede adquirir en librerías, en la ficción la autoría se atribuye a un tal Newt Scamander.

Muchos se preguntarán qué diablos se puede sacar de una guía de bichos mágicos, en la que no hay argumento, personajes o historia. La respuesta es fácil: la Rowling se ha quedado sin libros para ofrecer a Warner y tiene que sacar algo de debajo de las piedras, si es necesario.

Según lo que he podido leer, la historia se remontará a setenta años antes del momento en que comienza Harry Potter y la piedra filosofal, el primer libro de la saga. Respetará el universo pottérico, pero no aparecerán los personajes que ya conocemos. El protagonista será Newt Scamander, el autor del libro en la ficción. La autora, en comunicado oficial, también ha dejado claro que  Animales fantásticos y dónde encontrarlos no es ni una precuela ni una secuela de la serie de Harry Potter, sino una extensión del mundo de los magos.

La escritora británica J. K. Rowling
La escritora británica J. K. Rowling

Lo cierto es que, al leerlo, no he podido evitar pensar en la llegada a los cines de El Hobbit, la precuela de El Señor de los Anillos, cuando las tres películas con Frodo como protagonista no dejaban lugar para una continuación de la historia, y ya se había chupado todo lo posible y más del asunto. En ese caso, aún tenían la excusa de que J. R. R. Tolkien había escrito El Hobbit como una novela; eso sí, una y no tres. Que lo de pretender sacar tres películas de una novela que no da para tanto nos conduce a la terrible consecuencia de tragarnos una primera parte en la que -amantes del universo tolkiniano, perdonadme- sobra película por todas partes, lo mires como lo mires.

Es la manía de siempre de exprimir al máximo un producto de éxito masivo, como lo de andar sacando precuelas de las películas de X-Men con los orígenes de los personajes. Pero, insisto: al menos El Hobbit o Lobezno: los orígenes tienen una referencia literaria -novela y cómics, respectivamente. ¿Qué va a sacar la Rowling de una guía de criaturas mágicas?

Cartel de la película dirigida en 2012 por Peter Jackson
Cartel de la película dirigida en 2012 por Peter Jackson

Y de verdad, más fan de Harry Potter que yo habrá poca gente en el mundo. A nadie le gustaría más que a mí que la historia del “Niño que vivió” continuara, o que su autora nos contara detalladamente las aventuras que vivieron el padre de Harry y sus amigos, los Merodeadores. Sobre todo, para compensar el hecho de cargarse a todo bicho viviente -hasta la lechuza, ¿¿por qué??- en la última entrega de la saga: Harry Potter y las reliquias de la muerte.

A nadie le gustaría más que a mí que las aventuras pottéricas continuaran, pero permitidme ser escéptica ante la capacidad creativa que todavía le queda a Rowling. Y si no, remito a la tristísima página creada por la autora el año pasado, una mezcla entre red social y e-book que permite a los lectores “interactuar” con el universo pottérico en su versión digital. Estoy hablando de Pottermore, un proyecto que se mantuvo con un gran secretismo y altas expectativas, y que luego resultó ser una página dirigida a un público infantil o bobo, en el que ni siquiera te permiten comunicarte con otros usuarios ni elegir tu nombre, imponiéndote algunos tan “molones” como “DraconisWild727” o “EscobaGato3”.

Lo único que merece la pena de Pottermore es el test de la Ceremonia del Sombrero Seleccionador, que te sitúa en una de las cuatro casas del Colegio Hogwarts: Gryffindor -valientes de corazón-, Ravenclaw -inteligentes y eruditos-, Hufflepuff -buenos y leales- y Slytherin -astutos y ambiciosos. Hay muchos test similares en Internet, pero este es el oficial, elaborado por la autora, y el más fiable, porque va cambiando las preguntas para que no puedas cocinarlo, además de que las preguntas planteadas no están relacionadas directamente con la valentía, la lealtad o cualquiera de las características prototípicas de cada casa. No puedes responder las que crees que te conducirán a tu casa favorita…

(En este punto puedo afirmar con orgullo que yo caí en Gryffindor…)

Escudo de la casa Gryffindor
Escudo de la casa Gryffindor

Este nuevo proyecto de Rowling basado en Animales fantásticos y donde encontrarlos ha sido anunciado por la propia autora, así que podemos afirmar que no se trata de un rumor falso como el que sacudió las redes hace unos meses, cuando desde una cuenta de Twitter se lanzó el bombazo de que la escritora publicaría dos nuevos libros de la saga de Harry Potter, resultando tratarse de una mala interpretación de un video antiguo en el que Rowling anunciaba el lanzamiento de Pottermore

Y es que, ¿por qué no confesarlo? Todavía no conseguimos asumir que la aventura de Harry haya terminado… El Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería sigue siendo el lugar más maravilloso para huir de la realidad, sobre todo para los que hemos ido creciendo a la par que el joven mago…

El Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería en las películas de Warner Bros
El Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería en las películas de Warner Bros

Fenómenos sociales: de Moccia a Mario Casas

Hoy en día, los experimentos sociológicos debieran hacerse a partir de productos de consumo masivo, principalmente los televisivos. Esta idea se me pasó por la cabeza cuando la otra noche, haciendo zapping, me topé con Mario Casas protagonizando la célebre película Tres metros sobre el cielo. Los personajes estaban inmersos en un apasionado diálogo “romántico” que captó mi atención justo antes de cambiar de canal. Twitter se había vuelto loco: la mitad de las tendencias del día las ocupaban hastags relacionados con la película. Tenía ante mí un auténtico acontecimiento social. Fue así como decidí quedarme a verla, con el mismo interés que Neil Armstrong cuando alunizó…

Pero comencemos por el principio. El autor que hizo posible este fenómeno: Federico Moccia.

El escritor italiano Federico Moccia
El escritor italiano Federico Moccia

Federico Moccia (Roma, 1963) es un autor que se hizo famoso a comienzos de este siglo gracias a su novela A tres metros sobre el cielo, que ya había sido publicada en 1992. Ante tal éxito, decidió continuar la historia publicando una secuela en 2006, titulada Tengo ganas de ti. A esta obra le siguió en 2007 Perdona si te llamo amor. Tras tres novelas no tan exitosas entre medias, en 2009 publicó la secuela de la anterior: Perdona pero quiero casarme contigo.

No puedo opinar sobre la calidad literaria de las novelas, porque no he tenido a bien leérmelas. Por suerte, en esa época estaba más que superada mi época bestesellera,  y lo que sí me hacía mucha gracia eran los dos títulos de Perdona si te llamo amor y Perdona pero quiero casarme contigo. Aquellos títulos hablaban de una mezcla entre Los Teletubbies y Mi Pequeño Poney, todo ello mezclado con salsa de arco-iris. Le hubiera añadido una tercera parte: Perdona pero quiero tirarte por un puente.

El caso es que en 2008 el propio Moccia llevó al cine Perdona si te llamo amor, con el actor italiano Raoul Bova en el papel principal masculino -a Bova sí le hubiéramos podido “perdonar” todo…- y Michela Quattrociocche en el femenino. Ambos interpretaban a Alex, un publicista que ronda los cuarenta y Niki, una adolescente que todavía va al instituto.

Cartel de la película de 2008 Perdona si te llamo amor
Cartel de la película de 2008 Perdona si te llamo amor

Típica historia pastelosa y cuestionable en cuanto a veracidad sobre la niñata que se enamora del “tío bueno” mayor y le pone el mundo patas arriba -porque además es un prototipo de “adolescente alocada guay”-. Y él cae misteriosamente enamorado de ella. Un poco de drama light, con la antigua novia de Alex que hace sus apariciones esporádicas, y los padres de Niki que se oponen a que esta salga con un tipo que le dobla la edad. Al final acaban felices y comiendo perdices, para que sea posible estrenar la segunda parte en 2010: Perdona pero quiero casarme contigo. Me ahorro el resumen del argumento porque el título ya lo dice todo.

Sintetizando: las dos películas -especialmente la primera- son entretenidillas, sin alcanzar el grado de bazofia, y recomendables solo por ver a Raoul Bova…

Pero… –¡Ay mísero de mí, ay infelice!– en 2010 un director español, Fernando González Molina, tuvo la “maravillosa” idea de adaptar la primera novela de Moccia, A tres metros sobre el cielo, al cine, en colaboración con la cadena Antena Tres Televisión. Podrían haber pasado muchas cosas. Podría haber sido una película medio buena, o haber sido mala y haber pasado desapercibida. Pero desde el momento en que se eligió a Mario Casas para el papel protagonista, la suerte estaba echada.

El actor español Mario Casas
El actor español Mario Casas

Mario Casas (La Coruña, 1986) es uno de esos tipos que podrían parecer interesantes si mantuvieran la boca cerrada, dando lugar a la incertidumbre. De esos que tienen una sonrisa bonita, que genera confianza, que hasta le da un cierto toque de perspicacia o… ¿inteligencia? Pero entonces habla, y se rompe la magia, y te das cuenta de que la sonrisa no escondía ingenio, sino estupidez. Mario Casas es uno de esos actores nacidos para ser doblados.

En la serie Los hombres de Paco, de Globomedia, se hizo célebre al interpretar al agente Aitor, caracterizado por su macarrería. Y casi todos sus papeles desde entonces, en series y cine, contribuyeron a incrementar esa fama de macarra.

Pero con el papel de Hache en Tres metros sobre el cielo, Casas se convirtió definitivamente en el sex-symbol de la generación de adolescentes enloquecidas que acudían a las salas de cine y gritaban cada vez que él se quitaba la camiseta -un fenómeno más acusado que el de la saga Crepúsculo cuando aparecía Taylor Lautner.

Cartel de la película de 2010 Tres metros sobre el cielo
Cartel de la película de 2010 Tres metros sobre el cielo

La película fue una de las más taquilleras en España en 2010. He tratado de analizarla para hallar las claves de su éxito. Comencemos por los personajes:

Babi (María Valverde): Una adolescente de 17 bastante repelente, marimandona y aparentemente mojigata, aunque luego nos damos cuenta de que le gusta la juerga más que a un tonto un lápiz. Es egoísta hasta extremos abofeteables, y se enamora de Hache, el malote del barrio.

Hache (Mario Casas): El chico malo del lugar, que se lo pasa “tope guay” echando carreras de moto por Barcelona, una Barcelona donde por lo visto no debía existir la policía, porque se matan con las motos y aquí no ha pasado nada. Hache tiene un pasado oscuro con su madre: es rebelde porque el mundo lo hizo así. Hasta que deja de serlo cuando se enamora de Babi, y descubre a los asombrados espectadores su tierno corazón de corderito degollado. Eso sí, hay que hacer un máster para entender sus intervenciones, porque parece que Casas está comiendo patatas mientras habla.

Amigos: Katina, la amiga de Babi, una chica medio normal -es la única a la que no acabas deseando abofetear- interpretada por Marina Salas, a la que ya vi actuar en la serie de Cuatro Hay alguien ahí. El amigo de Hache se llama Pollo -tendrá otro nombre, el pobre, pero no se menciona.

Familia de Babi: Una madre monjona y de la vieja escuela, que hace todo lo que puede para separar a su hija del novio; un padre pelele, sin voz ni voto, y una hermana quinceañera más repelente, si cabe, que la propia Babi.

Fotograma de la película de 2010 Tres metros sobre el cielo
Fotograma de la película de 2010 Tres metros sobre el cielo

A partir de este punto, el argumento es muy simple. La felicidad llega a la vida de Babi con románticos episodios como las carreras de motos, botellones que acaban en peleas –nah, lo típico, ¿a quién no le pasa?-, citas especiales haciendo pellas del colegio o dejando que su novio amenace a su profesora para que a ella le ponga un sobresaliente. ¡Mazo romántico, tía!

Que se aparten Romeo y Julieta, que llegan Hache y Babi. La película cuenta con didácticos momentos que nos ayudan a enfrentar situaciones del día a día en nuestra sociedad, como la forma de romper con una chica. El brillante Mario Casas lo resuelve con una sola frase -pronunciada sin énfasis-: “Ya te llamo”.

“Ya te llamo”. Es que mira que nos gusta complicarnos a todos la vida, ¿eh? Tal vez la chica en cuestión nunca le llegase a entender, por el trozo de cordero que se le quedó a Casas en la boca.

Respecto a los famosos “tres metros sobre el cielo”, se trata de un ejemplo más de creatividad poética -los macarras también tienen corazón. Cuando en un momento ultra-mega-súper-híper romanticón Babi le dice a Hache que siente que está en el cielo, su amado le responde que él está a tres metros por encima. Más y mejor, como los niños chicos. Pero qué profundo queda, eh… y ya con esa musiquilla suave que le otorga profundidad… Qué genialidad, la del guionista…

Claro, así llegamos a artículos como éste de El País, nada menos, que hielan la sangre desde el título:

Artículo de El País Semanal
Artículo de El País Semanal

Muerte, fuego y destrucción. Los galanes del cine deben estar revolviéndose en sus tumbas -espero que los vivos no lo hayan leído.

En todo caso, el éxito de Tres metros sobre el cielo llevó a Fernando González Molina a rodar también la secuela: Tengo ganas de ti (2012). Otra vez con Casas y la Valverde, pero uniéndose al elenco Clara Lago, a la que yo tenía en alta estima por su papel protagonista en El viaje de Carol (2002).

Mario Casas y A3MSC -sí, ha desarrollado siglas…- como ejemplos de fenómenos sociológicos. Todas las niñas quieren un novio motero, de pocas palabras, algo agresivo y capaz de pronunciar frases tan romanticonas como las ya citadas. En el próximo capítulo, tal vez os traiga un análisis del reguetón…

Cartel de la película de 2012 Tengo ganas de ti
Cartel de la película de 2012 Tengo ganas de ti

Se cierra el telón

La Gran Vía de Madrid en los años veinte
La Gran Vía de Madrid en los años veinte

Madrid maravilloso. Yo me siento pletóricamente mundano […] Cines –Callao, Palacio de la Música, Avenida, a veces cines distantes como Goya o Royalty-, salones de té, bares –Bakanik o Sakuska- me ven a menudo.

Luis Cernuda, “Carta a Higinio Capote”, Madrid, 23 de octubre de 1928.

Pobre Luis Cernuda, si atravesara ahora, con sus trajes de importación inglesa y sus camisas exquisitas, las calles de este Madrid de comienzos de siglo, buscando reencontrarse con los galanes de la época –sus admirados John Gilbert, George O’Brien, Douglas Fairbanks. De sus cines favoritos, no queda más que el Callao. Junto al Palacio de la Prensa y al Capitol, forma parte del trío de cines supervivientes, de los trece que existían en la Gran Vía madrileña.

El que fuera el Cine Avenida es, desde 2009, un gigantesco H&M de varias plantas, que pretende resultar glamuroso, y se queda en el terreno de lo kitsch –si me pudiera leer, Cernuda añadiría que, además, la calidad de la ropa de ese sitio deja mucho que desear… Han respetado la arquitectura del antiguo cine, pero duele en el alma pasearse por él y no ver más que estanterías de ropa. Es como si H&M, y todas sus empresas secuaces, se estuvieran riendo a grandes carcajadas de aquel Madrid de finales de los años veinte. Como si el antiguo esplendor se banalizara y ridiculizara.

El antiguo cine Avenida, de Gran Vía, reconvertido actualmente en un H&M
El antiguo cine Avenida, de Gran Vía, reconvertido actualmente en un H&M

¿Y qué decir del Palacio de la Música? Construido en 1926, en la recién nacida Gran Vía madrileña, se convirtió en uno de los edificios emblemáticos del centro de la ciudad, y lo continuó siendo durante décadas, hasta que en 2008 echó el cierre definitivo porque no se sostenía el negocio. El Ayuntamiento de Madrid prometió entonces conservarlo como auditorio cultural, reconvirtiéndolo en teatro. Sin embargo, parece que en los últimos tiempos han cambiado de opinión, y se anuncia que va a ser transformado en… ¡centro comercial! ¡Qué sorpresa! Y ahí va otro como el Avenida. Existen páginas, como Salvemosloscines.blogspot.com, que se encargan de recoger firmas para salvar el Palacio de la Música.

El Palacio de la Música, en Gran Vía, 1926
El Palacio de la Música, en Gran Vía, 1926

De los cines de barrio, ni hablamos. Estos días atrás, llegaba la noticia del cierre de las míticas salas de la calle Fuencarral, referencia cinéfila obligada. Tantas veces he ido a esos cines con mis padres…

http://www.cadenaser.com/espana/articulo/desaparecen-cines-calle-fuencarral/csrcsrpor/20130503csrcsrnac_22/Tes

El pasado domingo 19 de mayo tuve ocasión –gracias al interés del poeta Antonino Nieto por mi poesía-, de participar en un acto organizado por el PSOE de Chamberí en la puerta de la sala Roxy, donde se puede leer un cartel que reza: CERRADO POR REFORMAS. Bonito eufemismo. En el acto, al que acudió el Coro de Actores y distintas personalidades del mundo de la cultura, se reivindicó una actuación municipal para proteger las salas de cine tradicionales frente a los multicines ubicados en centros comerciales. Realmente, si existieran leyes que defendieran de alguna forma estos edificios, evitaríamos perder una parte importante de la historia de Madrid.

Acto en defensa de los cines de Fuencarral, 19 de mayo de 2013. Leyendo mi poema "Technicolor"
Acto en defensa de los cines de Fuencarral, 19 de mayo de 2013. Leyendo mi poema “Technicolor”
El poeta Antonino Nieto, organizador del acto en defensa de los cines de Fuencarral
El poeta Antonino Nieto, organizador del acto en defensa de los cines de Fuencarral
Coro de Actores interviniendo en el acto en defensa de los cines de Fuencarral
Coro de Actores interviniendo en el acto en defensa de los cines de Fuencarral
El actor español Roberto Álvarez interviniendo en el acto en defensa de los cines de Fuencarral
El actor español Roberto Álvarez interviniendo en el acto en defensa de los cines de Fuencarral

Porque sí: Madrid está perdiendo su personalidad. Y la poca sensibilidad del Ayuntamiento para con la cultura madrileña no es ningún secreto: no hay más que pasar por Metropolitano y ver la ruinosa casa donde antaño vivió el Premio Nobel Vicente Aleixandre, y por donde pasó gran parte de la intelectualidad española de varias décadas.

No hay dinero, dicen. ¿Pero sí lo hay para iniciar obras inútiles y faraónicas como el célebre Madrid Río de Gallardón, y dejarnos endeudados de aquí a los próximos veinte años? Es todo muy descarado. Y no es que yo sea una romántica, que lo soy, por hacerme tanta ilusión entrar en el Palacio de la Prensa y que me guíe el acomodador, o contemplar cómo se abre la cortinilla, dejando ver la pantalla de cine. No soy yo la única romántica; todavía quedamos algunos amantes del patrimonio cultural de nuestra ciudad. Y debemos luchar para que esa parte de Madrid no muera.