Segunda estrella a la derecha

peter pan
Fotograma de la película Peter Pan (Walt Disney, 1953)

Publicado en Estrella Digital el 2/10/18

Hubo un tiempo en el que el tiempo no existía, al menos no con la consistencia presente, con la insultante realidad afilada. Esa época dorada, suave y plena de horizontes es la infancia. Todos hemos soñado en ella y la hemos llorado desde fuera. Se dibuja como una isla extraviada, inaccesible, como un Edén bíblico. Escribió Luis Cernuda:

Desde niño, tan lejos como vaya mi recuerdo, he buscado siempre lo que no cambia, he deseado la eternidad. Todo contribuía alrededor mío, durante mis primeros años, a mantener en mí la ilusión y la creencia en lo permanente: la casa familiar inmutable, los accidentes idénticos de mi vida. Si algo cambiaba, era para volver más tarde a lo acostumbrado, sucediéndose todo como las estaciones en el ciclo del año, y tras la diversidad aparente siempre se traslucía la unidad íntima.

Pero terminó la niñez y caí en el mundo. Las gentes morían en torno mío y las casas se arruinaban. (Luis Cernuda, Ocnos).

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Carlos Gardel: 80 años no es nada

El músico y actor Carlos Gardel

“Pero ¡qué le vas a hacer! La vida es así, como dice un tango que oímos la otra noche en Eritaña”.

(Carta de Luis Cernuda a Higinio Capote, años veinte)

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Qué tendrá el tango argentino que me vuelca de un golpe el corazón. Despierta una furia apasionada y precisa, degolladoramente sentimental, en sus arremetidas de acordeón -¿existe acaso un instrumento más romántico que el acordeón?-. Hoy se cumplen ocho décadas de la trágica muerte del rey indiscutible del tango: Carlos Gardel.

La imagen que ha quedado de él para la posteridad es la de un hombre risueño, de cabello negrísimo y lustroso, pegado al cuero cabelludo, en correspondencia con la moda de los años veinte; ataviado con un traje impecable y, en muchas ocasiones, un sombrero hongo. Carismático y seductor: el clásico dandi argentino con una nota de sentimentalidad en su figura.

Lo curioso es que Gardel, paradigma de la cultura bonaerense, no nació en la Argentina, aunque se nacionalizó en 1923. Sus primeros años de vida constituyen un auténtico enigma a día de hoy, existiendo dos principales hipótesis, ninguna de las cuales lo sitúa como porteño de nacimiento. Según la primera, nació en Toulouse, Francia, en 1890. La segunda teoría sostiene que fue dado a luz siete años antes en la ciudad uruguaya de Tucuarembó. Cada una de ellas posee una serie de fundamentos y puntos de apoyo que les otorgan perfecta coherencia. Lo que ambas parecen aceptar es que vivió desde niño en su “Buenos Aires querido”, en viviendas de condiciones paupérrimas en el popular barrio de San Nicolás, y que tuvo problemas con la justicia.

Carlos Gardel, el Rey indiscutible del tango

Ciertamente, Carlos Gardel se hizo a sí mismo, emergiendo desde su pobreza hasta sembrar un auténtico fenómeno de idolatría y convertirse en un símbolo cultural gracias a su maestría en el tango, un género que se comenzó a popularizar tras la Primera Guerra Mundial. Gardel levantó pasiones, además de en Buenos Aires, en Uruguay, Francia y España. Incluso el poeta español Luis Cernuda se estremeció con sus tangos y lloró con aquel titulado “No te quiero más”, cuya letra reproduce en una de las cartas enviadas a su amigo Higinio Capote.

Siendo su nacimiento un misterio, su muerte representó, sin embargo, un drama a nivel mundial. Ocurrió el 24 de junio de 1935, en un accidente aéreo en Medellín, Colombia. Junto a él fallecieron el letrista de tangos Alfredo Le Pera, su secretario Corpas Moreno y el guitarrista Guillermo Barbieri. Su cuerpo fue repatriado a Buenos Aires.

Una vez escribí que el acordeón es “tristeza aderezada de domingos”. Hay algo profundamente trágico en la acelerada existencia de Carlos Gardel, para quien fue “un soplo la vida”, igual que en la famosa letra de su tango. La misma melancolía elegante que parece traspasar los violines que habitan en esa joya del género que constituye el tema “Por una cabeza”, cuya música fue compuesta por Gardel en 1935.

Pero el tiempo, finalmente, no ha borrado su “caminito”: la “guitarra criolla” de su voz permanecerá para siempre en el imaginario cultural latino, y a ese verso de su célebre tango “Volver”, en el que afirma que “veinte años no es nada”, deberíamos añadirle seis décadas más. Porque decir tango es decir Gardel, y quién no experimenta un escalofrío al escuchar su voz aflautada sobre un fondo crepuscular de acordeones…

Un tango para Luis Cernuda

Luis Cernuda en 1937
Luis Cernuda en 1937

Siendo joven, bastante tímido y demasiado apasionado, lo que le pedía a la música eran alas para escapar de aquellas gentes extrañas que me rodeaban, de las costumbres que me imponían, y quién sabe si hasta de mí mismo.

(Luis Cernuda, Ocnos)

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A Luis Cernuda le apasionaba la música. De niño, pasaba las horas escuchando el piano de su vecino, deleitándose con las notas delicadas y ligeras de Mozart o las más graves de Bach, que para él eran una suerte de versos compuestos por el aire. Beethoven en cambio, no era “genio de su devoción”, como él mismo confesaba. Admitía que esto se debía a prejuicios arraigados en su juventud, cuando Beethoven no le parecía lo suficientemente refinado. De él decía que era “un genio bastante casero, con la grandeza del genio desde luego, pero también con cierta subterránea vulgaridad”. Mozart, en cambio, era “la música misma”, como lo define en el poema que lleva su mismo nombre, escrito en sus últimos años. La huella de la música clásica, y de la más popular, la hallamos en poemas: “Scherzo para un elfo”, “El arpa”, “Música cautiva”, “A dos voces”, “Luis de Baviera escucha Lohengrin“… y también en relatos, como “El sarao”.

En 1928, cuando abandonó Sevilla para ocupar un puesto de lectorado en la Universidad de Toulousse, tuvo ocasión de familiarizarse con los bailes modernos que sacudían aquellos alegres años veinte. Un jovencísimo Cernuda de 26 se fascinaba con los tangos, el jazz y el fox-trot, aprendiendo los pasos, contagiándose de la moda parisina y fumando cigarrillos blancos. En “Un río, un amor”, poemario escrito en aquellos años, sorprendemos poemas como “La canción del oeste” -un amor que se aleja envuelto en melodía- o “Quisiera estar solo en el sur”, que toma su título de una pieza de fox-trot de la época.

Cada verso cernudiano lleva música. La música va inserta en cada uno de sus poemas, en los que la Naturaleza parece dirigir de manera invisible un concierto perfecto. Cernuda buscaba “el acorde”, un broche musical de éxtasis que expresaba la intemporalidad, la inmortalidad de la poesía, su fusión con los elementos naturales. El poeta, para Cernuda, simbolizaba una especie de divinidad.

Luis Cernuda en los años 30
Luis Cernuda en los años 30

Vuelvo otra vez a la tristeza. Verdaderamente no puedo vivir sin tener al lado algo o alguien por quien sentir afecto. Y estoy solo. Aunque Prados, Altolaguirre, Hinojosa me acompañan siempre, su compañía no me basta. Sé que esto, decir esto, está mal: es ser ingrato para quienes tanto afecto me demuestran. Pero no estoy en mi sitio; lo siento físicamente y espiritualmente. Lo mismo me ocurrirá en Madrid. Pero “¡qué le vas a hacer! La vida es así”, como dice un tango que oímos la otra noche en Eritaña. Ya no puedo volverme atrás. Esto no se lo diría a Salinas; ya se lo que diría: “¡Falta de vitalidad!”. No lo creo así. Sé lo que me falta; pero mejor sería que no lo supiera.

(Carta de Luis Cernuda a su amigo Higinio Capote fechada en Málaga, a finales de la década de los veinte)

Tras leer esta carta por primera vez, me pregunté de qué tango podría tratarse. En aquellos años, trataba yo de bucear por el alma del poeta buscando conocerle, a pesar de no hallarse él entre los vivos, pero habiendo sorprendido un “acorde” entre su obra y mi propia alma.

Me maravillaba la idea de poder emocionarme con una canción que él había hecho suya muchos años atrás. Experimentar una sensación que me uniera a él, a pesar del desierto de tiempo que nos separa, “y alcanzar aquel muro del espacio, separando mis años de los suyos pasados”, por introducir una variación en su poema “A un poeta futuro“.

Y encontré aquel tango: “No te quiero más”. Compuesto por Juan Baüer e interpretado por Carlos Gardel, ¡cómo no!, uno de los ídolos de Luis Cernuda. Hoy, 21 de septiembre, se cumplen 111 años del nacimiento del poeta, y yo le regalo este tango a su memoria: