Presentación de mis obras en La Casa Encendida

El pasado 23 de febrero tuve ocasión de presentar mis dos poemarios, Los despertares (Ediciones de la Torre, 2014) y Mi nombre de agua (Ediciones de la Torre, 2016) en el centro cultural La Casa Encendida de Madrid.

Fue una velada memorable en la que hablé de la conexión argumental entre ambas obras y leí algunos de los poemas que forman parte de ellas. En la mesa me acompañaron mi editor, José María de la Torre, que ofreció una visión desde su perspectiva de descubridor de mi poesía, y mi buen amigo, el poeta y bioquímico Andrés París, que realizó un análisis muy lírico y pormenarizado de mi poética.

Gracias a La Casa Encendida, a mis compañeros de mesa y a todos los que me demostrasteis vuestro apoyo asistiendo al acto.

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Reseña de Andrés París sobre “Los despertares” y “Mi nombre de agua”

Mi buen amigo y compañero de devenires literarios, Andrés París, ha tenido el detalle de escribir sus líricas impresiones acerca de mis dos poemarios, Los despertares y Mi nombre de agua. A sus 21 años, Andrés es autor de dos libros de poesía: Sonetos y velas vanguardistas (Círculo Rojo, 2011) y Entre el infinito y el cero (Poeta de Cabra, 2015), de los que pronto hablaré por aquí. Y sin más, os dejo con sus palabras acerca de mis obras:

Ser bioquímico pasa factura en los análisis, consciente soy, y algunos autores escriben en una continua y cambiante gran obra que ha de verse en perspectiva. Creo que es el caso, ocurre cuando la vida se hace indistinguible de los poemas y estos son hermosamente jóvenes. Dos poemarios, un hilo que evoluciona desde un joven azul monocromático de infancias y dibujos de Darío -tal vez tímido y preocupado en no resultar demasiado simple- hasta una sorprendente y atractiva policromía de lo cotidiano. La música se mantiene como una lluvia que espera al otro lado de la página en todos los versos. No asustan algunas rimas y al final no es necesario emplear los mismos símbolos, porque el miedo se ha dejado en el pasado. Hay esperanzas que contraen experiencia y mucho con lo que sentirse implicado.

¿Dónde está la princesa que se perdió una noche
en alguno de los palacios que componen
su ligero esqueleto de libélula?

De “Praga (para leer a ritmo de vals)”, de Los despertares.

Kerouac, Morrison, Alberti… son algunos de los personajes poéticos que encarnan lecturas y emociones personificadas anteriormente en la Bella y Alicia. El despertar despierta y se dirige a nosotros con voz varias eternidades levantadas. Hay una mirada nostálgica hacia su propio yo que recuerda al relato “El otro” de Borges. La poesía de la definición alcanza una cota excelente y brilla siempre por el verbo “ser” en tercera persona.

Era una flor azul la que me tendías. Demasiado azul para clavármela en el fondo de la garganta. La rechacé suavemente.

De “Azul”, de Mi nombre de agua.

Hay un aura de comunicación urbana, una coda, entre neones en la noche, tacones y luces en los bajos junto a Moriarty. Las imágenes son del siglo pasado y la fuente no cesa en una prosa poética subordinada, al principio solo simple y directa, que alterna valiente con las aceleraciones de la cursiva y los versos estrofa. Hay una huida hacia las ciudades de los poetas con “alguien más”, de ojos incoloros e ignotos, de presencia amable y fantasmal que nunca llega.

Te vas otra vez, despacio, como arrepintiéndote. La ciudad comienza a desvanecerse de nuevo en el gris de los aires, y una pregunta se queda flotando en la niebla.
¿Quién eres?.

De “Alguien más”, de Mi nombre de agua.

Hay plasticidad en cada neumático y guillotina, en los objetos imaginados y su contexto traído elegantemente a los mentados. Hay una transición prudente en cada esquina y ninguno se queda umbrío por muy elevado que ramifique el árbol de sucesiones. La boca se vuelve el centro de la tierra.

Bésame hasta que no te queden primaveras
en las encías.

De “Como si no te conociera”, de Mi nombre de agua.

Y como adelanto, hay valses que serán otra historia con acotaciones y movimientos en los bailarines del próximo poema.

Los Bardos: un año después

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De izquierda a derecha: Alberto Guirao, María Caballero, Andrés París, Fran Raposo, Marina Casado, Javier Lozano, Déborah Alcaide, Rebeca Garrido, María Agra-Fagúndez. En primera fila: Alberto Guerra. Fotografía de Bárbara Díez

El siglo XXI tiene a veces rasgaduras en su perfecto manto de indiferencia. Rincones diminutos en los que no ha pasado el tiempo, en los que podríamos regresar a los felices años veinte y creernos parte de una generación literaria. Qué diablos, ¡ya lo somos! Dejemos huella o no, lo somos. Es emocionante para mí poder recitar poesía y escuchar la de mis amigos delante de un café mientras el frío arremete contra los cristales suntuosamente decadentes del Pabellón del Espejo, en pleno Paseo de Recoletos.

Hace ahora un año del nacimiento de los Bardos, en aquel homenaje a la colección “El Bardo” de la editorial  Los Libros de la Frontera, que tuve el honor de presentar. Se celebró en la Casa del Lector de Madrid y recuerdo que, tras el acto, nos reunimos para recitar en una terraza cercana. Alberto Guerra, poeta canalla y fundador de Séxtasis Ediciones, fue quien me dio la idea: ¿por qué no crear un grupo en el que incluir a todos los que habíamos participado y alguno más? Un grupo que, en recuerdo del acto que lo originó, se llamaría “Los Bardos”.

Un año después, somos muchos más bardos de los de aquel tímido comienzo. A menudo, conseguir ponernos de acuerdo con las fechas para reunirnos se convierte en una lucha de titanes, porque, en el s. XXI, la vida humana se convierte en una suerte de caleidoscopio con numerosas ventanas y tareas y compromisos. Pero nadie nos puede negar la pasión, una vez que lo conseguimos.

El pasado domingo, chorreaba poesía de nuestros labios y de nuestras miradas. Como siempre, o tal vez como nunca. Un año después, allí estábamos. Algunos del comienzo; otros, incorporados a mitad de camino. Pero todos con la ilusión a flor de piel. Leí los versos de mi poemario inédito y escuché los de mis compañeros: la hondura frágil tamizada de oscuridad, plagada de emociones abrasadas, de Rebeca Garrido, las citas transparentes y sinceras de María Agra-Fagúndez, que se clavan como saetas en el corazón. La magia arcaica de Grecia traspasando las palabras de ceniza de Déborah Alcaide, las declaraciones audaces y entrañables de Alberto Guerra. Su tocayo, Alberto Guirao, resucitó un poema de su primer libro, aquel mítico Ascensores que me dedicó cuando aún estábamos los dos en la facultad, haciendo Periodismo. Ya tenía ese aire surrealista y desenfadado a un tiempo que lo caracteriza. Javier Lozano nos enseñó su simbolismo romántico de bosques incendiados y ojos imposibles. También estuvo Fran Raposo con su primer poemario, Grietas vitales, que posee la elegancia de los clásicos, de aquellos “poetas andaluces” que cantaba su paisano Rafael Alberti. Y nuestro benjamín y reciente incorporación, el genial Andrés París, que a sus 21 años es capaz de estremecer con sus versos oscuros y humeantes, reunidos en su segundo poemario, Entre el infinito y el cero, y en otro poemario inédito.

Nos acompañaron las periodistas María Caballero, irreverente e ingeniosa prosista, y Bárbara Díez, que tuvo a bien escribir una original crónica de nuestro encuentro. Y faltaron destacados bardos como Eric Sanabria, Andrea Toribio o Conchy Gutiérrez, entre otros, a quienes los compromisos no les permitieron acudir.

Gracias por una velada más a vuestro lado, celebrando la poesía, compañeros. No sabemos lo que nos deparará el futuro en nuestras carreras literarias, pero los recuerdos permanecen. Porque, como escribió Lorca en la “Oda a Salvador Dalí”:

No es el Arte la luz que nos ciega los ojos.
Es primero el amor, la amistad o la esgrima.

Entrevista para “Experiencias literarias”

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Esta noche, os recomiendo visitar la web Experiencias literarias, cuyo equipo realiza una magnífica labor por la difusión de la cultura, entrevistando a nuevos talentos.

Hoy me han entrevistado a mí. La entrevista ha corrido a cargo de Carlos Desán, un enamorado del arte, muy polifacético, que también dirige la página Ochenta’s, centrada en las décadas doradas del pop-rock.

Ha sido una entrevista completísima en la que hemos tocado muchos temas: desde mis dos poemarios, pasando por mi faceta rockera, hasta llegar a algo tan irreverente como… el marinismo.

Os dejo aquí el podcast de la entrevista.

Gracias a Carlos Desán y al equipo de Experiencias literarias.

Entrevista en Radio La Isla

radio la isla

Mi buen amigo y gran poeta Paco Ramos Torrejón, autor de El aprendizaje del miedo (Lápices de Luna, 2015), me entrevistó el pasado martes 23 de agosto en su espacio radiofónico La Duermevela de Radio La Isla. Hablamos de mi segundo poemario, Mi nombre de agua, y también del primero: Los despertares. La entrevista dio paso a un interesante debate acerca de las últimas tendencias poéticas, que consisten en la mezcla de géneros.

Aquí os dejo el enlace al podcast para que escuchéis la entrevista, a cargo de Paco y de su compañera Nazaret Medina.  ¡Fue para mí muy emocionante!