
A veces, escribir una novela se convierte en una aventura, en un descubrimiento. Así ha sido en el caso de Paco Ramos, el autor que ha brillado en su faceta poética con magníficas obras como El aprendizaje del miedo (2016) o Los muertos de Bilderberg (2022). En este último ya reflejó sus inquietudes sociales, su naturaleza crítica hacia el mundo capitalista que habitamos.
Tierra fría (Huerga y Fierro, 2026) no es su primera novela. En 2024 publicó, también con Huerga y Fierro, Memento vivere, una divertida –a la par que filosófica– road novel en la que ya nos demostró sus estupendas dotes de narrador y una admirable capacidad para perfilar psicológicamente a sus personajes, que están vivos. Por tanto, Tierra fría no es su inicial novela –ni será la última–, pero sí es su primera aventura novelística. Porque en ella Paco no se ha limitado a ser poeta –el título ya resulta innegablemente lírico– ni narrador, sino que ha actuado casi como un periodista de investigación, basándose en una historia real que ha ido desplegándose ante él paso por paso.
Cuando la novela era solo un proyecto, el propio Paco me confesó que la historia lo había encontrado a él y no al contrario. El inicio estuvo marcado por un hombre, su compañero y amigo Pedro, y un lugar, La Sauceda, injustamente olvidado tras el trágico suceso que tuvo lugar allí el 31 de octubre de 1936. Se trata de la primera aldea que fue bombardeada en la Guerra Civil: un bombardeo equivalente a un exterminio, porque allí solo vivía población civil. La aldea quedó totalmente destruida y muchos de los supervivientes fueron posteriormente asesinados por el ejército sublevado. También Pedro Rodríguez, el alcalde, a la sazón abuelo del otro Pedro, el amigo de Paco, que fue el primero en contarle la historia. A partir de ese momento, Paco tuvo que escribirla: hasta se le aparecía en sueños. Investigó, recopiló datos, se documentó. La Casa de la Memoria, en Jimena de la Frontera, lo ayudó también en su aventura. En esta no voy a profundizar más para no extenderme, pero os recomiendo leer la entrevista de Vanessa Perondi en La voz del Sur, donde Paco ofrece muchos detalles fascinantes.
El resultado es una obra ficcionada, pero con grandes dosis de realidad. El autor narra dos historias yuxtapuestas: una en el año del bombardeo, la de Pedro y su esposa Pepa; la otra, en el presente, con dos protagonistas que, de alguna forma, buscan reconstruirse. Aurora Heryan es la nieta de Pedro y llega a España desde Alemania para bucear en sus raíces, para coser los hilos de una historia que nunca le han contado, porque su madre, exiliada, fue una de las víctimas del horror que se refugiaron en el silencio. En el hermoso Valle del Genal, donde se hallaba la desaparecida aldea, conoce a Julio Funes, que ha llegado huyendo de su acelerada vida urbana. Ambos se enamoran y se descubren a sí mismos mientras su propia historia y la de los abuelos de Aurora se van entrelanzando.
Hace pocos días se han cumplido noventa años del bombardeo que destruyó La Sauceda y segó tantas vidas inocentes. Tierra fría ha llegado para remover nuestras conciencias, para devolverles la voz a los muertos y recordarnos el horror que llegó a desplegarse en nuestro país, en el que todavía no existe una Ley de Memoria Histórica sólida, en el que aún se escucha a gente ensalzar al dictador sin ninguna consecuencia legal y está muy de moda decir que “unos y otros mataron”, con esa escalofriante equidistancia que no hace justicia a los miles de muertos del franquismo, muchos de ellos abandonados sin nombre en las cunetas de esa tierra que va congelándose a medida que pasan los años sin cerrar del todo las heridas.
Son necesarios más libros como este, valientes y bien narrados –yo no pude dejar de leerlo hasta que lo terminé, de un tirón–, con un fondo de verdad que todavía cruje en muchas memorias. El olvido no es una opción.
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