Pólvora y leyenda: The Rolling Stones regresan a Madrid

Hay momentos legendarios en la historia del rock and roll y puedo afirmar, con mucho orgullo, que ayer viví uno de ellos. The Rolling Stones, la banda de rock más longeva de todos los tiempos, visitaba de nuevo Madrid. Se trata de la gira europea por su quincuagésimo aniversario: Rolling Stones 14 On Fire.

La primera vez que vinieron fue en plena movida madrileña, allá por julio de 1982. El evento tuvo lugar en el Vicente Calderón, el estadio del Atlético de Madrid, y el grupo invitado era la J. Geils Band. Por entonces, España acababa, prácticamente, de salir de una dictadura, y el rock comenzaba a despertar a la juventud. De aquel mítico concierto, los rockeros más veteranos recuerdan la poderosa tormenta –con rayos y relámpagos incluidos- que no impidió, sin embargo, que Sus Satánicas Majestades dieran lo mejor de sí mismos, quedándose para siempre en la memoria de los españoles.

Mick Jagger y Ronnie Wood durante el concierto en Madrid de 1982
Mick Jagger y Ronnie Wood durante el concierto en Madrid de 1982

En esta ocasión, paradójicamente, el lugar elegido para el evento fue el estadio Santiago Bernabeu, el del Real Madrid, los eternos rivales de los rojiblancos. En la línea 10 de metro, los seguidores de los Stones nos reconocíamos por las camisetas con el célebre logo de la lengua. Miradas cómplices y una emoción a flor de piel que parecía presentir el acontecimiento musical más inmenso en muchos años acaecido en España. Al llegar junto al estadio, me encontré con zonas cortadas al tráfico, vendedores ambulantes de refrescos, cafeterías que comercializaban bocadillos a precio de caviar y gente, mucha gente con camisetas de los Rolling, con pañuelos y cintas en la cabeza, haciendo colas estratosféricas para coger un buen sitio en cuanto abrieran las puertas. Distintas cadenas de radio y televisión deambulaban por nuestros alrededores, haciendo entrevistas por doquier. Había personas que llevaban acampando desde el día anterior. Durante la espera, el tema de conversación que recuerdo más frecuente es en torno al pésimo criterio de la organización del concierto para elegir a Leiva, antiguo integrante del dúo madrileño Pereza, como telonero.

En cuanto abrieron las puertas, con algo de retraso,  una marabunta abordó el estadio. Mi entrada, por supuesto, era para pista –como tanta gente, prefiero la emoción de la cercanía al escenario y una mayor libertad de movimientos a la comodidad proporcionada por las gradas-. El Santiago Bernabeu, inmenso, nos recibió ataviado con sus mejores galas.

El escenario del Bernabeu, momentos antes de producirse la llegada de los Rolling Stones
El escenario del Bernabeu, momentos antes de producirse la llegada de los Rolling Stones
Frente al escenario del concierto
Frente al escenario del concierto

Logré entrar en la zona VIP, que es la más próxima al escenario. La gente comenzaba a agolparse ante la inminente llegada de Leiva, que tuvo que recurrir a más de un tema de Pereza para satisfacer mínimamente al personal. Nos dedicó una actuación gris y deslucida, de la que puede destacarse una versión del célebre tema de Los Rodríguez “Hace calor”, acompañado por el mismísimo Ariel Rot. Respecto a Leiva, el público veterano protestaba porque “ese niñato” no pintaba nada en un concierto de los Rolling y, entre los más jóvenes, se escuchaban propuestas de todo tipo, algunas de las más alocadas consistían en apedrear al cantante hasta que este se fuera a casa. Finalmente, su actuación transcurrió sin mayores contratiempos y la frustración de muchos asistentes quedó anestesiada por su interpretación del popular tema de Pereza “Lady Madrid”.

La elección de Leiva como telonero fue, desde luego, muy desacertada, y desató la polémica debido a unas declaraciones en 2012 del propio cantante que los fans de los Stone no podemos olvidar, en las que opinaba que Sus Satánicas Majestades deberían haber abandonado los escenarios hace mucho tiempo.

El cantante español Leiva
El cantante español Leiva

Recuerdo el leve olor a sudor en el ambiente, los vasos de plástico con cerveza fría que se agitaban en el aire, los empujones y las voces chillonas de unos argentinos que, a mi lado, agitaban la bandera de su país, mostrando su improcedente orgullo patrio. Entonces, el escenario quedó inflamado por uno de esos prodigios de la pirotecnia propios de los conciertos legendarios, y los Rolling Stones hicieron acto de presencia, interpretando el tema “Jumpin’ Jack Flash”. Fui testigo de cómo el mito se hizo de carne y hueso: aquella banda que comenzara su andadura en 1962 y que fue contemplada como el primer rival serio de The Beatles, aquella que sentó las bases del rock contemporáneo, se encontraba ahora a unas decenas de metros de donde yo estaba. El líder y vocalista, un hiperactivo Mick Jagger, corría de un lado al otro del escenario agitando su melena y moviendo las caderas, exaltando al público con su voz flexible y seductora. El próximo 26 de julio, Jagger cumplirá 71. Sobre él hay poco que añadir: se trata de una auténtica leyenda viva que parece haber hecho un pacto con el Diablo, con la misma cortesía de la que alardea en la letra del famoso tema “Sympathy For The Devil”, que se escuchó envuelto en llamaradas en el concierto del Bernabeu. Jagger, cubierto con unas pieles rojas y negras durante los minutos que duró esa canción, parecía desafiar al paso del tiempo y hasta a la muerte.

Mick Jagger durante el concierto
Mick Jagger durante el concierto

El público clamó también ante la carismática presencia del guitarrista Keith Richards, que interpretó dos temas como vocalista: “You Got The Silver” y “Can’t Be Seen”. Mientras que la apariencia de Jagger se veía aderezada por los milagros de la cirugía estética, en el ajado rostro de Richards se apreciaban todos los estragos propios de su edad, que ya asciende a 70 años. Su cabello, oscuro hace unos pocos años, se hallaba completamente blanco, lo cual no le impedía lucir en él su habitual cinta elástica. El contraste entre su aspecto de entrañable abuelito y la energía que rezumaba de su figura, combinada con la atrevida vestimenta, resultaba, por tanto, aún más sorprendente que en el resto.

A la batería, el flemático Charlie Watts, impoluto en su tarea. Watts es el mayor de la banda: recientemente, ha cumplido los 73. Él, al contrario que Jagger y Richards, no fue uno de los miembros fundadores de The Rolling Stones, pero se incorporó sólo un año después de la formación del grupo, en 1963, sustituyendo a los bateristas Tony Chapman y Carlo Little.  El segundo guitarrista, Ronnie Wood, con un sorprendente aire juvenil a sus 67 años, tampoco estuvo presente en los comienzos de la banda: formó parte de otras, como la famosa The Birds. Su llegada a los Rolling Stones no se produjo hasta 1975, sustituyendo a Mick Taylor, quien hizo acto de presencia en el concierto de anoche, luciendo su depurado estilo en el tema “Midnight Rambler” y convirtiéndose en la aclamada sorpresa de esta nuevavisita a Madrid de los Stones.

Entre aquellas leyendas de carne y hueso, no pude evitar pensar en el ausente Brian Jones, primer líder de la banda, fallecido en extrañas circunstancias en 1969, trágico “miembro fundador” del funesto “Club de los 27”. Su muerte se produjo poco después de abandonar voluntariamente a los Rolling, debido a diferencias insalvables que fueron surgiendo entre ellos.

Keith Richards durante el concierto. De fondo, Charlie Watts a la batería
Keith Richards durante el concierto. De fondo, Charlie Watts a la batería
Ronnie Wood y Keith Richards durante el concierto
Ronnie Wood y Keith Richards durante el concierto
Brian Jones, primer líder de The Rolling Stones, fallecido en 1969
Brian Jones, primer líder de The Rolling Stones, fallecido en 1969

Entre los temas más afamados, sonaron “Brown Sugar” y “Start Me Up”. La réplica comenzó con el Coro de la JOMCAM interpretando “You Can’t Always Get What You Want”, al que seguiría un enérgico Mick Jagger, y finalizó con el popular –y sobrevalorado, en mi modesta opinión- “Satisfaction”. Faltaron grandes canciones, como “Wild Horses” –el tema que Jagger y Richards compusieron, inicialmente, para los Flying Burrito Brothers- y se echó de menos, muy especialmente, “Paint It Black”. A cambio, disfrutamos de “Like A Rolling Stone”, la popularísima versión del tema original de Bob Dylan que triunfó en la encuesta que se realizó en Madrid a propósito de qué tema prefería el público que tocaran –ofrecían otras jugosas opciones como “Get Off My Cloud”-. Y, en mi opinión, la interpretación más emotiva: “Angie”, que Sus Satánicas Majestades se reservan para sus visitas a España, país donde la canción tiene mejor acogida. Mientras pedía a Angie que no llorara, Jagger, ataviado con una chaqueta azul brillante, extendía los brazos como un gurú del rock en una suerte de abrazo al extasiado público, componiendo una imagen que nunca podré olvidar. Los Stones se marcharon envueltos en llamaradas de pirotecnia, tal como habían llegado, dejando en el aire emocionado un aroma a pólvora y leyenda.

En el viaje de vuelta, en el metro, la casualidad quiso que conociera a Julia, miembro del Coro de la JOMCA que había acompañado a los Rolling en la interpretación de “You Can’t Always Get That You Want”. Emocionada, me contó que sus compañeros y ella llevaban muchas horas en el Bernabeu, preparando la actuación junto a la banda. No les permitían llevar móviles ni cámaras, ni siquiera pedir autógrafos. Julia, que ya era fan de los Rolling antes de subir con ellos al escenario, contemplaba la experiencia como un momento único en su vida y relataba la asombrosa vitalidad de los viejos rockeros. Sin duda, algo que podrá contar a sus futuros nietos…

En síntesis, el de anoche en Madrid fue un concierto apoteósico, que satisfizo, sin duda alguna, a los 50.000 espectadores que tuvimos la suerte de experimentarlo en vivo. Los Rolling, lejos de resultar decadentes, nos dieron la mejor muestra de su música, demostrando por qué se han convertido en una leyenda, haciendo otra vez historia en esta nueva visita a la capital de España. Fue rock and roll en estado puro, que hablaba de épocas en las que uno todavía podía estar orgulloso de pertenecer a su generación musical, un auténtico contraste con el desierto cultural que ahora nos asola. Y a los que puedan acusarme de “nostálgica”, les responderé con la célebre consigna de los Stone: “It’s only rock’n roll, but I like it!!”.

The Rolling Stones en los sesenta
The Rolling Stones en los sesenta

Gram Parsons y The Flying Burrito Brothers

Se cumplen 40 años del fallecimiento en 1973 de Gram Parsons, famoso por haber liderado la banda de country rock The Flying Burrito Brothers.

El cantante estadounidense Gram Parsons
El cantante estadounidense Gram Parsons

Hoy el nombre de The Flying Burrito Brothers puede resultar cómico para cualquiera que no sea un aficionado al rock clásico, pero en 1969 era la sensación explosiva del momento. Los Flying participaban en conciertos junto a grupos míticos como The Doors u otros de surgimiento reciente y que aún no habían formado su propia leyenda, como Led Zeppelin. Con su llegada desterraron a exitosos grupos de country rock de los sesenta: Buffalo Springfield o The Byrds. De este último, precisamente, surgía Gram Parsons, que fue miembro fugazmente durante el año 1968. The Byrds habían alcanzado el éxito versionando temas de Bob Dylan, como «Mr. Tambourine Man» o la famosa «Turn! Turn! Turn!» de Pete Seeger -ambos del año 1965-.

En 1968, coincidiendo con la llegada de un jovencísimo Gram Parsons a la banda -que sustituía a David Crosby-, The Byrds abandonaron sus postulados folk y psicodélicos para abrazar un country rock más puro, más tradicional. Gram Parsons grabó un disco junto a ellos:  Sweetheart Of The Rodeo.

The Byrds en 1968. Gram Parsons es el segundo por la izquierda
The Byrds en 1968. De izquierda a derecha: Kevin Kelley, Gram Parsons, Roger McGuinn y Chris Hillman

Tras la grabación de Sweetheart Of The Rodeo, un conflicto interno en el grupo hizo que Gram Parsons se apartara de él, seguido por otro miembro: Chris Hillman. Junto al guitarrista Pete Kleinow -«Sneaky»- y al bajista Chris Ethridge, fundaron The Flying Burrito Brothers, debutando en 1969 con su primer disco: The Gilded Palace Of Sin.

Mientras tanto Roger McGuinn, líder de The Byrds, pagó su resentimiento con Parsons -por haberse marchado del grupo- regrabando Sweetheart Of The Rodeo, eliminando en la regrabación la mayoría de aportaciones vocales del joven, que interpretaba la voz principal en varios temas de la versión original. McGuinn era de la opinión de que la marcha de Parsons se debía, en realidad, a su necesidad de acercarse a Mick Jagger y Keith Richards, miembros de The Rolling Stones con los que había trabado amistad, sobre todo por su común afición a las drogas y al alcohol, adquirida por Parsons en la segunda mitad de los sesenta.

Sea o no verídico, lo cierto es que ambos Rolling escribieron para Parsons el tema «Wild Horses«, que los Flying Burrito Brothers incluyeron en su segundo disco, lanzado en 1970: Burrito Deluxe.

Gram Parsons junto a Keith Richards, de los Rolling Stones
Gram Parsons junto a su amigo Keith Richards, de los Rolling Stones

The Flying Burrito Brothers supuso una revolucionaria vuelta al country rock más tradicional en un momento histórico en el que triunfaban la psicodelia y los primeros ritmos electrizados. En la casa del Valle de San Fernando que utilizaban como estudio, apodada «Burrito Manor», Gram Parsons componía letras que hablaban sobre drogas, mujeres y cuestiones sociales, que calaron rápidamente entre la juventud norteamericana. El primer disco, The Gilded Palece Of Sin (El Palacio Dorado del Pecado), fue todo un éxito, y dejó atrás a los reconstituidos Byrds. Los Flying, con sus llamativos trajes de country western, se habían abierto paso en el territorio vedado de las leyendas del rock. Inolvidables resultan algunas composiciones originales de Parsons y Hillman, como «Sin City«, «Juanita«, «Wheels» o «Hot Burrito #2«.

The Flying Burrito Brothers en 1969. Atrás: chris Ethridge y Gram Parsons. Al frente: Chris Hillman y Sneaky Pete Kleinow
The Flying Burrito Brothers en 1969. Atrás: Chris Ethridge y Gram Parsons. Al frente: Chris Hillman y Sneaky Pete Kleinow

Gram Parsons vivió muy deprisa e intensamente, como corresponde a toda legendaria estrella del rock. Perteneciente a una familia adinerada de Florida, los Connor -su verdadero nombre era Cecil Ingram Connor III-, tocaba varios instrumentos desde niño y era un gran aficionado a Elvis Presley. Cuando tenía 12 años, su padre se suicidó con un tiro en la cabeza. Siete años más tarde, su madre moriría alcohólica.

Gram, como la mayoría de rockeros de los sesenta, se fue internando cada vez más en las drogas; en su caso, se inclinó más hacia la heroína y la cocaína que hacia los alucinógenos, que comenzaban a pegar fuerte entre los hippies. Carismático, alegre y con madera de líder, se codeó con los Rolling Stones y actuó en Seattle Pop Festival celebrado en Washington en 1969, junto a Led Zeppelin, The Doors, Chuck Berry, The Byrds y otros grupos legendarios. En dicho festival, incluso llegó a compartir el asiento trasero de un Cadillac con Jim Morrison y, aunque en teoría los dos estaban demasiado ebrios para mantener una conversación coherente, lo cierto es que fue el manager de Parsons el que tuvo que sacar a Jim del coche unas horas después, cuando le tocaba actuar junto a su grupo.

En 26 años, Gram Parsons tuvo tiempo de ser miembro de varios grupos, iniciar los estudios universitarios de Teología, casarse e incluso comenzar una carrera musical en solitario, después de que el segundo disco de The Flying Burrito Brothers, Burrito Deluxe, no fuera bien acogido por el público. Sin embargo, sus tímidos inicios como cantante en solitario pasaron bastante desapercibidos en el momento, sobre todo porque Parsons estaba ya muy afectado por su drogadicción. El único disco que grabó, Grievous Angel, salió a la venta póstumamente en 1974.

A Gram Parson le faltaron unos meses para ingresar en el siniestro Club de los 27, como es llamado el grupo compuesto por Brian Jones, Jimi Hendrix, Janice Joplin y Jim Morrison, entre otros nombres, unidos por fallecer a los 27. Parsons tenía sólo 26 cuando fue encontrado muerto en un motel. La causa de la muerte fue una sobredosis de heroína, morfina y tequila.

Cuarenta años después de su muerte, los nombres de Gram Parsons y de los Flying Burrito Brothers no son tan conocidos como merecerían serlo, teniendo en cuenta el éxito que alcanzaron en su día. Tristemente, solo son recordados con cariño por los nostálgicos del country rock, y por algunos melómanos. Pero todo resurge, en un momento u otro, y yo aprovecho para resucitar el que posiblemente sea el tema más exitoso de la banda, además de mi favorito.

«Christine’s Tune», perteneciente al primer álbum de los Flying, cambió su nombre más adelante por el de «Devil in disguise» («Demonio encubierto»), debido a que Christine, la chica en la que se inspiraba la canción, falleció en un accidente de automóvil. Tras aquello, a los Flying no les pareció ético que su nombre figurara en el título, por esa costumbre de no hablar mal de los muertos -porque bien, precisamente, no hablaban de ella-. En el video que os dejo, podemos ver a Chris Hillman y Gram Parsons turnándose para cantar cada estrofa:

«Angie», The Rolling Stones

Angie, Angie, when will those clouds all disappear?
Angie, Angie, where will it lead us from here?
With no loving in our souls and no money in our coats
you can’t say we’re satisfied.
But Angie, Angie, you can’t say we never tried.
Angie, you’re beautiful, but ain’t it time we said good-bye?
Angie, I still love you, remember all those nights we cried?
All the dreams we held so close seemed to all go up in smoke…
Let me whisper in your ear:
Angie, Angie, where will it lead us from here?

Oh, Angie, don’t you weep, all your kisses still taste sweet.
I hate that sadness in your eyes.
But Angie, Angie, ain’t it time we said good-bye?
With no loving in our souls and no money in our coats
you can’t say we’re satisfied.
But Angie, I still love you, baby,
ev’rywhere I look I see your eyes.
There ain’t a woman that comes close to you.
Come on baby, dry your eyes.
But Angie, Angie, ain’t It good to be alive?
Angie, Angie, they can’t say we never tried…

Angie, Angie, ¿cuándo desaparecerán todas esas nubes? 
Angie, Angie, ¿hacia dónde nos conducirá esto? 
Sin amor en el alma ni dinero en el bolsillo 
no puedes considerarnos satisfechos. 
Pero, Angie, Angie, 
no puedes decir que no lo intentásemos. 

Angie, eres preciosa, pero, ¿no es hora ya de decirnos adiós? 
Angie, aún te sigo amando, ¿recuerdas todas aquellas noches que lloramos? 
Todos los sueños que abrazamos con fuerza 
parecen haberse esfumado. 
Déjame susurrarte al oído: 
«Angie, Angie ¿hacia dónde nos conducirá esto?» 

Oh, Angie, no llores; todos tus besos son aún dulces. 
Odio esa tristeza en tus ojos… 
Pero Angie, Angie… ¿no es ya el momento de decirnos adiós? 
Sin amor en el alma ni dinero en los bolsillos no puedes considerarnos satisfechos. 
Pero Angie… aún te amo, nena. 
Allá donde mire, veo tus ojos;
ninguna mujer puede compararse a ti. 
Venga, nena, sécate los ojos. Pero, Angie, Angie, 
¿no es maravilloso permanecer vivos? 
Angie, Angie, 
nadie podrá decir que no lo intentamos.

El Club de los 27: ¿casualidades o causalidades?

Ayer fue 3 de julio. El 3 de julio constituye una fecha maldita en la Historia del Rock. Un 3 de julio de 1969 comenzaría lo que se ha llegado a llamar “El Club de los 27”. La funesta esencia de dicho grupo podría resumirse con una cita famosa de Brian Jones:

“Sí, quiero ser famoso. Y no, no quiero cumplir treinta años.”

Brian Jones, líder de The Rolling Stones hasta 1969
Brian Jones, líder de The Rolling Stones hasta 1969

Brian Jones fue, precisamente, quien inauguró la maldición. Cofundador y líder de la banda The Rolling Stones, fue hallado muerto en su piscina, en Sussex, el 3 de julio de 1969. Tenía 27 años. La autopsia reveló que había podido sufrir un ataque de asma –pues era asmático- mientras nadaba, razón del ahogamiento. Sin embargo, no se aseguró. Por entonces, Jones había abandonado a los Rolling desde hacía algunos meses, por desavenencias con el resto de integrantes de la banda. Hay especulaciones que hablan de homicidio.

Un año más tarde, en 1970, nos encontramos con otros dos repentinos y extraños fallecimientos en el mundo del rock: Jimi Hendrix, el 18 de septiembre, y Janis Joplin, el 4 de octubre. Ambos tenían 27 años.

Jimi Hendrix con Janis Joplin y una tercera persona de espaldas
Jimi Hendrix con Janis Joplin y una tercera persona de espaldas

Tras las muertes de Hendrix y Joplin, Jim Morrison, vocalista de The Doors, ya había hecho gala de su humor negro comentando que “él sería el Número Tres” –cuando lo dijo no debió contar a Brian Jones. La maldición de los 27 se lo llevaría en julio de 1971, concretamente, el día 3. Se cumplían dos años exactos del fallecimiento de Jones. Jim no haría los 28 hasta diciembre. En su caso, se habla de infarto provocado por una sobredosis, pero nada resulta claro. No se hizo autopsia al cadáver, que fue visto por muy pocas personas; conseguridad solo se puede afirmar que su novia, Pamela Courson, además de un médico francés conocido de Pamela y Jean de Breteuil, amante de Pamela. Rápidamente, y antes de que terceras personas –incluidos sus padres- pudieran tener ocasión de despedirse de él, Jim Morrison fue enterrado en el cementerio parisino de Père-Lachaise.

Jim Morrison, líder de The Doors
Jim Morrison, líder de The Doors

El último gran rockero en dejarse llevar por la maldición de los 27 –sin contar a Amy Winehouse, cuya música no puede considerarse dentro de este género, por mucho que hayan tratado de incluirla en el “Club”- fue Kurt Cobain, líder de Nirvana. El 8 de abril de 1994, Cobain fue hallado muerto en su casa –la autopsia reveló que el fallecimiento se produjo tres días antes-, junto a una escopeta y una nota de suicidio dirigida a su mujer, Courtney Love, y a su hija Frances. Sin embargo, se ha especulado mucho sobre un posible asesinato de su mujer, aprovechando las tendencias suicidas de Kurt, y existen pruebas que apoyan esta hipótesis. A pesar de todo, la muerte de Cobain ocurrió 20 años después de la anterior y el cantante no conoció a Jones, Hendrix, Joplin o Morrison, por lo que lo dejaremos como un caso aislado en el tiempo, para abordarlo de forma independiente en otra ocasión.

Kurt Cobain, líder de Nirvana
Kurt Cobain, líder de Nirvana

Pero regresemos a antes de 1994, concretamente, al año 1974, para encontrarnos con una nueva e ignorada integrante “a medias” del “Club de los 27”. Digo “a medias” porque, aunque ella no era rockera ni pertenecía a ninguna banda, sí estaba muy vinculada a ese mundo por haber sido la eterna novia de Jim Morrison, y la única –junto al médico amigo suyo y a su amante- en ver su cadáver. Me estoy refiriendo a Pamela Courson, fallecida el 25 de abril de 1974, a los 27 años, supuestamente por una sobredosis de heroína, en una fiesta que estaba celebrando en su casa de Los Ángeles. Los testigos afirman que, antes de retirarse a su habitación, donde moriría, la joven dijo que “Jim llevaba demasiado tiempo esperándola”. No olvidemos, además, que antes de morir, Morrison declaró en su testamento a Pamela como su única heredera.

Jim Morrison y Pamela Courson
Jim Morrison y Pamela Courson

Existen ciertas vinculaciones entre las muertes de Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison. Os expongo algunas:

1) Jones había dejado a los Rolling poco antes de morir, debido a enemistades con el resto de la banda. Morrison también había abandonado a los Doors, retirándose a París junto a Pamela para explotar su faceta de poeta maldito –él siempre se consideró poeta, antes que cantante. También se habían producido discusiones en el seno de los Doors en la última época, principalmente por el carácter desequilibrado que a Jim le producía el excesivo consumo de alucinógenos, y su alcoholismo. Brian Jones también vivió permanentemente colocado sus últimos meses. Por su parte, Jimi Hendrix, también muy enganchado a las drogas, comunicó extraoficialmente, días antes de su muerte, que tenía pensado abandonar a su manager.

2) Cuando en 1969 Brian Jones les comunicó al resto de Rolling que abandonaba la banda, les habló de que tenía proyectos con Jimi Hendrix. Así lo relata su antiguo compañero, Keith Richards, en el libro According to the Rolling Stones.

Brian Jones y Jimi Hendrix
Brian Jones y Jimi Hendrix

3) A partir de los cuadernos de Jim Morrison, existe la posibilidad de que este se hubiera entrevistado con Brian Jones meses antes de la muerte del Rolling en 1969. Brian Jones era el ídolo reconocido de Jim Morrison. Ambos murieron un 3 de julio.

4) En 1968, un año antes de la muerte de JonesJim Morrison participó en la grabación de un disco de Jimi Hendrix titulado Bleeding Heart.

Portada de "Bleeding Heart" de Jimi Hendrix
Portada de «Bleeding Heart» de Jimi Hendrix

5) Jean de Breteuil, el traficante que suministró la dosis de heroína mortal a Janis Joplin, fue amante de Pamela Courson antes de que ella empezara a salir con Jim, y durante su noviazgo. Breteuil también le proporcionaba droga habitualmente a Pamela y a Jim. La noche en que Jim Morrison murió, fue la primera persona –sin contar al médico- en ser informada por Pamela. Breteuil se marchó rápidamente de París, y murió poco después.

6) Jim Morrison hizo testamento en febrero de 1969, pocos meses antes de la muerte de Brian Jones. En él, dejaba como única heredera a Pamela Courson y, sólo en caso de que ella falleciera, a su hermano Andrew Morrison.

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Las coincidencias aquí expuestas son solo una pequeña parte de las que existen. Unidas, podrían trazar una curiosa red que nos llevaría a plantearnos hasta qué punto el «Club de los 27» -el original, sin contar a Kurt Cobain- constituyó una serie de funestas casualidades. Sin duda, todo esto podría inspirar una interesante investigación…