Mick Jagger: Comprensión hacia el Diablo

El músico Mick Jagger en la actualidad

Lo conocí en persona el año pasado, la última vez que los Rolling Stone pisaron Madrid, durante su ambiciosa gira “14 On Fire”. Saltó al escenario retorciendo su escuálido cuerpo como una lagartija inquieta y habilidosa con chaqueta roja, conquistando al enfebrecido público desde el primer momento.  Si se hubiera limitado a quedarse parado, el público habría enloquecido de la misma forma, porque quien estaba allí, delante de nosotros, no era un ser humano como tal, sino una leyenda viva del rock. Pero Mick Jagger (Dartford, Reino Unido, 1943) nunca decepciona y sus saltos, bailes y florituras resultaron dignos de un veinteañero, a pesar de que la persona que los ejecutaba había sobrepasado los 70. Hoy, el Diablo más célebre del rock cumple 72 y se me hace necesario escribir sobre él, sobre esa figura que ha levantado, a lo largo de su dilatada carrera musical, los más desaforados amores y odios.

Jagger es algo así como el rey de lo kitsch en el rock, en cuanto a estética. Sus vestimentas estrafalarias se han ido intensificando con la edad y creo que jamás olvidaré las pieles rojas y negras con que se cubrió el año pasado en el escenario del Santiago Bernabeu –adornado este con llamas muy realistas- mientras interpretaba el tema que lo catapultó al estrellato: aquel “Sympathy For The Devil” que compuso a finales de los sesenta, inspirado por un libro que le había regalado su por entonces novia, la actriz y modelo Marianne Faithfull. El libro no era otro que El maestro y Margarita, del escritor soviético Mijaíl Bulgákov. En la canción, Jagger da voz a Satanás y se confiesa autor de todos los crímenes de la historia de la Humanidad, aunque, desde luego, sin perder la elegancia: es el suyo, como el de Bulgákov, un diablo refinado y cortés, de una maldad aguda y elegante.

Keith Richards y Mick Jagger en los sesenta
Keith Richards y Mick Jagger en la actualidad

El eclecticismo de Jagger no se limita a la vestimenta: ha explorado todos los ámbitos, desde el cine, pasando por el teatro hasta llegar a la economía, que comenzó a estudiar en su juventud, abandonando dichos estudios para dedicarse de lleno a los Stone, pero cuyo dominio le ha servido para convertirse en el contable por excelencia de la banda –y, si le añadimos su proverbial egoísmo, concluimos que ha sido, en efecto, un buen contable-. Y ya dentro de la banda, es el miembro que más ha apostado por la inclusión de géneros tan extravagantes como la samba para mezclarlos con el rock más tradicional. Lo cierto es que el alma de Jagger es más popera que rockera y que los Rolling no serían lo que son si no fuera por la firme resistencia del guitarrista, Keith Richards, un rockero de raza de los que ya no quedan. Gracias a él, la banda no se ha llegado a convertir en una versión extendida de Michael Jackson.

Es precisamente la compleja relación de Jagger con Richards la que ha protagonizado las polémicas en muchas ocasiones, a lo largo de la historia de los Stone y especialmente en los ochenta, cuando el grupo estuvo a punto de desintegrarse. Ambos fueron compañeros en el colegio y amigos de infancia y, después de que sus caminos se separasen, a los 17 se reencontraron y se dedicaron juntos a la pasión que compartían: la música. Fue por entonces cuando el rubio y talentoso Brian Jones los reclutó para la banda que acababa de fundar y que pasaría a la Historia: los Rolling Stone. Aquel fue el dichoso comienzo: Jagger y Richards unieron sus fuerzas para componer algunos de los temas más sonados del grupo, aunque sin llegar a la genialidad del erudito musical Brian Jones, quien, sin embargo, tenía un carácter extremadamente complejo y autodestructivo que acabaría con él. Jones era el genio en la sombra porque Jagger, aunque no le alcanzara en conocimientos musicales y maestría, poseía algo mucho más esencial para una banda de rock: un tremendo carisma en los escenarios, la capacidad de levantar pasiones y de dirigir la economía de la empresa en la que poco a poco se convertiría el grupo.

Brian Jones y Mick Jagger en los sesenta

Mick Jagger y Keith Richards acabaron ocupando el lugar de Brian Jones en 1969, cuando el ilustre fundador de los Stone se hallaba casi consumido por las drogas y el alcohol. Poco tiempo después de apartarlo de la banda, Jones falleció en extrañas circunstancias en la piscina de su mansión. Las malas lenguas acusan directamente –y sin pruebas- a Jagger y Richards de su muerte. Los dos eran buenos amigos, por entonces. Con el tiempo, sus visiones contrapuestas de la música y de la vida, en general, los acabaron distanciando hasta la situación actual, en la que se toleran cortésmente como un matrimonio divorciado que tiene en común un hijo, en este caso, una banda de rock. Ambos son conscientes de que se necesitan mutuamente para que ese hijo continúe vivo –y dando beneficios-.

Dichos beneficios alcanzan en Mick Jagger –Sir Mick Jagger, desde 2003- la apabullante cifra de 240 millones de euros, los que se calcula que componen su fortuna personal. Jagger es hoy casi una empresa en sí mismo, una imagen marketiniana. Su inconmensurable fortuna solo es comparable a su legendario ego y a la pasión que sigue mostrando en los escenarios. Y sí: ya sabemos que su lustrosa melena castaña, idéntica a la de su juventud, lleva incorporados varios implantes; que sus morritos característicos son fruto ya del bótox; que mantener el tipo le cuesta una dieta extremadamente estricta y un programa de ejercicios diarios que se podría considerar criminal para una persona de su edad. No es fácil la vida de un viejo rockero que se resiste a envejecer. Pero reconozcamos que Jagger, más allá de su dudosa moralidad, ha sido la cara visible de los Stone y el responsable, en gran medida, de que estos se hayan convertido en la banda más longeva de la historia del rock. Qué sería hoy de los Rolling sin las carnavalescas actuaciones de Jagger, en las que todavía conserva la chispa de su antigua sensualidad, como un viejo diablo refinado y malévolo que sabe dónde da cada uno de sus pasos.

Hoy Jagger cumple 72. Y los seguidores de los Rolling Stones seguimos “encantados de conocerlo”…

Mick Jagger en la actualidad
Anuncios

“El barco de cristal” en la Casa del Libro de Madrid

David Conte y Marina Casado durante la presentación de El barco de cristal en Casa del Libro
David Conte y Marina Casado durante la presentación de El barco de cristal en Casa del Libro

El pasado jueves 26 de febrero tuvo lugar la segunda presentación de mi libro, El barco de cristal. Referencias literarias en el pop-rock (Editorial Líneas Paralelas, 2014), en la Casa del Libro de Alcalá, en Madrid.  La presentación estuvo a cargo de David Conte, filólogo y profesor de la universidad Carlos III de Madrid que también siente fascinación por el rock.

A través de un ameno diálogo estructurado en tres grandes puntos –Romanticismo, fantasía y malditismo-, hicimos un repaso por la historia del rock y sus influencias literarias, comenzando con el consabido Jim Morrison, líder de The Doors, grupo cuyo nombre posee su origen en una obra de finales del siglo XVIII de William Blake, El matrimonio de Cielo e Infierno. La influencia de Blake también se deja ver en algunos temas de la banda, como “End Of The Night” (1965), inspirando directamente en su poema “Augurios de inocencia”.

.

Del Romanticismo pasamos a los mundos oníricos de Alicia, el mítico personaje creado en 1865 por el británico Lewis Carroll, muy presente en el rock desde la década de los sesenta. Son famosas algunas reinterpretaciones, como la de Marilyn Manson, que le otorga tintes siniestros, o la de Jefferson Airplane, en pleno Verano del Amor, que en su tema “White Rabbit” (1969) contempló los mundos fantásticos de Alicia como una alegoría de las alucinaciones producidas por la droga hippie por excelencia: el LSD. También en España tenemos nuestras propias reinterpretaciones, como la de Enrique Bunbury, que en 1993 dio vida a una Alicia despistada, caprichosa e imaginativa en su tema “Alicia (expulsada al País de las maravillas)”.

.

El malditismo ha sido una constante en la historia del rock, pero por detrás de esa rebeldía encontramos, en muchas ocasiones, una obra literaria. Es el caso de “Sympathy For The Devil” (1968), uno de los temas más famosos de The Rolling Stones, que encuentra su origen en la novela de Mijaíl Bulgákov El maestro y Margarita (1941), un regalo de la cantante y actriz Marianne Faithfull para Mick Jagger, el vocalista de los Stones. Otro caso es el de Barón Rojo, grupo de rock duro español surgido en los ochenta, y su reinterpretación de un famoso pasaje bíblico en “Hijos de Caín” (1985).

.

Estos temas son algunos de los que forman parte de mi ensayo, un lugar de encuentro para el rock y la literatura. Fue todo un privilegio haberlo presentado el otro día en la Casa del Libro, y vuelvo a dar las gracias a mis lectores y a todos los amigos que acudieron para acompañarme, sin los cuales nada sería posible.

David Conte y Marina Casado en la presentación de El barco de cristal en Casa del Libro
David Conte y Marina Casado en la presentación de El barco de cristal en Casa del Libro