Luces

fondo-estrellas

Diciembre llega de puntillas, se detiene, contempla el horizonte con su sonrisa nevada. Vuelve, se queda para siempre, amenaza con marcharse. La presencia de las estrellas allá en el firmamento me confirma lo que sospechaba: que nada es de verdad en este diciembre que se difumina. Entonces, en ese mismo instante, comprendo que quiero escribir sobre una mentira. Una mentira con posos de fuego, con ojos de estrella: una mentira que, cuando la mire, no sepa si realmente existe o se extinguió hace millones de años y lo que de ella queda no es más que el recuerdo de su luz.

Hay mentiras de estrella y personas de mentira, y hay estrellas que nos recuerdan a algunas personas, a causa siempre de su luz. Hay luces mucho más fuertes que la verdad, que nos hacen sangrar como un cuchillo en llamas cuando se apagan y que, paradójicamente, necesitamos para no morir en vida. Las llamamos ilusiones.

(La Navidad, en Madrid, está cuajada de luces; algunas incluso son de verdad…)

Anuncios

Duncan Dhu regresa a Madrid

Ayer, 11 de noviembre de 2013, tuve ocasión de asistir al concierto que el grupo Duncan Dhu celebró en el Teatro Circo Price de Madrid, en su gira inaugural de regreso a los escenarios tras doce años separados. El dúo donostiarra, formado por Mikel Erentxun y Diego Vasallo, estrena este año nuevo disco, titulado El duelo, una auténtica demostración de talento poético y musical que supone la excepción a ese refrán tradicional que dice: “Segundas partes nunca fueron buenas”.

El grupo Duncan Dhu en el Teatro Circo Price de Madrid
El grupo Duncan Dhu en el Teatro Circo Price de Madrid

Música de Elvis y mucha expectación durante la espera que precedió la llegada del grupo. El Price estaba a rebosar, a pesar de tratarse del segundo concierto consecutivo de la banda en Madrid. Para el primero, que tuvo lugar el domingo día 10, se habían agotado las entradas prácticamente desde septiembre. Ante la justificación que muchos esgrimirán: “¡nostálgicos!”, yo insisto en que, con el panorama musical existente ahora mismo en España, unos grandes músicos y letristas como Erentxun y Vasallo son capaces de insuflar nuevas energías y demostrarnos que no nos hallamos, como a muchos se nos ocurre pensar de vez en cuando, en la decadencia cultural más absoluta. Y eso a la gente que posee un cierto gusto musical le agrada. El grueso del público estaba formado por treintañeros y cuarentañeros con muchas ganas de marcha, pero también los había mayores y más jóvenes. Duncan Dhu, desde luego, se pueden considerar “viejas glorias”, puesto que en su primer período de actividad -que fue de 1984 a 2001-, consiguieron un single del año con el tema “Cien gaviotas” en 1985 y lograron situarse a la cabeza de los grupos con más ventas en 1987, gracias a su álbum El grito del tiempo, que incluía su archiconocido “En algún lugar”:

.

Un sencillo cartel de luces rojas sobre fondo negro con el nombre de la banda dio paso a la llegada del dúo al escenario, firmemente jaleado por el público. Erentxun vestía una chaqueta muy al estilo rockabilly, que no tardó en quitarse, para mostrar una camiseta negra de manga corta y un chaleco del mismo color. Vasallo, mucho más sobrio, apostó por su habitual atuendo de camisa y chaleco oscuros, con corbata. El concierto comenzó con el single de su nuevo disco: “Cuando llegue el fin”.

.

Música de banjo y un alegre tono country como telón de fondo para un auténtico poema en forma de canción que hizo vibrar al Price. En él resulta reconocible la antigua chispa de la banda, más que en el resto de temas del nuevo álbum, que son mucho más melódicos y menos encendidos. Títulos como “No dejaría de quererte”, “El duelo”, “Los días buenos”, “Llora, guitarra” o “La última canción”; todos ellos caracterizados por un intenso lirismo que otorga a la banda una indiscutible madurez musical. No en vano Duncan Dhu, el nombre elegido por Mikel, allá en los ochenta, está muy relacionado con la literatura. Escribí al respecto un artículo, titulado “El regreso de Duncan Dhu”.

El grupo Duncan Dhu en el Teatro Circo Price de Madrid
El grupo Duncan Dhu en el Teatro Circo Price de Madrid

A lo largo del concierto, interpretaron las seis canciones que componen El duelo. Como Mikel no dejó de reconocer en todo momento, Diego Vasallo ha estado muy implicado en la composición de las letras de este nuevo álbum. Erentxun describió “La última canción” como “la mejor letra que Diego ha escrito nunca”, logrando un apasionado aplauso del público, que coreaba: “Diego, Diego…”. Lo cierto es que Vasallo se mantuvo en un humilde segundo plano durante el concierto, sonriendo tímidamente y dejando todo el palabreo a su compañero, con el que demostraba una complicidad que solo es capaz de lograrse con muchos años de experiencia juntos. Vasallo es más compositor que cantante, como demostró en los temas en los que actuó de solista, con una voz enronquecida que únicamente ganaba cuando se le añadía la luminosidad de la de Mikel en los estribillos. Justo es reconocer que, juntas, las dos voces creaban un efecto muy cuidado, ya que cada una se sitúa en un extremo.

Diego Vasallo en el teatro Circo Price de Madrid
Diego Vasallo en el Teatro Circo Price de Madrid

Mikel Erentxun se confirmó como el alma del grupo. Carismático, alegre, luminoso -una especie de polo opuesto a Diego Vasallo-, que sigue conservando la voz juvenil y melódica de la primera época y la capacidad para levantar pasiones entre el público. El momento en el que interpretó “La barra de este hotel” -una canción que definió como tributo a Elvis, el ídolo de juventud de Vasallo y suyo- fue especialmente emocionante, ya que se marcó un baile exuberante a la manera de “El Rey” -se podría decir que sólo le faltaba el traje blanco y el tupé- que sorprendió a la sala, sobre todo después de tener noticia de que, en los últimos meses, el cantante ha padecido problemas de corazón que le han mantenido un tiempo alejado de los escenarios.

Mikel Erentxun en el teatro Circo Price de Madrid
Mikel Erentxun en el Teatro Circo Price de Madrid
Mikel Erentxun en el Teatro Circo Price de Madrid
Mikel Erentxun en el Teatro Circo Price de Madrid

Además de los temas del nuevo álbum, la banda hizo un repaso por toda su discografía, que incluyó grandes clásicos como “A tientas”, “La casa azul”, “Palabras sin nombre”, “Rosa gris” o la conmovedora “No puedo evitar pensar en ti”. “En algún lugar” quedó como la última interpretación antes del largo bis, en el que incluyeron cuatro grandes éxitos que hicieron rugir al público: “Esos ojos negros”, “Cien gaviotas”, “Jardín de rosas” y un ultimísimo “Mundo de cristal”, después del cual el dúo, junto al resto de la banda, se despidió de la capital española, poniendo el broche a lo que Erentxun describió como “un fin de semana mágico” en Madrid.

Una noche memorable, sin duda, y la esperanzadora promesa de que no está todo perdido para el panorama musical español.

Duncan Dhu durante la grabación de el nuevo álbum, "El duelo"
Duncan Dhu durante la grabación de el nuevo álbum, “El duelo”

La fascinación daliniana

Hace más de una semana que pretendía escribir algo sobre la exposición Dalí. Todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas, que se ha mostrado en el Museo Reina Sofía de Madrid hasta el 2 de septiembre.

Cartel de la exposición sobre Salvador Dalí en el Reina Sofía
Cartel de la exposición sobre Salvador Dalí en el Reina Sofía

Personalmente, ya me consideraba una gran admiradora de este pintor, pero después de ver la exposición confieso que mi fascinación se ha visto incrementada… No solo por su obra –he tenido ocasión de conocer “en persona” muchos de los cuadros que estaba harta de ver en libros o en Internet-, sino sobre todo por la capacidad daliniana de llegar a todos los estratos sociales.

Gente que jamás había pisado un museo haciendo colas kilométricas en la Plaza del Reina Sofía, dispuestas a pagar ocho euros por conseguir una entrada.

Gente que estuvo a punto de pegarse por defender su puesto en la cola –esto es consecuencia de que el Reina Sofía se encuentre al lado de El Brillante y a la señora Fulanita se le antoje un bocadillo de calamares y deje a la señora Menganita cuidando su puesto, y luego llegue el chavalito de turno quejándose porque eso es tener mucha caradura, y lo que no quiere decir es que, en el fondo, mataría por otro bocadillo de calamares…

Colas en los últimos días de la exposición de Dalí del Reina Sofía
Colas en los últimos días de la exposición de Dalí del Reina Sofía

Y yo pregunto: ¿desde cuándo todo esto por… arte?

Seamos optimistas. No pensemos que se trata de simple postureo, sino de verdadera adoración del personal por Salvador Dalí y su mundo. ¿Dónde se ha visto eso, más allá de mitos como el Guernica o La Gioconda? Dalí ha conseguido que varias decenas de madrileños conozcan, al fin, el museo de arte contemporáneo de su ciudad. Y si no, ojo a algunas conversaciones sorprendidas en la larga espera para la compra de entradas:

Señora 1- Si no conseguimos entradas para Dalí, podemos ver los fondos permanentes del museo, que nunca los he visto…

Señora 2- Uy, no te los recomiendo; son un rollo. Ya sabes: pasillos blancos y largos llenos de cuadros.

Brillante aportación, señora: podríamos encontrar lógico que en un museo de arte pictórico hubiese cuadros… Aunque usted no los frecuente demasiado.

Pero insisto: busquemos el lado positivo. Dalí ya, por lo pronto, ha conseguido que el número de visitas al Reina Sofía se cuadruplique en los meses que ha durado la exposición. Y tal vez algunos de esos visitantes aficionados daliadvenedizos ha descubierto que esos “pasillos blancos con cuadros” tienen un puntito más interesante de lo que podían pensar. Y a lo mejor, solo a lo mejor, se sienten interesados por conocer alguna obra más de la época de Dalí, y así, poco a poco, nace un visitante de museo.

"Dalí Atomicus", Phiippe Halsman, 1948
“Dalí Atomicus”, Philippe Halsman, 1948

La ironía es que yo, que sí soy daliniana convencida, casi me quedo sin ver la exposición por esperar a los últimos días, pensando ingenuamente que las colas kilométricas se reducirían una vez pasada la fiebre de las primeras semanas. Tras dos intentonas fallidas, a la tercera conseguí una entrada, que en ese momento me pareció tan valiosa como uno de los cinco Billetes Dorados que aparecían en las chocolatinas de Willy Wonka

La exposición estaba muy bien montada, para qué negarlo. Aunque es cierto que las obras más impresionantes eran de la colección permanente del Reina Sofía, salvando alguna excepción, como el archiconocido lienzo “La persistencia de la memoria”, traído del MoMA. Tengo que decir que no me lo esperaba tan pequeñito…

"La persistencia de la memoria" o "Los relojes, Salvador Dalí
“La persistencia de la memoria” o “Los relojes”, Salvador Dalí

Y si en la cola de fuera había una variada fauna de personajes… lo de dentro resultaba fascinante. Escenas tan chocantes y dignas de estudio como ver a una pareja de chonis admirando una copia del “Angelus” de Millet firmada por Dalí. Porque “Tía, está mazo de guapo”. Una vigilante que tenía que ir parando a la gente a la entrada de algunas salas para que no nos aplastáramos entre todos y pudiéramos contemplar las obras lo más decentemente posible. Una señora –la famosa del bocadillo de calamares- que me trató de convencer de que las monumentales faltas de ortografía que se veían en las cartas escritas por Dalí eran debido a que el artista estaba acostumbrado a escribir en catalán y claro, al escribir en castellano… se hacía un lío. Sí, señora, espero que no vaya por ahí diciendo muy alto que los catalanes no saben escribir. Para decir eso, mejor no diga nada. Además, si Dalí escribía con faltas era por su torpeza en ese ámbito –catalán o no catalán-, un poco por torpeza y otro poco por aprovechar esa torpeza y darle la vuelta a su conveniencia, para que todos vieran lo provocador que resultaba escribir “Ola”, sin “h”, como saludo.

"Putrefacto" dibujado por Dalí, dirigido a Pepín Bello, con la dedicatoria "¡Ola Pepin"
“Putrefacto” dibujado por Dalí, dirigido a Pepín Bello, con la dedicatoria “¡Ola Pepin”

Es curioso lo que todos sabemos de Dalí, aunque no sepamos nada. De repente, cualquiera podría impartir un máster sobre el pintor. Como aquel otro hombrecillo que iba acercándose a cada grupito de personas y contándoles supuestas anécdotas dalinianas para que comprobáramos lo experto que era, como  decir que Dalí iba afirmando que si pintaba cuadros pequeños era para que no costaran luego tanto dinero. Personaje, este del campechano experto, muy mítico, un clásico de toda exposición que se precie. ¿Cómo identificarlos? Suele tratarse de un padre de familia, generalmente con gafas –para darle ese toquecillo pseudointelectual-, acompañado casi en el 90 % de las ocasiones por el hijo o la hija. Simpático y dicharachero, con pinta de ejecutivo agresivo, aficionado al arte en sus ratos libres –por desgracia, los chascarrillos los suelen extraer de Google.

El campechano experto no dudará en acercarse a ti si te escucha comentar una obra, para corregirte o para ampliar la información, siempre con una gran sonrisa que te hará pensar: “qué simpático, el señor”. Y todo esto, de forma altruista y desinteresada. Qué majo, qué salao. Eso sí: no le des coba porque entonces ya no podrás quitártelo de encima. Es como abrir la caja de Pandora.

Salvador Dalí
Salvador Dalí

Ay, Salvador Dalí de voz aceitunada… Con lo elitista que eras tú, si vieras ahora a toda esta gente paseando por tu colección como si se tratara del Parque de Atracciones… ¿Te escandalizarías? O, tal vez… ¿te harías el escandalizado? Quizá, Dalí, nos engañaste a todos, y dentro de esa supuesta exclusividad tuya encerrabas un deseo enorme de llegar a toda la masa, a toda la sociedad. Pues bien: lo conseguiste. Y yo me inclino… Eras un genio, y no solo de la pintura. Qué útil te fue esa faceta de loco, ¿verdad…?

En Madrid, tenemos a Rosendo

Un original artículo de la revista Rolling Stone dibuja un mapa musical de España:

"Mapa musical ibérico" según la Rolling Stones
“Mapa musical ibérico” según la Rolling Stone

Aunque en algunas regiones no coincido con lo que la Rolling Stone considera “lo más representativo” -pobres sevillanos, con Tote King a la cabeza; y en Barcelona no se menciona a Loquillo, ¡un crimen!-; lo que resulta indiscutible es que Zaragoza es el reinado de Enrique Bunbury, y tampoco me parece mal situar a Siniestro Total como la banda “oficial” de Vigo -no hay que negarle el mérito, aunque no sea santo de mi devoción. ¿Curiosidades? Los Flechazos, en León. Muy grandes, con aquel temazo tan happy y ochentero de “Viviendo en la era pop”, que serviría para acompañar algún cuadro de Lichtenstein…

.

Y en Madrid, tenemos a Rosendo.

El cantante Rosendo Mercado
El cantante Rosendo Mercado

Rosendo Mercado, nacido en 1954 en Madrid, en “Este Madrid”, donde ni las ratas pueden vivir. Ya sabemos que cuando dijo aquello de que “Este Madrid es una mierda” no iba en serio, porque en toda su vida no se ha movido de Carabanchel Bajo, el barrio donde se crió. Y es que Rosendo es madrileño y carabanchelero de pro, tanto que los vecinos del barrio reivindican que se levante una escultura suya. Como carabanchelera originaria -sí, viví en su barrio hasta los seis años y medio- me uno a la propuesta…

Rosendo alcanzó la popularidad a partir de 1977, cuando formó la banda Leño junto con Ramiro Penas, el batería, y Chiqui Mariscal, bajista -que después del primer disco sería sustituido por Tony Urbano. Quedaban tres años para la llegada de la Movida madrileña, donde Rosendo gritaría aquello de: “No pienses que estoy muy triste si no me ves sonreír; es, simplemente, despiste… ¡Maneras de vivir!

Tiempos en los que el porteño Moris hacía tronar España con su “Sábado a la noche” y el rock urbano nacional daba sus primeros -pero poderosos- pasos.

Te busco y estás ausente;

te quiero, y no es para ti.

A lo mejor no es decente…

¡Maneras de vivir!

Voy aprendiendo el oficio:

olvidando el porvenir.

Me quejo sólo de vicio…

¡Maneras de vivir!

A lo mejor no era decente, pero precisamente en ese punto residía el magnetismo insuperable de Leño, el que lo hizo sobrevivir en medio de la Movida, donde el rock duro no estaba a la orden del día. Pero Leño tenía algo especial: un cierto regusto de barrio, de pelo largo y letras canallas que resultaban poéticas dentro de su indecencia. Un Rosendo “loco por incordiar” y por pegar fuerte, duro, con su guitarra. “Voy de aspirante a debutante y no doy más… Llegará mi oportunidad”.

Y llegó su oportunidad, vaya que si llegó. Y permanecería viva después de que Leño se disolviera en 1983 y él siguiera su carrera en solitario -con sencillos tan originales como “Masculino, singular”, de 2002-, continuando hoy en activo, a sus 59 años. Y es que los viejos rockeros nunca son viejos del todo…

Rosendo es la base del rock nacional de las últimas décadas: desde Platero y tú hasta Pereza, pasando por Barricada o Extremoduro. Rosendo es el rock urbano; es Carabanchel Bajo y es el Madrid de finales de los setenta -y también, por qué no, el de ahora.

Y hace poco, se anunciaba que los tres miembros de Leño volverían a unirse, de forma temporal, con motivo de la publicación de una biografía escrita por los periodistas Kike Babas y Kike Turrón, titulada Maneras de vivir: Leño y el origen del rock urbano.

No podemos ignorar la euforia que todavía nos invade cuando escuchamos clásicos de Leño… La rebeldía no pasa de moda. Definitivamente, es un orgullo afirmar que, en Madrid, tenemos a Rosendo.

El cantante Rosendo Mercado
El cantante Rosendo Mercado

Se cierra el telón

La Gran Vía de Madrid en los años veinte
La Gran Vía de Madrid en los años veinte

Madrid maravilloso. Yo me siento pletóricamente mundano […] Cines –Callao, Palacio de la Música, Avenida, a veces cines distantes como Goya o Royalty-, salones de té, bares –Bakanik o Sakuska- me ven a menudo.

Luis Cernuda, “Carta a Higinio Capote”, Madrid, 23 de octubre de 1928.

Pobre Luis Cernuda, si atravesara ahora, con sus trajes de importación inglesa y sus camisas exquisitas, las calles de este Madrid de comienzos de siglo, buscando reencontrarse con los galanes de la época –sus admirados John Gilbert, George O’Brien, Douglas Fairbanks. De sus cines favoritos, no queda más que el Callao. Junto al Palacio de la Prensa y al Capitol, forma parte del trío de cines supervivientes, de los trece que existían en la Gran Vía madrileña.

El que fuera el Cine Avenida es, desde 2009, un gigantesco H&M de varias plantas, que pretende resultar glamuroso, y se queda en el terreno de lo kitsch –si me pudiera leer, Cernuda añadiría que, además, la calidad de la ropa de ese sitio deja mucho que desear… Han respetado la arquitectura del antiguo cine, pero duele en el alma pasearse por él y no ver más que estanterías de ropa. Es como si H&M, y todas sus empresas secuaces, se estuvieran riendo a grandes carcajadas de aquel Madrid de finales de los años veinte. Como si el antiguo esplendor se banalizara y ridiculizara.

El antiguo cine Avenida, de Gran Vía, reconvertido actualmente en un H&M
El antiguo cine Avenida, de Gran Vía, reconvertido actualmente en un H&M

¿Y qué decir del Palacio de la Música? Construido en 1926, en la recién nacida Gran Vía madrileña, se convirtió en uno de los edificios emblemáticos del centro de la ciudad, y lo continuó siendo durante décadas, hasta que en 2008 echó el cierre definitivo porque no se sostenía el negocio. El Ayuntamiento de Madrid prometió entonces conservarlo como auditorio cultural, reconvirtiéndolo en teatro. Sin embargo, parece que en los últimos tiempos han cambiado de opinión, y se anuncia que va a ser transformado en… ¡centro comercial! ¡Qué sorpresa! Y ahí va otro como el Avenida. Existen páginas, como Salvemosloscines.blogspot.com, que se encargan de recoger firmas para salvar el Palacio de la Música.

El Palacio de la Música, en Gran Vía, 1926
El Palacio de la Música, en Gran Vía, 1926

De los cines de barrio, ni hablamos. Estos días atrás, llegaba la noticia del cierre de las míticas salas de la calle Fuencarral, referencia cinéfila obligada. Tantas veces he ido a esos cines con mis padres…

http://www.cadenaser.com/espana/articulo/desaparecen-cines-calle-fuencarral/csrcsrpor/20130503csrcsrnac_22/Tes

El pasado domingo 19 de mayo tuve ocasión –gracias al interés del poeta Antonino Nieto por mi poesía-, de participar en un acto organizado por el PSOE de Chamberí en la puerta de la sala Roxy, donde se puede leer un cartel que reza: CERRADO POR REFORMAS. Bonito eufemismo. En el acto, al que acudió el Coro de Actores y distintas personalidades del mundo de la cultura, se reivindicó una actuación municipal para proteger las salas de cine tradicionales frente a los multicines ubicados en centros comerciales. Realmente, si existieran leyes que defendieran de alguna forma estos edificios, evitaríamos perder una parte importante de la historia de Madrid.

Acto en defensa de los cines de Fuencarral, 19 de mayo de 2013. Leyendo mi poema "Technicolor"
Acto en defensa de los cines de Fuencarral, 19 de mayo de 2013. Leyendo mi poema “Technicolor”
El poeta Antonino Nieto, organizador del acto en defensa de los cines de Fuencarral
El poeta Antonino Nieto, organizador del acto en defensa de los cines de Fuencarral
Coro de Actores interviniendo en el acto en defensa de los cines de Fuencarral
Coro de Actores interviniendo en el acto en defensa de los cines de Fuencarral
El actor español Roberto Álvarez interviniendo en el acto en defensa de los cines de Fuencarral
El actor español Roberto Álvarez interviniendo en el acto en defensa de los cines de Fuencarral

Porque sí: Madrid está perdiendo su personalidad. Y la poca sensibilidad del Ayuntamiento para con la cultura madrileña no es ningún secreto: no hay más que pasar por Metropolitano y ver la ruinosa casa donde antaño vivió el Premio Nobel Vicente Aleixandre, y por donde pasó gran parte de la intelectualidad española de varias décadas.

No hay dinero, dicen. ¿Pero sí lo hay para iniciar obras inútiles y faraónicas como el célebre Madrid Río de Gallardón, y dejarnos endeudados de aquí a los próximos veinte años? Es todo muy descarado. Y no es que yo sea una romántica, que lo soy, por hacerme tanta ilusión entrar en el Palacio de la Prensa y que me guíe el acomodador, o contemplar cómo se abre la cortinilla, dejando ver la pantalla de cine. No soy yo la única romántica; todavía quedamos algunos amantes del patrimonio cultural de nuestra ciudad. Y debemos luchar para que esa parte de Madrid no muera.