Os presento mi nuevo ensayo: La nostalgia inseparable de Rafael Alberti. Oscuridad y exilio íntimo en su obra. Está basado en mi tesis doctoral, en la que obtuve Cum Laude en diciembre de 2015 en la Universidad Complutense de Madrid.
Ahora, está a punto de publicarse con Ediciones de la Torre en esta preciosa edición, que cuenta con un pliego de fotos que repasan la dilatada vida del poeta, que abarcó casi un siglo.
Este libro nace en tiempos muy complicados para mí y posee un significado especial. Representa la culminación de un proceso de superación y mi compromiso con la reivindicación de un poeta como Alberti, que debería ser mucho más visible de lo que es actualmente. Os dejo aquí la sinopsis:
Rafael Alberti, icono de la Generación del 27, es autor de una dilatada obra que posee como eje la oscuridad, junto a una esperanza constante de escapar hacia la luz. Dicha oscuridad se combina con un sempiterno sentimiento de desarraigo hacia el presente que el propio autor definió como “la nostalgia inseparable”. Alberti sufrió el exilio tras la derrota de la II República en la Guerra Civil. Pero el sentimiento de exilio existía antes de abandonar España; porque, en realidad, los sucesivos paraísos perdidos que añora no son espaciales, sino temporales. Alberti es incapaz de arraigarse a su presente, en el cual no encuentra su identidad.
El presente ensayo, basado en la tesis doctoral de la autora, plantea un recorrido por su obra poética y teatral desde esta novedosa y oscura perspectiva.
Estaré firmándolo en la Feria del Libro de Madrid los días 4 y 11 de junio, de 18:00 a 21:00, en la Caseta 200.
La presentación, de entrada libre y gratuita, será el lunes 12 de junio, a las 19:30, en el Ateneo de Madrid (Calle del Prado, 21).
Célebre foto de la Generación del 27 en el tercer centenario de Góngora, en Sevilla, 1927. De izquierda a derecha: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, José María Platero, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego
Nunca ha brillado tanto la poesía en España como en aquellos años de esplendor en los que los poetas de la Generación del 27 enarbolaban sus versos por nuestros cafés, por nuestra Residencia de Estudiantes, por las noches insomnes en las casas de Aleixandre, de Neruda, de Carlos Morla Lynch. La Guerra Civil los separó, pero desde el exilio o desde una España torturada por la dictadura franquista —la España del hacha, que diría el prometeico León Felipe—, cada uno de ellos continuó escribiendo magníficas obras que contribuirían a forjar el esqueleto de la literatura en lengua española. Hubo una excepción, trágica y escalofriante: Federico García Lorca no pudo componer más versos, porque su voz y su vida le fueron arrebatadas en aquel fúnebre agosto de 1936.
No podría comprender hoy la poesía sin la existencia del deseo adolescente cernudiano, sin los mares azules de Alberti, sin el duende de Lorca o los callados enigmas aleixandrinos. La Generación del 27 constituyó un equilibrio perfecto entre la tradición y la vanguardia, y he ahí una de las claves de su esplendor. Y sin embargo, parte de los poetas y poetastros de mi generación se resisten a su influencia por considerarla una poesía caduca, y los clásicos españoles hoy son rechazados en buena parte de los ambientes poéticos juveniles. Apostar por la tradición actualmente es, casi, una forma de vanguardia. Por eso, cuando critican mi poesía por parecerse demasiado a la del 27, me siento halagada. A mucha poesía actual le falta la música; esa música que plasmó Verlaine en sus versos y que enarboló con orgullo Rubén Darío y que recogerían también poetas como Lorca o Alberti.
Miguel Losada y Alejandro Sanz presentando el homenaje a los 90 años de la Generación del 27 en el Ateneo de Madrid
No debería ser necesario reivindicar la Generación del 27, porque ella brilla por sí misma. Sin embargo, tristemente, se impone hacerlo. Por eso me alegró tanto la última iniciativa de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, consistente en un homenaje por el nonagésimo aniversario de la Generación del 27. Alejandro Sanz y Miguel Losada, dos enamorados y grandes conocedores de estos poetas, representantes de la Sección de Literatura, organizaron un magnífico evento que, asombrosamente, no ha sido recogido por los medios de comunicación, quedando así demostrada la escasa importancia que en España se concede a nuestro patrimonio cultural.
Lo cierto es que fue una velada memorable. Quince poetas actuales, entre los cuales tuve el honor de contarme, recitamos versos de cada uno de los grandes vates del 27. Yo representé a mi adorado Rafael Alberti, cuya figura he reivindicado en mi tesis doctoral y que es la protagonista de un ensayo titulado La nostalgia inseparable de Rafael Alberti. Oscuridad y exilio íntimo en su obra, que publicaré este mes con Ediciones de la Torre y presentaré el 12 de junio en el Ateneo de Madrid.
Los participantes del acto
Aquella noche, revivieron los poetas del 27. Resultó emocionante formar parte de este homenaje, deleitarme una vez más con sus obras y aprender de las palabras que les dedicaron los participantes del acto. Se produjo, además, una emotiva anécdota: la asistencia al evento de Alfred Jordan, un antiguo alumno de Luis Cernuda, del último curso en que este dio clases en Norteamérica. Recordaba el ahora veterano profesor el ensimismamiento de Cernuda y sus grandes conocimientos acerca de la literatura española.
Marina Casado representando a Rafael Alberti
El amor por la poesía se traslucía en todas las voces y miradas, y compartirlo fue una maravillosa experiencia. Dijo Alberti que el canto del poeta “asciende a más profundo cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres”. También podríamos citar esa hermosa estrofa lorquiana de la “Oda a Salvador Dalí”: “Pero ante todo canto un común pensamiento / que nos une en las horas oscuras y doradas. / No es el Arte la luz que nos ciega los ojos. / Es primero el amor, la amistad o la esgrima”. La amistad. Generación de la amistad, la llamaron también poetas de la talla de Vicente Aleixandre. Anoche nos lo recordó Alejandro Sanz, presidente la Asociación de Amigos del autor de Sombra del paraíso. Y verdaderamente, aquellos grandes amigos y escritores parecían sonreírnos desde la insondable distancia del tiempo.
Dejo aquí la lista de los participantes del acto y de los poetas del 27 a los que representamos, por orden alfabético:
RAFAEL ALBERTI – Marina Casado VICENTE ALEIXANDRE – Javier Lostalé DÁMASO ALONSO – José Cereijo MANUEL ALTOLAGUIRRE – Ángel Rodríguez Abad MAURICIO BACARISSE – Manuel Neila JOSÉ BERGAMÍN – Jon Andión LUIS CERNUDA – José Luis Gómez Toré JUAN CHABÁS – David Felipe Arranz GERARDO DIEGO – Jesús Urceloy JUAN JOSÉ DOMENCHINA – Luis Luna JORGE GUILLÉN – Francisco Caro FEDERICO GARCÍA LORCA – Miguel Losada JUAN LARREA – Juan Carlos Mestre EMILIO PRADOS – Alejandro Sanz PEDRO SALINAS – Rosana Acquaroni
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Y por último, todas las fotos de los participantes, cortesía de Alejandro Sanz:
Este año, se cumplen 90 desde aquel homenaje a Góngora que dio nombre a la que, en mi opinión, es la generación poética más brillante de todos los tiempos, y la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid ha tenido el detalle de contar conmigo para que represente a mi adorado Rafael Alberti. Allí estaré, con otros poetas, recitando textos de estos fantásticos y atemporales autores. Será una ocasión memorable y espero veros por allí.
Con José Macías en «Se buscan locos por la cordura»
Hace unas semanas, fui entrevistada por el periodista José Macías para el programa «Se buscan locos por la cordura», de Canal 33. La entrevista tuvo lugar en un templo madrileño del flamenco, Villa Rosa, frecuentado en su día por personajes de la talla de Arturo Barea, que lo menciona reiteradamente en su magnífica La forja de un rebelde.
Hablamos sobre mis obras y sobre aspectos tan chorpatélicos de mi biografía como la creencia en meteoritos que detengan el tiempo o el noble arte de la heladología.
Os dejo aquí el vídeo de la entrevista. Yo ocupo los primeros treinta minutos. Espero que disfrutéis con ella, porque es mi primera incursión (y espero que no la última) en la tele…
El pasado 23 de febrero tuve ocasión de presentar mis dos poemarios, Los despertares (Ediciones de la Torre, 2014) y Mi nombre de agua (Ediciones de la Torre, 2016) en el centro cultural La Casa Encendida de Madrid.
Fue una velada memorable en la que hablé de la conexión argumental entre ambas obras y leí algunos de los poemas que forman parte de ellas. En la mesa me acompañaron mi editor, José María de la Torre, que ofreció una visión desde su perspectiva de descubridor de mi poesía, y mi buen amigo, el poeta y bioquímico Andrés París, que realizó un análisis muy lírico y pormenarizado de mi poética.
Gracias a La Casa Encendida, a mis compañeros de mesa y a todos los que me demostrasteis vuestro apoyo asistiendo al acto.