Entrevista en Cadena SER

Ya iba siendo hora de regresar por estos lares (el trabajo me tiene absorbida), y lo hago para traeros el podcast de una entrevista que me hizo Mara Torres hace unas semanas para su programa El Faro, de Cadena SER.

Esta vez, lo que interesaba era mi faceta de especialista en la Generación del 27, a partir de un artículo que publiqué en esta web hace unos años al respecto de El público, de García Lorca: El público de García Lorca: la destrucción del teatro convencional”. Una obra que forma parte del llamado “teatro imposible” lorquiano, acerca del cual Mara Torres me hizo algunas interesantes preguntas.

Todo el programa, dedicado al público, es estupendo, pero podéis escuchar mi entrevista en torno al minuto 2:14:20. Os dejo aquí el enlace:

EL FARO, de Cadena SER. “El público” (7/2/19)

Celebramos en Madrid los 90 años de la Generación del 27

El próximo sábado 16 de diciembre se cumplirán 90 años de la celebración del homenaje a Góngora que constituyó el germen de formación de la magistral Generación del 27. Ese mismo día, Rafael Alberti hubiera cumplido 115 años.

Los Bardos hemos decidido celebrarlo poéticamente en la vinoteca Xelavid, donde los versos de los integrantes del 27 volverán a brillar mezclados con los nuestros. Además, contaremos con la presencia de José María G. de la Torre, director de Ediciones de la Torre, donde se está gestando una sorpresa muy barda para 2018.

¡Os esperamos! La entrada es gratuita y los poetas del 27 merecen un homenaje.

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Los 90 del 27 en el Ateneo de Madrid

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Célebre foto de la Generación del 27 en el tercer centenario de Góngora, en Sevilla, 1927. De izquierda a derecha: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, José María Platero, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego

Nunca ha brillado tanto la poesía en España como en aquellos años de esplendor en los que los poetas de la Generación del 27 enarbolaban sus versos por nuestros cafés, por nuestra Residencia de Estudiantes, por las noches insomnes en las casas de Aleixandre, de Neruda, de Carlos Morla Lynch. La Guerra Civil los separó, pero desde el exilio o desde una España torturada por la dictadura franquista —la España del hacha, que diría el prometeico León Felipe—, cada uno de ellos continuó escribiendo magníficas obras que contribuirían a forjar el esqueleto de la literatura en lengua española. Hubo una excepción, trágica y escalofriante: Federico García Lorca no pudo componer más versos, porque su voz y su vida le fueron arrebatadas en aquel fúnebre agosto de 1936.

No podría comprender hoy la poesía sin la existencia del deseo adolescente cernudiano, sin los mares azules de Alberti, sin el duende de Lorca o los callados enigmas aleixandrinos. La Generación del 27 constituyó un equilibrio perfecto entre la tradición y la vanguardia, y he ahí una de las claves de su esplendor. Y sin embargo, parte de los poetas y poetastros de mi generación se resisten a su influencia por considerarla una poesía caduca, y los clásicos españoles hoy son rechazados en buena parte de los ambientes poéticos juveniles. Apostar por la tradición actualmente es, casi, una forma de vanguardia. Por eso, cuando critican mi poesía por parecerse demasiado a la del 27, me siento halagada. A mucha poesía actual le falta la música; esa música que plasmó Verlaine en sus versos y que enarboló con orgullo Rubén Darío y que recogerían también poetas como Lorca o Alberti.

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Miguel Losada y Alejandro Sanz presentando el homenaje a los 90 años de la Generación del 27 en el Ateneo de Madrid

No debería ser necesario reivindicar la Generación del 27, porque ella brilla por sí misma. Sin embargo, tristemente, se impone hacerlo. Por eso me alegró tanto la última iniciativa de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, consistente en un homenaje por el nonagésimo aniversario de la Generación del 27. Alejandro Sanz y Miguel Losada, dos enamorados y grandes conocedores de estos poetas, representantes de la Sección de Literatura, organizaron un magnífico evento que, asombrosamente, no ha sido recogido por los medios de comunicación, quedando así demostrada la escasa importancia que en España se concede a nuestro patrimonio cultural.

Lo cierto es que fue una velada memorable. Quince poetas actuales, entre los cuales tuve el honor de contarme, recitamos versos de cada uno de los grandes vates del 27. Yo representé a mi adorado Rafael Alberti, cuya figura he reivindicado en mi tesis doctoral y que es la protagonista de un ensayo titulado La nostalgia inseparable de Rafael Alberti. Oscuridad y exilio íntimo en su obra, que publicaré este mes con Ediciones de la Torre y presentaré el 12 de junio en el Ateneo de Madrid.

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Los participantes del acto

Aquella noche, revivieron los poetas del 27. Resultó emocionante formar parte de este homenaje, deleitarme una vez más con sus obras y aprender de las palabras que les dedicaron los participantes del acto. Se produjo, además, una emotiva anécdota: la asistencia al evento de Alfred Jordan, un antiguo alumno de Luis Cernuda, del último curso en que este dio clases en Norteamérica. Recordaba el ahora veterano profesor el ensimismamiento de Cernuda y sus grandes conocimientos acerca de la literatura española.

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Marina Casado representando a Rafael Alberti

El amor por la poesía se traslucía en todas las voces y miradas, y compartirlo fue una maravillosa experiencia. Dijo Alberti que el canto del poeta “asciende a más profundo cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres”. También podríamos citar esa hermosa estrofa lorquiana de la “Oda a Salvador Dalí”: “Pero ante todo canto un común pensamiento / que nos une en las horas oscuras y doradas. / No es el Arte la luz que nos ciega los ojos. / Es primero el amor, la amistad o la esgrima”. La amistad. Generación de la amistad, la llamaron también poetas de la talla de Vicente Aleixandre. Anoche nos lo recordó Alejandro Sanz, presidente la Asociación de Amigos del autor de Sombra del paraíso. Y verdaderamente, aquellos grandes amigos y escritores parecían sonreírnos desde la insondable distancia del tiempo.

Dejo aquí la lista de los participantes del acto y de los poetas del 27 a los que representamos, por orden alfabético:

RAFAEL ALBERTI – Marina Casado
VICENTE ALEIXANDRE – Javier Lostalé
DÁMASO ALONSO  – José Cereijo
MANUEL ALTOLAGUIRRE – Ángel Rodríguez Abad
MAURICIO BACARISSE – Manuel Neila
JOSÉ BERGAMÍN – Jon Andión
LUIS CERNUDA – José Luis Gómez Toré
JUAN CHABÁS – David Felipe Arranz
GERARDO DIEGO – Jesús Urceloy
JUAN JOSÉ DOMENCHINA – Luis Luna
JORGE GUILLÉN – Francisco Caro
FEDERICO GARCÍA LORCA – Miguel Losada
JUAN LARREA – Juan Carlos Mestre
EMILIO PRADOS – Alejandro Sanz
PEDRO SALINAS – Rosana Acquaroni

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Y por último, todas las fotos de los participantes, cortesía de Alejandro Sanz:

Los Bardos: un año después

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De izquierda a derecha: Alberto Guirao, María Caballero, Andrés París, Fran Raposo, Marina Casado, Javier Lozano, Déborah Alcaide, Rebeca Garrido, María Agra-Fagúndez. En primera fila: Alberto Guerra. Fotografía de Bárbara Díez

El siglo XXI tiene a veces rasgaduras en su perfecto manto de indiferencia. Rincones diminutos en los que no ha pasado el tiempo, en los que podríamos regresar a los felices años veinte y creernos parte de una generación literaria. Qué diablos, ¡ya lo somos! Dejemos huella o no, lo somos. Es emocionante para mí poder recitar poesía y escuchar la de mis amigos delante de un café mientras el frío arremete contra los cristales suntuosamente decadentes del Pabellón del Espejo, en pleno Paseo de Recoletos.

Hace ahora un año del nacimiento de los Bardos, en aquel homenaje a la colección “El Bardo” de la editorial  Los Libros de la Frontera, que tuve el honor de presentar. Se celebró en la Casa del Lector de Madrid y recuerdo que, tras el acto, nos reunimos para recitar en una terraza cercana. Alberto Guerra, poeta canalla y fundador de Séxtasis Ediciones, fue quien me dio la idea: ¿por qué no crear un grupo en el que incluir a todos los que habíamos participado y alguno más? Un grupo que, en recuerdo del acto que lo originó, se llamaría “Los Bardos”.

Un año después, somos muchos más bardos de los de aquel tímido comienzo. A menudo, conseguir ponernos de acuerdo con las fechas para reunirnos se convierte en una lucha de titanes, porque, en el s. XXI, la vida humana se convierte en una suerte de caleidoscopio con numerosas ventanas y tareas y compromisos. Pero nadie nos puede negar la pasión, una vez que lo conseguimos.

El pasado domingo, chorreaba poesía de nuestros labios y de nuestras miradas. Como siempre, o tal vez como nunca. Un año después, allí estábamos. Algunos del comienzo; otros, incorporados a mitad de camino. Pero todos con la ilusión a flor de piel. Leí los versos de mi poemario inédito y escuché los de mis compañeros: la hondura frágil tamizada de oscuridad, plagada de emociones abrasadas, de Rebeca Garrido, las citas transparentes y sinceras de María Agra-Fagúndez, que se clavan como saetas en el corazón. La magia arcaica de Grecia traspasando las palabras de ceniza de Déborah Alcaide, las declaraciones audaces y entrañables de Alberto Guerra. Su tocayo, Alberto Guirao, resucitó un poema de su primer libro, aquel mítico Ascensores que me dedicó cuando aún estábamos los dos en la facultad, haciendo Periodismo. Ya tenía ese aire surrealista y desenfadado a un tiempo que lo caracteriza. Javier Lozano nos enseñó su simbolismo romántico de bosques incendiados y ojos imposibles. También estuvo Fran Raposo con su primer poemario, Grietas vitales, que posee la elegancia de los clásicos, de aquellos “poetas andaluces” que cantaba su paisano Rafael Alberti. Y nuestro benjamín y reciente incorporación, el genial Andrés París, que a sus 21 años es capaz de estremecer con sus versos oscuros y humeantes, reunidos en su segundo poemario, Entre el infinito y el cero, y en otro poemario inédito.

Nos acompañaron las periodistas María Caballero, irreverente e ingeniosa prosista, y Bárbara Díez, que tuvo a bien escribir una original crónica de nuestro encuentro. Y faltaron destacados bardos como Eric Sanabria, Andrea Toribio o Conchy Gutiérrez, entre otros, a quienes los compromisos no les permitieron acudir.

Gracias por una velada más a vuestro lado, celebrando la poesía, compañeros. No sabemos lo que nos deparará el futuro en nuestras carreras literarias, pero los recuerdos permanecen. Porque, como escribió Lorca en la “Oda a Salvador Dalí”:

No es el Arte la luz que nos ciega los ojos.
Es primero el amor, la amistad o la esgrima.

Se inicia la nueva temporada de la tertulia literaria “Exiles”

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Federico García Lorca

Anoche, después de varios años de silencio, volvió a reunirse en Madrid la tertulia literaria Exiles, coordinada por el escritor Leo Zelada. La reunión tuvo lugar en el Café Manuela, situado en el barrio de Malasaña, centro de la bohemia madrileña.

La nueva etapa de Exiles se inició con un tema candente, “Lorca, ¿mito o realidad?”, puesto que este año se ha cumplido el 80º aniversario del asesinato del excelso poeta granadino. Como bien apuntó Leo Zelada, últimamente se ha debatido mucho acerca de la ideología política de Lorca o del paradero de sus restos, y menos sobre su poesía. Precisamente en la poética lorquiana se centró la tertulia de Exiles, a la que asistimos veinte personas.

Tuve el honor de introducir el debate realizando una síntesis acerca de la evolución en la obra de Lorca, una obra centrada en la metáfora, que comenzó en el Neopopularismo y se vio reforzada por el Surrealismo en los albores de la década de los treinta. Del Romancero gitano, el estilo lorquiano evolucionó hacia el hermetismo surrealista de Poeta en Nueva York (escrito en 1931), apareciendo posteriormente otras obras en las que se funden las técnicas surrealistas con la anterior etapa andalucista, de las cuales se erige como la más lograda el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de 1935, considerada por críticos como Caballero Bonald la cumbre de su poesía.

Los tertulianos centraron su interés en diferenciar y valorar las dos obras más representativas de Lorca: el Romancero gitano y el Poeta en Nueva York. Los defensores del Romancero aludieron a que se trata de una obra mucho más compleja de lo que podría resultar en una primera lectura; una obra plagada de simbología y de imágenes vanguardistas que preceden a algunas de las que encontraremos en etapas posteriores. El Neopopularismo en el que se enmarca no debe considerarse como una muestra aislada, sino como una corriente predominante en la primera fase de la Generación del 27, que fue promovida por la Institución Libre de Enseñanza y adoptada por otros autores del 27, como Rafael Alberti o Emilio Prados en sus primeras etapas.

Los defensores del Poeta en Nueva York apuntaron la mayor riqueza de las imágenes contenidas en esta obra, alejadas del costumbrismo del Romancero y próximas a una universalidad propia de la Beat Generation. Sin duda, en la obra de 1931 surge el Lorca más desgarrado, el más doliente; surge todo el tormento oculto tras la pose de sociabilidad y alegría que mostraba Federico al gran público. El surrealismo lorquiano fue un cauce de expresión ante la crisis personal que dominaba al poeta, y esta situación ha de enmarcarse dentro de la tendencia surrealista española, puesto que otros poetas del 27 (Alberti, Cernuda, Prados, Aleixandre) también utilizaron el Surrealismo para dar voz a sus propias crisis.

Finalmente, se llegó a la conclusión general, más allá de gustos y subjetividades, de que ambas obras, Romancero gitano y Poeta en Nueva York, no son comparables, y que la primera fue necesaria, dentro de la trayectoria lorquiana, para alcanzar la segunda.

Otros temas tratados en la velada fueron las máscaras lorquianas, analizadas por Sandra Barrera en un magnífico artículo. También la faceta dramaturga de Lorca, que dio paso a una polémica sobre su mayor o menor universalización, y sobre la posibilidad de separarla de su faceta poética o de considerarlas a ambas como dos caras de una misma moneda.

En conclusión, todos los presentes pudimos disfrutar de una enriquecedora velada literaria en la que aprendimos, discutimos sobre poesía y conocimos a personas muy interesantes; gracias a la capacidad de organización y la maestría de Leo Zelada. La próxima tertulia Exiles se anuncia con otro tema muy atractivo: Roberto Bolaño.