El compromiso social de Bruce Springsteen

El músico y compositor Bruce Springsteen

Bruce Springsteen nació en Nueva Jersey, tierra que le inspiró gran parte de sus composiciones, vinculadas al folk rock. A mediados de la década de los sesenta, cuando formaba parte del grupo Earth, adquirió el sobrenombre de “The Boss” –“el Jefe”-, debido a su trabajo a la hora de percibir el pago en los conciertos y de distribuirlo entre sus compañeros.  Su trabajo como compositor comenzó rápidamente a ser valorado de forma muy positiva por la crítica, que lo comparó a Bob Dylan.

Es considerado como uno de los referentes dentro del género denominado “heartland rock”, que se desarrolló en la década de los setenta para alcanzar su éxito comercial en los ochenta, en Estados Unidos. Se caracteriza por su toque country o folk, y por las letras, que abordan problemas sociales como la emigración, el desempleo, la pobreza, y sentimientos como la nostalgia por las raíces, la desilusión y la esperanza depositada en el trabajo.

Springsteen siempre se mostró sensible con estos temas, en canciones como “The promised land”, de 1978, que trata sobre un hombre desilusionado con su entorno que, sin embargo, trabaja duro por perseguir su sueño: una vida mejor en una tierra prometida en la que no ha dejado de creer. O una de sus más aclamadas canciones, “Born in the U.S.A.” –“Nacido en los Estados Unidos”-, de 1984, que trata sobre un veterano de la guerra de Vietnam y muestra su absoluto rechazo al conflicto.

“The ghost of Tom Joad”, -“El fantasma de Tom Joad”-, tema perteneciente al álbum homónimo grabado en el año 1995, constituye la culminación del germen de heartland rock que encontrábamos en trabajos anteriores, y está inspirado directamente en la novela Las uvas de la ira, escrita por el californiano John Steinbeck (1902-1968) en 1939. El personaje de Tom Joad es el hijo mayor de los Joad, interpretado por Henry Fonda en la fabulosa película dirigida por John Ford en  1940.

Pero la influencia de la obra de Steinbeck no se limita a este álbum. Las uvas de la ira trata temas tan “springstinianos” como gente hambrienta, campesinos que han perdido sus tierras, caminos, ríos y coches, trabajadores sin empleo, vagabundos y malas tierras, o tierras prometidas… El propio Bruce Springsteen confesó que, al leer esta novela, “se le aclaró la mente”. Trasladó la crítica social de Steinbeck a su propia época, para describir la vida a mediados de los noventa en Estados Unidos y en México, apoyándose en el espíritu de lucha de Tom Joad.

[Texto extraído de CASADO, Marina, El barco de cristal. Referencias literarias en el pop-rock (Editorial Líneas Paralelas, 2014)]

“Yonqui”, de William S. Burroughs: el mundo de la drogadicción, desde dentro

Yonqui, de William S. Burroughs, editado por Anagrama

Lo primero que supe de este libro es que era la novela de cabecera de Kurt Cobain, el depresivo vocalista de Nirvana. Después descubrí que constituye una de las obras consagradas de la llamada Generación Beat, aquella que tenía a Jack Kerouac como Sumo Sacerdote y que resultó el punto de partida para la inspiración de varias generaciones de rockeros. Pero lo que realmente me estremeció fue averiguar que se trataba de una novela autobiográfica -¿hasta qué punto?- en la que el protagonista, Bill Lee, es el álter ego de William Burroughs (1919-1997), su autor.

Sí sabía que Burroughs había sido drogadicto. Retengo en la memoria su imagen en blanco y negro: aquella figura trajeada impecablemente, a menudo con sombrero; con un aire funesto de enterrador o de cura protestante. Su rostro serio, alargado y macilento; el cuello impoluto de su camisa; revelan que se había criado en el seno de una familia acomodada en Misuri, acudiendo incluso a la reputada universidad de Harvard. Pero ya desde niño se sintió diferente, en parte por su públicamente reconocida orientación homosexual, aunque también por un carácter introvertido, inherente a su persona, que le producía cierta ansiedad en el trato con la gente.

El escritor William S. Burroughs

Su amigo y amante Allen Ginsberg, otro escritor consagrado de la Generación Beat, autor del famoso poema Aullido, habla en el prólogo de esta novela de la acuciante timidez de Burroughs y de su falta de confianza a la hora de enfocar su propia obra, que le hizo resistirse a publicar este primer libro, que finalmente salió a la luz en 1953 gracias, sobre todo, a las gestiones de Ginsberg, quien tenía fe ciega en la prosa de Burroughs.

Yonqui no supone una revolución estilística, como otras obras posteriores del norteamericano; pero sí una temática, al internarse de una forma descarnada y visceral en el mundo de la drogadicción como todavía no se había hecho. De esta novela beberían directamente reconocidas novelas del mismo género, como –sin ir más lejos- Trainspotting (1993), de Irving Welsh, popularizada por su adaptación cinematográfica protagonizada por un jovencísimo Ewan McGregor.

Desde un comienzo, Burroughs insiste en que las personas no se convierten en drogadictas por ningún motivo en especial. En el caso de Bill Lee, se trató de mera curiosidad, al probar la heroína con la que comerciaba durante sus días de trapicheos con mercancías ilegales. También explica el autor que adquirir la adicción no es fácil: resultan necesarios muchos pinchazos y de forma muy continuada. Esto implica que los drogadictos son muy conscientes de lo que están haciendo a medida que adquieren su adicción y que por algún motivo inexplicable no se detienen antes de caer inevitablemente en el abismo. El abismo, o infierno, se caracteriza por un único eje en la existencia: la dependencia desgarradora de la droga. Hay que especificar que, cuando Burroughs habla de droga, se refiere estrictamente a la heroína, la única que considera realmente adictiva –la cocaína, las hierbas y las drogas “naturales” no entran en esta denominación-.

El escritor William S. Burroughs

Sabía que Burroughs había sido drogadicto, sí; pero no me imaginaba en absoluto que un escritor tan célebre como él hubiese vivido –o mejor dicho, sobrevivido- en ambientes tan sórdidos como los descritos en la novela, donde los personajes mendigan y roban por una dosis de droga y llevan una existencia marcada por la huida constante y frenética de las autoridades. El relato de Burroughs posee la dureza y la frialdad de quien lo cuenta desde dentro, describiendo una a una las sensaciones y emociones que embargan al drogadicto, al “yonqui”, en sus diferentes estados, desde la excitación de un chute, pasando por el dolor desesperado del síndrome de abstinencia, hasta llegar a la depresión que acompaña al proceso de desintoxicación, una desintoxicación que no resulta ser más que una utopía porque jamás llega a completarse del todo: el yonqui es un ser maldito, eternamente condenado a su adicción. El abismo no permite un regreso ni una rectificación: quien se lanza, se abandona a él para siempre.

La novela estremece precisamente por su realismo, por la veracidad que implica el hecho de que es un auténtico drogadicto el que narra su historia. No es igual que escuchar una conferencia académica acerca de los efectos de la droga, con la cual, por muy científica que resulte, no podremos ponernos del todo en la piel de la víctima. La repulsión, la impotencia y la desolación que van emergiendo en el lector a través de la lectura de este relato de Burroughs son, precisamente, los efectos que su autor deseaba transmitir. Y he ahí lo esencial de esta novela. Cabría incluso plantearse recomendar el libro en los institutos; a menudo, causaría más efecto en los adolescentes que las inocuas y precisas conferencias de campañas contra la drogadicción a las que los tenemos acostumbrados y que ya no les sorprenden, en modo alguno.

Y es que el texto no se limita a demonizar la droga; también deja traslucir los motivos de fascinación que pueden conducir a una persona a abandonarse a ella. En la última página, confiesa Bill Lee: “Colocarse es ver las cosas desde un ángulo especial. Es la libertad momentánea de las exigencias de la carne temerosa, asustada, envejecida, picajosa”. Pero, para entonces, el lector ya conoce al protagonista y sabe que es una persona enferma, desesperada y autodestructiva. Sus palabras no tienen credibilidad, porque lo hemos visto columpiarse entre la vida y la muerte, contemplando cómo esta última aliena su mente a través de la droga. Bill Lee ya no es, para el lector, un hombre razonable, sino un pobre drogadicto que no posee capacidad de raciocinio.

William S. Burroughs y Kurt Cobain en 1993

Kurt Cobain quiso que el propio William S. Burroughs, su ídolo literario, participara en el videoclip de su famoso tema “Heart-Shaped Box”, de su álbum In Utero (1993). La idea de Cobain era que Burroughs apareciera como un viejo cristo yonqui crucificado. El escritor rechazó amablemente la propuesta, pero lo invitó a visitarle a su casa, como agradecimiento a la admiración que demostraba. El encuentro se produjo en 1993, poco antes de que Cobain falleciera trágicamente. Burroughs, que también murió algo después, contaba que, cuando lo conoció, Cobain ya llevaba la muerte en los ojos. Tal vez el viejo escritor beat lo reconociera porque él también había vivido mucho tiempo en un limbo desesperado, un limbo descrito precisa y desgarradoramente en Yonqui, una novela que no puedo dejar de recomendar.

«El barco de cristal» en la Casa del Libro de Madrid

David Conte y Marina Casado durante la presentación de El barco de cristal en Casa del Libro
David Conte y Marina Casado durante la presentación de El barco de cristal en Casa del Libro

El pasado jueves 26 de febrero tuvo lugar la segunda presentación de mi libro, El barco de cristal. Referencias literarias en el pop-rock (Editorial Líneas Paralelas, 2014), en la Casa del Libro de Alcalá, en Madrid.  La presentación estuvo a cargo de David Conte, filólogo y profesor de la universidad Carlos III de Madrid que también siente fascinación por el rock.

A través de un ameno diálogo estructurado en tres grandes puntos –Romanticismo, fantasía y malditismo-, hicimos un repaso por la historia del rock y sus influencias literarias, comenzando con el consabido Jim Morrison, líder de The Doors, grupo cuyo nombre posee su origen en una obra de finales del siglo XVIII de William Blake, El matrimonio de Cielo e Infierno. La influencia de Blake también se deja ver en algunos temas de la banda, como “End Of The Night” (1965), inspirando directamente en su poema “Augurios de inocencia”.

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Del Romanticismo pasamos a los mundos oníricos de Alicia, el mítico personaje creado en 1865 por el británico Lewis Carroll, muy presente en el rock desde la década de los sesenta. Son famosas algunas reinterpretaciones, como la de Marilyn Manson, que le otorga tintes siniestros, o la de Jefferson Airplane, en pleno Verano del Amor, que en su tema “White Rabbit” (1969) contempló los mundos fantásticos de Alicia como una alegoría de las alucinaciones producidas por la droga hippie por excelencia: el LSD. También en España tenemos nuestras propias reinterpretaciones, como la de Enrique Bunbury, que en 1993 dio vida a una Alicia despistada, caprichosa e imaginativa en su tema “Alicia (expulsada al País de las maravillas)”.

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El malditismo ha sido una constante en la historia del rock, pero por detrás de esa rebeldía encontramos, en muchas ocasiones, una obra literaria. Es el caso de “Sympathy For The Devil” (1968), uno de los temas más famosos de The Rolling Stones, que encuentra su origen en la novela de Mijaíl Bulgákov El maestro y Margarita (1941), un regalo de la cantante y actriz Marianne Faithfull para Mick Jagger, el vocalista de los Stones. Otro caso es el de Barón Rojo, grupo de rock duro español surgido en los ochenta, y su reinterpretación de un famoso pasaje bíblico en “Hijos de Caín” (1985).

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Estos temas son algunos de los que forman parte de mi ensayo, un lugar de encuentro para el rock y la literatura. Fue todo un privilegio haberlo presentado el otro día en la Casa del Libro, y vuelvo a dar las gracias a mis lectores y a todos los amigos que acudieron para acompañarme, sin los cuales nada sería posible.

David Conte y Marina Casado en la presentación de El barco de cristal en Casa del Libro
David Conte y Marina Casado en la presentación de El barco de cristal en Casa del Libro

Juan Casado, de The Vagus Group: “Cada vez resulta más difícil apostar por la música que te gusta”

Laura, Juan, Julio y Álvaro, miembros de The Vagus Group
Laura, Juan, Julio y Álvaro, miembros de The Vagus Group

No todo está perdido en el panorama musical español. Hay grupos que están empezando, pero que ya se perfilan como grandes promesas, con un estilo definido y un bagaje musical mucho más profundo que el conformado por los géneros que empañan nuestra época. Uno de estos ejemplos es The Vagus Group, el conjunto integrado por cinco estudiantes de Medicina enamorados del rock. Ellos son Julio –voz, guitarra, bajo y piano-, Juan –voz y guitarra-, Álvaro –guitarra-, Laura –voz- y Nico –batería-.

Hasta ahora, han ofrecido dos conciertos en Madrid y Asturias, y el próximo será en Madrid, el próximo 26 de febrero. En diciembre, colaboraron en la presentación de mi libro El barco de cristal. Referencias literarias en el pop-rock, versionando algunos temas clásicos bajo el nombre Strange Days. Hoy, tengo el placer de entrevistar a uno de los miembros de la banda, Juan Casado.

Juan Casado, de The Vagus Group
Juan Casado, de The Vagus Group

P.: ¿Cómo surgió la idea de formar una banda?

R.: Álvaro, Julio y yo somos amigos desde primero de carrera, con los mismos gustos musicales… Los tres tocábamos algún instrumento, y de vez en cuando nos reuníamos para tocar juntos. El año pasado, en tercer curso, se nos unió Laura como cantante. Los cuatro dimos un pequeño concierto en Soria y gustamos bastante, así que nos planteamos llevar el tema un poco más allá e introducir un batería. Ahí entró Nico, que es vecino y amigo de Julio desde siempre. Desde entonces, hemos tocado para un público varias veces.

P.: ¿A qué debemos el nombre?

R.: [Se ríe] Realmente, es una frikada de médicos. El año pasado, en una clase de Anatomía con José Ramón Mérida –al que recuerdo como uno de los mejores profesores de la carrera-, estuvimos estudiando los pares craneales bajos, que están numerados: 9, 10 y 11. Los clásicos los llamaban el vagus group por la presencia del nervio vago. Entonces hice la broma: “¡Qué buen nombre para una banda de rock, The Vagus Group!”. Y lo que empezó siendo una broma acabó dando título a nuestro grupo…

P.: ¿En qué género podríamos incluir vuestra música?

R.: Lo cierto es que aquí se mezclan los estilos preferidos de los “fundadores”. Las más folk llevan el sello de Julio, Álvaro tira más hacia el rock progresivo y yo le doy un toque alternativo.

P.: ¿Cuántos temas propios habéis compuesto? ¿Quién se encarga de componerlos?

R.: Por ahora tenemos completamente acabados ocho: tres son míos, tres son de Julio y otros dos son de Álvaro. En realidad, todos aportamos nuestro granito de arena.

P.: ¿Qué temas tratan vuestras letras?

R.: No solo recurrimos a los temas afectivos y sentimentales; nos servimos de experiencias personales en general, reflejamos determinados momentos de nuestra vida. Por ejemplo, para una de mis composiciones me he servido de referencias del libro que leí este verano: La Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams. [Ríe] ¡Me vas a tener que incluir en tu libro sobre literatura y rock!

Juan Casado con The Vagus Group en Asturias, verano de 2014
Juan Casado con The Vagus Group en Asturias, verano de 2014

P.: ¿Qué aportáis a la banda cada uno de vosotros?

R.: Nico aporta el latido: además de ser un buen batería, tiene la capacidad de intuir qué ritmo necesita cada canción en cualquier momento. Julio es como el “artista total” del grupo: canta, toca excelentemente el piano, la guitarra, el bajo… Álvaro, además de tocar la guitarra, mueve con soltura el tema de la producción, graba, mezcla… Es algo de lo que el resto no entendemos. Laura aporta una armonía intuitiva con su voz, y yo… Supongo que yo aporto un poco de todo: cantar no se me da mal, así como tocar la guitarra, y me esfuerzo por componer letras complejas.

P.: ¿Qué grupos o artistas os inspiran?

R.: Cada uno tiene sus gustos e influencias particulares, pero todos coincidimos en un punto común: The Beatles.

P.: Y en particular, ¿cuáles son tus grupos o artistas preferidos, en un plano internacional y nacional?

R.: De clásicos, Led Zeppelin, Pink Floyd, Radiohead… Nacionales: Vetusta Morla, Antonio Vega, Héroes del Silencio y Extremoduro.

P.: ¿Qué instrumentos musicales tocas?

R.: Guitarra y piano.

P.: Menciona tres álbumes y tres canciones que te hayan marcado a lo largo de tu vida.

R.: Tres álbumes: Dark Side Of The Moon, de Pink Floyd; O.K. Computer, de Radiohead, y Led Zeppelin III. Con las canciones me lo pones más difícil. Mencionaré “Shine On Your Crazy Diamond, de Pink Floyd; “The Rain Song”, de Led Zeppelin y, por decir alguna española, “El sitio de mi recreo”, de Antonio Vega.

P.: ¿Qué música escuchabas en tu adolescencia?

R.: Yo empecé en el rock “clásico” como casi todos, con ACDC… Pero antes de eso, me interné por el punk rock –SUM 41, Blink 182-. Y antes, incluso, tuve una época en la que fui muy aficionado al rock urbano español: Marea, Extremoduro y otros grupos que no mencionaré ahora… Además, Héroes del Silencio me han acompañado casi desde siempre.

P.: ¿Qué opinas del panorama musical actual en un plano internacional y nacional? 

R.: En el plano internacional, hay muy poco destacable y, los que merecen la pena, llevan ahí desde hace diez años o más. No sale nada nuevo y, si existe, no destaca. En el plano nacional se refleja esta misma situación. Es el triunfo absoluto de lo comercial: cada vez resulta más difícil apostar por la música que te gusta y tener éxito.

Juan Casado durante la presentación de El barco de cristal. Referencias literarias en el pop-rock. Diciembre de 2014
Juan Casado durante la presentación de El barco de cristal. Referencias literarias en el pop-rock. Diciembre de 2014

P.: ¿Qué opinas acerca de la eterna polémica de las descargas gratuitas de música?

R.: Entiendo que sea un problema, porque los álbumes son una fuente de ganancia para los músicos como los libros puedan serlo para los escritores. Pero en nuestro momento histórico, resulta inevitable, así que, en vez de centrarnos en combatirlo, deberíamos dedicar nuestros esfuerzos a buscar formas alternativas de ganar dinero…

P.: ¿Qué artistas españoles actuales consideras los mejores letristas?

R.: Enrique Bunbury, Mikel Erentxun y Vetusta Morla.

P.: ¿Cuál es, para ti, la mejor voz masculina española de las últimas tres décadas? ¿Y femenina?

R.: Masculina, por fuerza y personalidad, destacaría la de Bunbury. Femenina… Amaia Montero en sus dos primeros discos con La Oreja de Van Gogh, después, se corrompió… A nivel de combinación, no puedo dejar de mencionar el mítico dúo de Ella Baila Sola.

P.: ¿Algún grupo de rock español de la década de los sesenta que salvarías?

R.: Los Bravos y Los Sírex, sin duda.

P.: ¿Qué opinas de la Movida madrileña?

R.: Creo que podemos extraer algo muy positivo de ella: fue la explosión de la cultura pop en España y comenzaron a hacerse cosas más elevadas en terreno musical. Hubo muchos “mataos”, claro, pero de esa época también sale gente como Antonio Vega, que tras su faceta de músico caótico y atormentado, poseía un don. Y como él, muchos más.

P.: ¿Crees que el origen del rock es marginal o elitista?

R.: Marginal, por supuesto. Viene del blues y este lo inventaron las gentes humildes que trabajaban en las antiguas plantaciones de algodón…

P.: Pregunta prototípica y manida: ¿eres de los Beatles o de los Rolling Stones?

R.: ¡Vaya pregunta! No puedo decidirme… [Duda, riendo] Cuesta decidirse… Objetivamente, tengo que admitir que el fenómeno Beatles es más “total”: los Beatles lo crearon y los Rolling se encargaron de vestir lo que los Beatles habían creado, tomando influencias estadounidenses.

P.: ¿Qué figura histórica del rock internacional te fascina como personaje?

R.: Freddie Mercury.

P.: ¿Cuál es el mejor concierto al que has asistido?

R.: El último que dieron The Rolling Stones en Madrid, el pasado junio, en el Bernabeu. Fue histórico.

Juan y Julio, de The Vagus Group, en el concierto de The Rolling Stones en Madrid, junio de 2014
Julio y Juan, de The Vagus Group, en el concierto de The Rolling Stones en Madrid, junio de 2014

P.: Seamos originales. ¿Qué tema, fuera del género del pop-rock, te gustaría versionar?

R.: ¡Tantos! Algo de blues, por ejemplo. Por decir alguno… cualquier tema de Marvin Gaye… “Lets Get It On”. ¡Si fuera capaz, claro!

P.: ¿Tenéis la idea de grabar un álbum próximamente?

R.: De momento, no tenemos más que canciones sueltas. Estamos empezando… Seguiremos con esto y, más adelante, si todo va bien -¡ojalá!-, nos lo plantearemos.

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Esperemos, efectivamente, que todo le vaya muy bien a este joven conjunto de rock que ofrecerá su tercer concierto el próximo jueves 26 de febrero. Será a las 22:00 en La Leyenda Rock Bar, situado en la calle San Bernardino 8. Os dejo el cartel y os animo a no faltar. ¡Todos los grandes rockeros tuvieron sus comienzos!

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