Un tango para Luis Cernuda

Luis Cernuda en 1937

Luis Cernuda en 1937

Siendo joven, bastante tímido y demasiado apasionado, lo que le pedía a la música eran alas para escapar de aquellas gentes extrañas que me rodeaban, de las costumbres que me imponían, y quién sabe si hasta de mí mismo.

(Luis Cernuda, Ocnos)

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A Luis Cernuda le apasionaba la música. De niño, pasaba las horas escuchando el piano de su vecino, deleitándose con las notas delicadas y ligeras de Mozart o las más graves de Bach, que para él eran una suerte de versos compuestos por el aire. Beethoven en cambio, no era “genio de su devoción”, como él mismo confesaba. Admitía que esto se debía a prejuicios arraigados en su juventud, cuando Beethoven no le parecía lo suficientemente refinado. De él decía que era “un genio bastante casero, con la grandeza del genio desde luego, pero también con cierta subterránea vulgaridad”. Mozart, en cambio, era “la música misma”, como lo define en el poema que lleva su mismo nombre, escrito en sus últimos años. La huella de la música clásica, y de la más popular, la hallamos en poemas: “Scherzo para un elfo”, “El arpa”, “Música cautiva”, “A dos voces”, “Luis de Baviera escucha Lohengrin“… y también en relatos, como “El sarao”.

En 1928, cuando abandonó Sevilla para ocupar un puesto de lectorado en la Universidad de Toulousse, tuvo ocasión de familiarizarse con los bailes modernos que sacudían aquellos alegres años veinte. Un jovencísimo Cernuda de 26 se fascinaba con los tangos, el jazz y el fox-trot, aprendiendo los pasos, contagiándose de la moda parisina y fumando cigarrillos blancos. En “Un río, un amor”, poemario escrito en aquellos años, sorprendemos poemas como “La canción del oeste” -un amor que se aleja envuelto en melodía- o “Quisiera estar solo en el sur”, que toma su título de una pieza de fox-trot de la época.

Cada verso cernudiano lleva música. La música va inserta en cada uno de sus poemas, en los que la Naturaleza parece dirigir de manera invisible un concierto perfecto. Cernuda buscaba “el acorde”, un broche musical de éxtasis que expresaba la intemporalidad, la inmortalidad de la poesía, su fusión con los elementos naturales. El poeta, para Cernuda, simbolizaba una especie de divinidad.

Luis Cernuda en los años 30

Luis Cernuda en los años 30

Vuelvo otra vez a la tristeza. Verdaderamente no puedo vivir sin tener al lado algo o alguien por quien sentir afecto. Y estoy solo. Aunque Prados, Altolaguirre, Hinojosa me acompañan siempre, su compañía no me basta. Sé que esto, decir esto, está mal: es ser ingrato para quienes tanto afecto me demuestran. Pero no estoy en mi sitio; lo siento físicamente y espiritualmente. Lo mismo me ocurrirá en Madrid. Pero “¡qué le vas a hacer! La vida es así”, como dice un tango que oímos la otra noche en Eritaña. Ya no puedo volverme atrás. Esto no se lo diría a Salinas; ya se lo que diría: “¡Falta de vitalidad!”. No lo creo así. Sé lo que me falta; pero mejor sería que no lo supiera.

(Carta de Luis Cernuda a su amigo Higinio Capote fechada en Málaga, a finales de la década de los veinte)

Tras leer esta carta por primera vez, me pregunté de qué tango podría tratarse. En aquellos años, trataba yo de bucear por el alma del poeta buscando conocerle, a pesar de no hallarse él entre los vivos, pero habiendo sorprendido un “acorde” entre su obra y mi propia alma.

Me maravillaba la idea de poder emocionarme con una canción que él había hecho suya muchos años atrás. Experimentar una sensación que me uniera a él, a pesar del desierto de tiempo que nos separa, “y alcanzar aquel muro del espacio, separando mis años de los suyos pasados”, por introducir una variación en su poema “A un poeta futuro“.

Y encontré aquel tango: “No te quiero más”. Compuesto por Juan Baüer e interpretado por Carlos Gardel, ¡cómo no!, uno de los ídolos de Luis Cernuda. Hoy, 21 de septiembre, se cumplen 111 años del nacimiento del poeta, y yo le regalo este tango a su memoria:

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5 respuestas a Un tango para Luis Cernuda

  1. El barón Rampante dijo:

    Magnífico artículo, Marina. Cernuda y la música, lírica y tango… Un artículo para paladares exquisitos. Aunque es difícil mantener que Beethoven es inferior a Mozart. A vuestro servicio, elegante baronesa.

  2. Arthur Rimbaud dijo:

    Marina la soñadora de ojos verdes donde todos los hombres desean perderse. Matina la poeta amiga de los poetas, vivos o muertos, pero siemre vivos en los libros. Marina, la visionaria y utópica amiga de Cernuda. Todos los que amamos la poesía sabemos lo que es el temblor ante el verso y ella mejor que nadie.

  3. Gracias por tan sugestivo comentario, Marina, sobre uno de los grandes poetas de nuestro siglo XX. Además de su poesía, tan «puramente humana», siempre me interesó su personalidad y me hubiera encantado conocerlo en persona aunque me tengo que conformar con algunos testimonios de personas que lo trataron: Antonio Sánchez Barbudo me comentó un paseo que hicieron juntos por la Casa de Campo y Gregorio Prieto me habló de su sexualidad… Pero, sobre todo, tal como tú aconsejas en tu blog, hay que leer su poesía.
    Un abrazo. JM.

  4. Pingback: Mis artículos sobre Luis Cernuda | Marina Casado

  5. Pingback: Carlos Gardel: 80 años no es nada | Marina Casado

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