Pólvora y leyenda: The Rolling Stones regresan a Madrid

Hay momentos legendarios en la historia del rock and roll y puedo afirmar, con mucho orgullo, que ayer viví uno de ellos. The Rolling Stones, la banda de rock más longeva de todos los tiempos, visitaba de nuevo Madrid. Se trata de la gira europea por su quincuagésimo aniversario: Rolling Stones 14 On Fire.

La primera vez que vinieron fue en plena movida madrileña, allá por julio de 1982. El evento tuvo lugar en el Vicente Calderón, el estadio del Atlético de Madrid, y el grupo invitado era la J. Geils Band. Por entonces, España acababa, prácticamente, de salir de una dictadura, y el rock comenzaba a despertar a la juventud. De aquel mítico concierto, los rockeros más veteranos recuerdan la poderosa tormenta –con rayos y relámpagos incluidos- que no impidió, sin embargo, que Sus Satánicas Majestades dieran lo mejor de sí mismos, quedándose para siempre en la memoria de los españoles.

Mick Jagger y Ronnie Wood durante el concierto en Madrid de 1982
Mick Jagger y Ronnie Wood durante el concierto en Madrid de 1982

En esta ocasión, paradójicamente, el lugar elegido para el evento fue el estadio Santiago Bernabeu, el del Real Madrid, los eternos rivales de los rojiblancos. En la línea 10 de metro, los seguidores de los Stones nos reconocíamos por las camisetas con el célebre logo de la lengua. Miradas cómplices y una emoción a flor de piel que parecía presentir el acontecimiento musical más inmenso en muchos años acaecido en España. Al llegar junto al estadio, me encontré con zonas cortadas al tráfico, vendedores ambulantes de refrescos, cafeterías que comercializaban bocadillos a precio de caviar y gente, mucha gente con camisetas de los Rolling, con pañuelos y cintas en la cabeza, haciendo colas estratosféricas para coger un buen sitio en cuanto abrieran las puertas. Distintas cadenas de radio y televisión deambulaban por nuestros alrededores, haciendo entrevistas por doquier. Había personas que llevaban acampando desde el día anterior. Durante la espera, el tema de conversación que recuerdo más frecuente es en torno al pésimo criterio de la organización del concierto para elegir a Leiva, antiguo integrante del dúo madrileño Pereza, como telonero.

En cuanto abrieron las puertas, con algo de retraso,  una marabunta abordó el estadio. Mi entrada, por supuesto, era para pista –como tanta gente, prefiero la emoción de la cercanía al escenario y una mayor libertad de movimientos a la comodidad proporcionada por las gradas-. El Santiago Bernabeu, inmenso, nos recibió ataviado con sus mejores galas.

El escenario del Bernabeu, momentos antes de producirse la llegada de los Rolling Stones
El escenario del Bernabeu, momentos antes de producirse la llegada de los Rolling Stones
Frente al escenario del concierto
Frente al escenario del concierto

Logré entrar en la zona VIP, que es la más próxima al escenario. La gente comenzaba a agolparse ante la inminente llegada de Leiva, que tuvo que recurrir a más de un tema de Pereza para satisfacer mínimamente al personal. Nos dedicó una actuación gris y deslucida, de la que puede destacarse una versión del célebre tema de Los Rodríguez “Hace calor”, acompañado por el mismísimo Ariel Rot. Respecto a Leiva, el público veterano protestaba porque “ese niñato” no pintaba nada en un concierto de los Rolling y, entre los más jóvenes, se escuchaban propuestas de todo tipo, algunas de las más alocadas consistían en apedrear al cantante hasta que este se fuera a casa. Finalmente, su actuación transcurrió sin mayores contratiempos y la frustración de muchos asistentes quedó anestesiada por su interpretación del popular tema de Pereza “Lady Madrid”.

La elección de Leiva como telonero fue, desde luego, muy desacertada, y desató la polémica debido a unas declaraciones en 2012 del propio cantante que los fans de los Stone no podemos olvidar, en las que opinaba que Sus Satánicas Majestades deberían haber abandonado los escenarios hace mucho tiempo.

El cantante español Leiva
El cantante español Leiva

Recuerdo el leve olor a sudor en el ambiente, los vasos de plástico con cerveza fría que se agitaban en el aire, los empujones y las voces chillonas de unos argentinos que, a mi lado, agitaban la bandera de su país, mostrando su improcedente orgullo patrio. Entonces, el escenario quedó inflamado por uno de esos prodigios de la pirotecnia propios de los conciertos legendarios, y los Rolling Stones hicieron acto de presencia, interpretando el tema “Jumpin’ Jack Flash”. Fui testigo de cómo el mito se hizo de carne y hueso: aquella banda que comenzara su andadura en 1962 y que fue contemplada como el primer rival serio de The Beatles, aquella que sentó las bases del rock contemporáneo, se encontraba ahora a unas decenas de metros de donde yo estaba. El líder y vocalista, un hiperactivo Mick Jagger, corría de un lado al otro del escenario agitando su melena y moviendo las caderas, exaltando al público con su voz flexible y seductora. El próximo 26 de julio, Jagger cumplirá 71. Sobre él hay poco que añadir: se trata de una auténtica leyenda viva que parece haber hecho un pacto con el Diablo, con la misma cortesía de la que alardea en la letra del famoso tema “Sympathy For The Devil”, que se escuchó envuelto en llamaradas en el concierto del Bernabeu. Jagger, cubierto con unas pieles rojas y negras durante los minutos que duró esa canción, parecía desafiar al paso del tiempo y hasta a la muerte.

Mick Jagger durante el concierto
Mick Jagger durante el concierto

El público clamó también ante la carismática presencia del guitarrista Keith Richards, que interpretó dos temas como vocalista: “You Got The Silver” y “Can’t Be Seen”. Mientras que la apariencia de Jagger se veía aderezada por los milagros de la cirugía estética, en el ajado rostro de Richards se apreciaban todos los estragos propios de su edad, que ya asciende a 70 años. Su cabello, oscuro hace unos pocos años, se hallaba completamente blanco, lo cual no le impedía lucir en él su habitual cinta elástica. El contraste entre su aspecto de entrañable abuelito y la energía que rezumaba de su figura, combinada con la atrevida vestimenta, resultaba, por tanto, aún más sorprendente que en el resto.

A la batería, el flemático Charlie Watts, impoluto en su tarea. Watts es el mayor de la banda: recientemente, ha cumplido los 73. Él, al contrario que Jagger y Richards, no fue uno de los miembros fundadores de The Rolling Stones, pero se incorporó sólo un año después de la formación del grupo, en 1963, sustituyendo a los bateristas Tony Chapman y Carlo Little.  El segundo guitarrista, Ronnie Wood, con un sorprendente aire juvenil a sus 67 años, tampoco estuvo presente en los comienzos de la banda: formó parte de otras, como la famosa The Birds. Su llegada a los Rolling Stones no se produjo hasta 1975, sustituyendo a Mick Taylor, quien hizo acto de presencia en el concierto de anoche, luciendo su depurado estilo en el tema “Midnight Rambler” y convirtiéndose en la aclamada sorpresa de esta nuevavisita a Madrid de los Stones.

Entre aquellas leyendas de carne y hueso, no pude evitar pensar en el ausente Brian Jones, primer líder de la banda, fallecido en extrañas circunstancias en 1969, trágico “miembro fundador” del funesto “Club de los 27”. Su muerte se produjo poco después de abandonar voluntariamente a los Rolling, debido a diferencias insalvables que fueron surgiendo entre ellos.

Keith Richards durante el concierto. De fondo, Charlie Watts a la batería
Keith Richards durante el concierto. De fondo, Charlie Watts a la batería
Ronnie Wood y Keith Richards durante el concierto
Ronnie Wood y Keith Richards durante el concierto
Brian Jones, primer líder de The Rolling Stones, fallecido en 1969
Brian Jones, primer líder de The Rolling Stones, fallecido en 1969

Entre los temas más afamados, sonaron “Brown Sugar” y “Start Me Up”. La réplica comenzó con el Coro de la JOMCAM interpretando “You Can’t Always Get What You Want”, al que seguiría un enérgico Mick Jagger, y finalizó con el popular –y sobrevalorado, en mi modesta opinión- “Satisfaction”. Faltaron grandes canciones, como “Wild Horses” –el tema que Jagger y Richards compusieron, inicialmente, para los Flying Burrito Brothers- y se echó de menos, muy especialmente, “Paint It Black”. A cambio, disfrutamos de “Like A Rolling Stone”, la popularísima versión del tema original de Bob Dylan que triunfó en la encuesta que se realizó en Madrid a propósito de qué tema prefería el público que tocaran –ofrecían otras jugosas opciones como “Get Off My Cloud”-. Y, en mi opinión, la interpretación más emotiva: “Angie”, que Sus Satánicas Majestades se reservan para sus visitas a España, país donde la canción tiene mejor acogida. Mientras pedía a Angie que no llorara, Jagger, ataviado con una chaqueta azul brillante, extendía los brazos como un gurú del rock en una suerte de abrazo al extasiado público, componiendo una imagen que nunca podré olvidar. Los Stones se marcharon envueltos en llamaradas de pirotecnia, tal como habían llegado, dejando en el aire emocionado un aroma a pólvora y leyenda.

En el viaje de vuelta, en el metro, la casualidad quiso que conociera a Julia, miembro del Coro de la JOMCA que había acompañado a los Rolling en la interpretación de “You Can’t Always Get That You Want”. Emocionada, me contó que sus compañeros y ella llevaban muchas horas en el Bernabeu, preparando la actuación junto a la banda. No les permitían llevar móviles ni cámaras, ni siquiera pedir autógrafos. Julia, que ya era fan de los Rolling antes de subir con ellos al escenario, contemplaba la experiencia como un momento único en su vida y relataba la asombrosa vitalidad de los viejos rockeros. Sin duda, algo que podrá contar a sus futuros nietos…

En síntesis, el de anoche en Madrid fue un concierto apoteósico, que satisfizo, sin duda alguna, a los 50.000 espectadores que tuvimos la suerte de experimentarlo en vivo. Los Rolling, lejos de resultar decadentes, nos dieron la mejor muestra de su música, demostrando por qué se han convertido en una leyenda, haciendo otra vez historia en esta nueva visita a la capital de España. Fue rock and roll en estado puro, que hablaba de épocas en las que uno todavía podía estar orgulloso de pertenecer a su generación musical, un auténtico contraste con el desierto cultural que ahora nos asola. Y a los que puedan acusarme de “nostálgica”, les responderé con la célebre consigna de los Stone: “It’s only rock’n roll, but I like it!!”.

The Rolling Stones en los sesenta
The Rolling Stones en los sesenta

“Los despertares” en la Feria del Libro de Madrid

Firmando "Los despertares" en la Feria del Libro de Madrid 2014
Firmando Los despertares en la Feria del Libro de Madrid 2014

Cada primavera, he pasado por la Feria del Libro de Madrid, instalada en el Parque del Retiro, preguntándome qué se sentiría al estar dentro de la caseta, firmando libros. Este año, con motivo de la publicación de mi primer poemario, Los despertares, al fin lo he podido averiguar. Los días 1 y 2 de junio estuve firmando ejemplares del libro en la caseta de Ediciones de la Torre, la número 228.

Lo cierto es que no me esperaba estar tan arropada. Fueron unas horas de reencuentros y emociones. Vinieron amigos y también otras personas a las que no veía desde hacía mucho y recordaba con cariño. Mejor que publicar un primer poemario es comprobar que hay tanta gente que me aprecia y que confía en mi obra, y que me apoya…

Gracias a mi editor, José María de la Torre, y a Lucía, que trabaja con tanta ilusión. Gracias a Iván, Almudena, Jelen, Gemma, David, Alexia, Juli, Luis, Paula, Sandra, Eric, Marta, Julia, Rob, Eva, Alberto, Alba, Fátima, Carlos, Irene, María, Lidia, Fer y Guille. Y a todos los que compraron un ejemplar sin conocerme, dando un voto de fe a una poeta principiante como yo. Y a aquellos que quisieran haber estado y finalmente no pudieron, pero no dejan de apoyarme desde el principio y de creer en mi poesía.

Firmando "Los despertares" en la Feria del Libro de Madrid 2014. Con el escritor Carlos Mora
Firmando Los despertares en la Feria del Libro de Madrid 2014. Con el escritor Carlos Mora
Firmando "Los despertares" en la Feria del Libro de Madrid 2014
Firmando Los despertares en la Feria del Libro de Madrid 2014
Firmando "Los despertares" en la Feria del Libro de Madrid 2014
Firmando Los despertares en la Feria del Libro de Madrid 2014
Firmando "Los despertares" en la Feria del Libro de Madrid 2014
Firmando Los despertares en la Feria del Libro de Madrid 2014
Firmando "Los despertares" en la Feria del Libro de Madrid 2014
Firmando Los despertares en la Feria del Libro de Madrid 2014
Firmando "Los despertares" en la Feria del Libro de Madrid 2014
Firmando Los despertares en la Feria del Libro de Madrid 2014
Firmando "Los despertares" en la Feria del Libro de Madrid 2014
Firmando Los despertares en la Feria del Libro de Madrid 2014

Para los que deseen hacerse con un ejemplar de Los despertares, podéis encontrarlo en la Feria del Libro hasta el 15 de junio, en la caseta de Ediciones de la Torre, número 228. También podéis comprarlo por Internet pinchando aquí.

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Aprovecho para anunciar que el día 17 de junio, a las 20:30 horas, tendrá lugar la presentación oficial de Los despertares en el pabellón de cristal del Café del Espejo de Madrid (Paseo de Recoletos, nº 31), con entrada gratuita. Leeremos poemas, hablaremos de literatura y tendremos ocasión de vernos y tomar algo todos juntos… en un ambiente de lo más modernista y finisecular. ¡Animaos! 

Memoria de otro 14 de abril

Madrid, Puerta del Sol. 14 de abril de 1931
Madrid, Puerta del Sol. 14 de abril de 1931

No he conocido a Luis Cernuda en su primerísima juventud. Alguna vez me lo he imaginado, en su tierra sevillana, paseando por aquellas calles estrechas, justo como el mismo aire de su libro inicial. Luis tenía veintiséis años cuando le vi por primera vez: en otro sitio lo he contado. Mas en alguna ocasión, en Sevilla, he pensado que me gustaría pasear con él y sorprenderle acorde con su ciudad. En Madrid, Luis Cernuda era sevillano. Lo decía su acento, quizá esa implícita sabiduría con que, joven, pasaba junto a las cosas, sin adhesión exterior, pero con aprecio que era conocimiento, creciente ante lo natural, levemente desdeñoso, ignorador, ante el múltiple artificio o la convención.

Recuerdo haberle visto gustoso en un movimiento humano exaltado: masa madrileña, la ciudad hervidora en un trance decisivo para el destino nacional. Era un día de abril y las gentes corrían, con banderas alegres, por improvisadas. Enormes letreros frescos, cándidos, con toda la seducción de lo vivo espontáneo, ondeaban en el aire de Madrid. Mujeres, jóvenes, hombres maduros, muchachos, niños. En los coches abiertos iban las risas. Cruzaban camiones llevando racimos de gentes, mejor habría que decir de alegría, gritos, exclamaciones. Pocas veces he visto a la ciudad tan hermana, tan unificada: la ciudad era una voz, una circulación y, afluyendo toda la sangre, un corazón mismo palpitador. Por aquella calle de Fuencarral, estrecha como una arteria, bajaba el curso caliente, e íbamos Luis y yo rumbo a la Puerta del Sol, de donde partía la sístole y diástole de aquel día multiplicador. Luis, con su traje bien hecho, su sombrero, su corbata precisa, todo aquel cuidado sobre el que no había que engañarse, y rodeándonos, la ciudad exclamada, la ciudad agolpada y abierta, exhalada, prorrumpida habría que decir, como un brote de sangre que no agota ni se agora, pero que se irguiese. La alegría de la ciudad es más que la de cada uno de los cuerpos que la levantan, y parece alzarse sobre la vida de todos, con todos, prometiéndoles, y cumpliéndoles, más duración. Así, cuando unas gargantas enronquecían, otras frescas surgían, y era un techo, mejor un cielo de griterío, de júbilo popular en que la ciudad cobraba conciencia de su existencia, en verdad de su mismo poder. Ella se sentía voz e hito, como un además que se desplegase en la historia.

Luis marchaba sin impaciencia. Todo había sido repentino. El encrespamiento de la ciudad, en la alegría resolutoria, la marcha o el hervor común, el regocijo sin daño, la punta de sol dando sobre las frentes: todo, una esperanza descorredora y, en el fondo, el ámbito nacional. Pero Madrid es chiquito y cada hombre un Madrid como un pecho con su porción de corazón compartido. Luis y yo habíamos marchado como un día cualquiera, porque aún no se esperaba del todo aquello, ignorado de cada cual. Recuerdo aquel movimiento súbito por aquella calle, como por tantas calles que no se veían.

¿De qué hablaba Luis Cernuda? En aquel instante, quién sabe; quizá de un tema literario. Cada uno de los transeúntes se hizo de pronto espuma del curso atropellador: curso mismo o su parte y él su coronante expresión. Luis y yo, flotadores, remejidos, urgidos, batidos y batidores, aguas hondas y salpicadas crestas, todo a instantes y todo en la comunión. Bajaba el río por la calle de Fuencarral y desembocaba en la Red de San Luis. Por la Gran Vía descendía otra masa humana, no apretada propiamente, sino suelta y fresca, con sus banderas y sus cantos, sus chistes públicos, sus risas primeras, una multitud niña, lavada, con lienzos blancos levantados a los rayos del sol. y en medio los grandes camiones como pesados elefantes que llevasen gentes iguales, reidoras, bailadoras, saludadoras con los ojos, con las manos, con las miradas salutíferas que eran propiamente una invitación a vivir.  Porque era vida, vida del todo la ciudad, con los ojos puestos en su mismo esperanzado crecimiento natural.

Luis Cernuda y yo, inmersos, no disueltos, bajábamos casi a oleadas, arriba, abajo, tan pronto claros, tan pronto hondos, sostenidos o sostenedores, hacia la desembocadura o hacia la reunión, si la había, de las aguas, final. Un instante, en atención a él, al ser pasados en el movimiento de las aguas de la calzada a la acera, le dije: “¿Quieres que nos vayamos por esta bocacalle ahora, al pasar? Se puede”. “No”, oí su respuesta. “No”, dijo sonriendo; “no”, asintiendo, casi diría extendiendo sus brazos en el movimiento natural.  Un momento le miré como nadador. Pero en seguida pensé; no, agua mejor, curso mejor. Y le vi a gusto. Sonrió y se dejó llevar.

Vicente Aleixandre, Los encuentros

Luis Cernuda y Vicente Aleixandre
Luis Cernuda y Vicente Aleixandre

Luces

fondo-estrellas

Diciembre llega de puntillas, se detiene, contempla el horizonte con su sonrisa nevada. Vuelve, se queda para siempre, amenaza con marcharse. La presencia de las estrellas allá en el firmamento me confirma lo que sospechaba: que nada es de verdad en este diciembre que se difumina. Entonces, en ese mismo instante, comprendo que quiero escribir sobre una mentira. Una mentira con posos de fuego, con ojos de estrella: una mentira que, cuando la mire, no sepa si realmente existe o se extinguió hace millones de años y lo que de ella queda no es más que el recuerdo de su luz.

Hay mentiras de estrella y personas de mentira, y hay estrellas que nos recuerdan a algunas personas, a causa siempre de su luz. Hay luces mucho más fuertes que la verdad, que nos hacen sangrar como un cuchillo en llamas cuando se apagan y que, paradójicamente, necesitamos para no morir en vida. Las llamamos ilusiones.

(La Navidad, en Madrid, está cuajada de luces; algunas incluso son de verdad…)

Duncan Dhu regresa a Madrid

Ayer, 11 de noviembre de 2013, tuve ocasión de asistir al concierto que el grupo Duncan Dhu celebró en el Teatro Circo Price de Madrid, en su gira inaugural de regreso a los escenarios tras doce años separados. El dúo donostiarra, formado por Mikel Erentxun y Diego Vasallo, estrena este año nuevo disco, titulado El duelo, una auténtica demostración de talento poético y musical que supone la excepción a ese refrán tradicional que dice: “Segundas partes nunca fueron buenas”.

El grupo Duncan Dhu en el Teatro Circo Price de Madrid
El grupo Duncan Dhu en el Teatro Circo Price de Madrid

Música de Elvis y mucha expectación durante la espera que precedió la llegada del grupo. El Price estaba a rebosar, a pesar de tratarse del segundo concierto consecutivo de la banda en Madrid. Para el primero, que tuvo lugar el domingo día 10, se habían agotado las entradas prácticamente desde septiembre. Ante la justificación que muchos esgrimirán: “¡nostálgicos!”, yo insisto en que, con el panorama musical existente ahora mismo en España, unos grandes músicos y letristas como Erentxun y Vasallo son capaces de insuflar nuevas energías y demostrarnos que no nos hallamos, como a muchos se nos ocurre pensar de vez en cuando, en la decadencia cultural más absoluta. Y eso a la gente que posee un cierto gusto musical le agrada. El grueso del público estaba formado por treintañeros y cuarentañeros con muchas ganas de marcha, pero también los había mayores y más jóvenes. Duncan Dhu, desde luego, se pueden considerar “viejas glorias”, puesto que en su primer período de actividad -que fue de 1984 a 2001-, consiguieron un single del año con el tema “Cien gaviotas” en 1985 y lograron situarse a la cabeza de los grupos con más ventas en 1987, gracias a su álbum El grito del tiempo, que incluía su archiconocido “En algún lugar”:

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Un sencillo cartel de luces rojas sobre fondo negro con el nombre de la banda dio paso a la llegada del dúo al escenario, firmemente jaleado por el público. Erentxun vestía una chaqueta muy al estilo rockabilly, que no tardó en quitarse, para mostrar una camiseta negra de manga corta y un chaleco del mismo color. Vasallo, mucho más sobrio, apostó por su habitual atuendo de camisa y chaleco oscuros, con corbata. El concierto comenzó con el single de su nuevo disco: “Cuando llegue el fin”.

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Música de banjo y un alegre tono country como telón de fondo para un auténtico poema en forma de canción que hizo vibrar al Price. En él resulta reconocible la antigua chispa de la banda, más que en el resto de temas del nuevo álbum, que son mucho más melódicos y menos encendidos. Títulos como “No dejaría de quererte”, “El duelo”, “Los días buenos”, “Llora, guitarra” o “La última canción”; todos ellos caracterizados por un intenso lirismo que otorga a la banda una indiscutible madurez musical. No en vano Duncan Dhu, el nombre elegido por Mikel, allá en los ochenta, está muy relacionado con la literatura. Escribí al respecto un artículo, titulado “El regreso de Duncan Dhu”.

El grupo Duncan Dhu en el Teatro Circo Price de Madrid
El grupo Duncan Dhu en el Teatro Circo Price de Madrid

A lo largo del concierto, interpretaron las seis canciones que componen El duelo. Como Mikel no dejó de reconocer en todo momento, Diego Vasallo ha estado muy implicado en la composición de las letras de este nuevo álbum. Erentxun describió “La última canción” como “la mejor letra que Diego ha escrito nunca”, logrando un apasionado aplauso del público, que coreaba: “Diego, Diego…”. Lo cierto es que Vasallo se mantuvo en un humilde segundo plano durante el concierto, sonriendo tímidamente y dejando todo el palabreo a su compañero, con el que demostraba una complicidad que solo es capaz de lograrse con muchos años de experiencia juntos. Vasallo es más compositor que cantante, como demostró en los temas en los que actuó de solista, con una voz enronquecida que únicamente ganaba cuando se le añadía la luminosidad de la de Mikel en los estribillos. Justo es reconocer que, juntas, las dos voces creaban un efecto muy cuidado, ya que cada una se sitúa en un extremo.

Diego Vasallo en el teatro Circo Price de Madrid
Diego Vasallo en el Teatro Circo Price de Madrid

Mikel Erentxun se confirmó como el alma del grupo. Carismático, alegre, luminoso -una especie de polo opuesto a Diego Vasallo-, que sigue conservando la voz juvenil y melódica de la primera época y la capacidad para levantar pasiones entre el público. El momento en el que interpretó “La barra de este hotel” -una canción que definió como tributo a Elvis, el ídolo de juventud de Vasallo y suyo- fue especialmente emocionante, ya que se marcó un baile exuberante a la manera de “El Rey” -se podría decir que sólo le faltaba el traje blanco y el tupé- que sorprendió a la sala, sobre todo después de tener noticia de que, en los últimos meses, el cantante ha padecido problemas de corazón que le han mantenido un tiempo alejado de los escenarios.

Mikel Erentxun en el teatro Circo Price de Madrid
Mikel Erentxun en el Teatro Circo Price de Madrid
Mikel Erentxun en el Teatro Circo Price de Madrid
Mikel Erentxun en el Teatro Circo Price de Madrid

Además de los temas del nuevo álbum, la banda hizo un repaso por toda su discografía, que incluyó grandes clásicos como “A tientas”, “La casa azul”, “Palabras sin nombre”, “Rosa gris” o la conmovedora “No puedo evitar pensar en ti”. “En algún lugar” quedó como la última interpretación antes del largo bis, en el que incluyeron cuatro grandes éxitos que hicieron rugir al público: “Esos ojos negros”, “Cien gaviotas”, “Jardín de rosas” y un ultimísimo “Mundo de cristal”, después del cual el dúo, junto al resto de la banda, se despidió de la capital española, poniendo el broche a lo que Erentxun describió como “un fin de semana mágico” en Madrid.

Una noche memorable, sin duda, y la esperanzadora promesa de que no está todo perdido para el panorama musical español.

Duncan Dhu durante la grabación de el nuevo álbum, "El duelo"
Duncan Dhu durante la grabación de el nuevo álbum, “El duelo”